| EFECTOS.
Las víctimas del paro médico
David A. Ocalagán B.
La huelga decretada por los funcionarios médicos de salud pública, agrupados en la Comisión Médica Negociadora Nacional (Comenenal) ha causado daños irreparables e incalculables, que se pueden catalogar como de "lesa humanidad", porque van en detrimento de los sectores más humildes de la población panameña que busca atención diaria en los centros de salud y en los hospitales estatales.
Los pacientes son las verdaderas víctimas de esta acción –concebida con saña y mezquindad– que ha ocasionado efectos nocivos e irreversibles, cuyos estragos lamentablemente algunos dirigentes médicos no calcularon.
El pueblo que busca atención médica no está preparado para ver a sus familiares padecer de innecesarios sufrimientos por la ausencia de una atención completa, humana y por la falta de diagnóstico y tratamiento eficaz.
Los días transcurridos del paro médico han sido devastadores. Las dramáticas escenas mostradas por los medios de comunicación social, no pueden ser más reveladoras. Habrá que cuantificar al final del paro una estadística que muestre, de forma transparente, al pueblo panameño los resultados de esta irresponsable acción y que además permita ver las consecuencias de la falta de una oportuna atención médica, sobre todo, en los pacientes más vulnerables: los que padecen enfermedades terminales crónicas, para quienes la falta de tratamiento oportuno puede significar la muerte. Esto sin añadir los daños y efectos emocionales, que nadie podrá cuantificar jamás.
Algunos llamados líderes gremiales confundidos han desnaturalizado la forma de alcanzar algunos objetivos, el fin no justifica los medios. No existe causa justa, cuando se afecta a víctimas inocentes, que lejos de poder influir en los resultados, se convierten en receptores de perjuicios a su salud, a su integridad física y a otras afectaciones colaterales provocadas por un equipo de médicos, con una desmedida ambición, cuyos actos serán castigados por la ira divina, de no reconsiderarlos.
Dios ilumine la conciencia y corazón de la dirigencia médica, agrupada en la Comisión Médica Negociadora Nacional (Comenenal), para que recuerden que nosotros los enfermos terminales, somos sus mejores pacientes, amigos y aliados, ya que convivimos diariamente las alegrías y tristezas. Juntos también saboreamos muchos triunfos, sobre todo, cuando nos ayudan a preservar lo más preciado: la salud y la vida digna.
El autor es paciente de insuficiencia renal crónica y cáncer
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