Pronto el presidente Torrijos tendrá la oportunidad de demostrarle al país si realmente tiene interés en adecentar la justicia panameña, pues le corresponde designar a dos nuevos magistrados de la Corte Suprema antes de fin de año. En sus manos está la posibilidad de mandar a la máxima magistratura a dos panameños probos, de intachable trayectoria profesional y moral, cuya independencia de los intereses políticos y económicos sea incuestionable.
La justicia ya no resiste más ataques de sus propios regentes, quienes por años no han hecho mayor esfuerzo por levantar el pesado velo de la impunidad que cubre al poder judicial.
El Presidente debe escuchar las exigencias de la sociedad y ponerse a la altura de la histórica decisión que tiene ante sí. De no acertar, Torrijos estaría infligiéndole al sistema una herida letal que terminaría de sumergir a este órgano del Estado en el fondo del abismo en que ya se encuentra. Y eso es muy peligroso para la democracia. |