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Panamá, sábado 17 de noviembre de 2007
 

CURIOSIDADES. La mujer siempre cuenta que le cocinó a Victoriano Lorenzo.

Clementina y sus tres siglos

Una centenaria mujer penonomeña llegó a los 116 años. Siempre recuerda los años de Victoriano Lorenzo.

Clementina no figura en ningún libro de récords, pero los registros oficiales indican que nació en 1891.

ESPECIAL PARA LA PRENSA/Rafael Quezada
EXPERIENCIAS. La constancia de nacimiento de Clementina Rodríguez se encontró en los archivos parroquiales. 942063
Rafael Quezada
rquezada@prensa.com

El nombre de la panameña Clementina Rodríguez nunca ha aparecido en el Libro de Guinness , aunque ella es, sin duda, una leyenda viviente.

De estrato humilde, siempre ha sido una mujer afanada que dedicó sus días a los oficios tradicionales de la mujer, y todavía hoy, a sus 116 años, respira el aire fresco de las montañas coclesanas desde su hogar, ubicado en el barrio La Candelaria de La Pintada, en la provincia de Coclé.

Clementina, con sus años, ha vivido en tres siglos diferentes. Solo el pasado 13 de noviembre alcanzó los 116, y asegura que su longevidad se la debe al estricto cuidado que dio a su salud al final de sus oficios hogareños, cuando disfrutaba de su juventud.

Recientemente, los cables internacionales dieron cuenta de que la estadounidense Edna Parker, de 114 años, es reconocida en el libro Guiness como la mujer más longeva del mundo, luego del fallecimiento en septiembre de 2007 de la japonesa Yone Minagawa, quien murió precisamente cuando tenía 114.

Pero Clementina ocuparía seguramente el lugar de Parker si hubiera alguien que la inscribiera en este libro de las cosas inauditas.

Mientras tanto, ella sigue en su casa de La Candelaria, enriqueciendo cada día la creencia arraigada de que la gente de antes tenía un mejor estilo de vida que la que imponen hoy los avances tecnológicos, y que por eso mismo alcanzan edades que para los jóvenes de hoy parecen imposibles.

Alegre –pese a que la mayor parte del tiempo permanece sentada en una silla de ruedas o acostada, cuando lo pide–, nunca ha perdido el apetito, aunque por la edad sigue una dieta de alimentos blandos para facilitar la digestión.

La rutina de Clementina

Cualquiera de sus días empieza muy temprano en la mañana, exactamente a las 6:00, cuando toma una taza de café caliente acompañada de trocitos de yuca sancochada condimentada con culantro. Su hijo Andrés y su tataranieta Maryori, de 12 años, la acompañan siempre para cuidarla. Un jugo de pera o de naranja complementan su desayuno.

De almuerzo, generalmente prefiere una sopa de pollo con arroz, puré y colados preparados.

Este tipo de comidas forma parte de los secretos de esta abuela, que nunca ha dejado de relatar los pasajes que son parte de su vida y que recuerda como si hubiesen ocurrido hace muy poco tiempo.

Está consciente, sin embargo, de su estado de salud, y no se niega a tomar los medicamentos que le han indicado para controlar la presión y para cuidar su corazón, así como las vitaminas que le procuran un mejor estado general.

Según el Registro Civil de Coclé, Clementina nació el 13 de noviembre de 1891. La fecha pudo precisarse gracias a registros parroquiales de la época. Nunca fue a la escuela, pero aprendió a leer un poco, y en su larga vida ha sido cocinera, partera, amante de los tamboritos y de los actos religiosos.

Los recuerdos de la guerra de Victoriano

Clementina guarda como un secreto muy suyo una relación que tuvo con el caudillo y líder de la Guerra de los Mil Días, Victoriano Lorenzo.

A través de su padre, Julián Rodríguez, quien era miembro de las filas de combate de liberales de Victoriano, se convirtió en una de las cocineras privadas del cholo idealista, en los campamentos de batalla que había por las cercanías del poblado de Bella Vista, en Penonomé.

Clementina cuenta que, en esos años ya remotos, le tocaba caminar largas distancias desde La Pintada hasta los campamentos, para llevar canastas con verduras y gallinas, pues el plato favorito del jefe era el sancocho de gallina.

Sin lugar a dudas que, detrás de esta centenaria mujer de piel de tela y memoria lúcida,

hay todo un caudal de historia patria que podrían hacer hasta innecesario leer los innumerables libros que trazan las hazañas guerreras de aquellos días, en los que liberales y conservadores se pelearon el futuro de la nación.

Victoriano Lorenzo fue fusilado al final de la guerra.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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