| AVANCES.
Concertación: ¿cómo terminó?
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Habiendo participado de una forma u otra en casi todos los procesos de diálogo y concertación de nuestro país, siento que puedo hacer un diagnóstico relativamente objetivo acerca de los resultados del proyecto de la Concertación Nacional que acaba de terminar, nuevamente con la facilitación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Para iniciar, debo indicar que –a pesar de que en las concertaciones anteriores estuvieron representadas todas las provincias y comarcas– en esta ocasión la Concertación se produjo en cada provincia y comarca, con la más amplia participación de cada comunidad. Dicho en otras palabras, la Concertación nació en el campo y caminó hacia la ciudad capital... o sea que ha sido mucho más autóctona, participativa y legítimamente nacional.
Segundo. Este proceso nació por iniciativa de la sociedad que durante el debate de la expansión del Canal exigió que se produjera un Plan Nacional de Desarrollo, consensuado y financiado con cuenta y presupuesto participativo producto de los excedentes del Canal. El Gobierno respondió a la exigencia razonada de la sociedad, y responsablemente convocó a la Concertación Nacional para el Desarrollo solicitando al PNUD la facilitación del proyecto con base en su exitosa trayectoria en esta materia (concertaciones exitosas logradas sobre leyes del Canal panameño, zonificación de las áreas revertidas, Visión 2020, educación y seguridad social).
Las reuniones, como tiene que ser cuando se reúne toda la sociedad, fueron desde aburridas hasta súper calientes. Algunos perdieron la fe y se retiraron… o no llegaron… pero los dos partidos políticos más grandes (de gobierno y oposición), el sector obrero (ausentes, por voluntad propia, los extremistas), el sector empresarial, la sociedad civil y profesional, las provincias y comarcas todas, se mantuvieron trabajando arduamente con deseo de entendimiento para favorecer a los excluidos de la sociedad como prioridad –y enarbolando la bandera nacional siempre por arriba de las banderitas de partido, de grupo, de gremios; privó el sentido de patria en el que todos cedemos un tanto en busca del bien común.
El resultado debe producir orgullo en todos los participantes.
Salió un plan amplio, de acciones de impacto social, con financiamientos comprometidos.
Salió un Fondo del Estado separado para el Plan Nacional de Desarrollo, con su presupuesto participativo (la sociedad participando en las decisiones) y con 10,735 millones de dólares para los proyectos (35% de los aportes del Canal).
Salió un plan concreto (Consejo de la Concertación Nacional) de seguimiento de todas las decisiones y proyectos, referente a todas las inversiones (no gastos) que se harán en todas las provincias y comarcas.
Salió un marco consensuado de un vital sistema nacional de salud.
Salieron los términos de una Ley Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo–marco de participación ciudadana que podría dar pie a un sistema más moderno de gobernabilidad en el que los gobiernos se acerquen más a la ciudadanía en una democracia participativa real y legítima.
Ahora, si todos los ciudadanos seguimos de cerca la evolución de la Concertación y de las leyes que darán pie a la ejecución de los acuerdos, Panamá será un país distinto a partir de la Concertación. De todos nosotros depende. Si pudimos –como sociedad– exigir la convocatoria igualmente debemos ser capaces como sociedad de exigir a todos los gobiernos el cumplimiento de los acuerdos.
¡Mi abrazo de felicitación a todos los participantes y al PNUD! Estos procesos civilizados son los que me producen un profundo y emotivo orgullo de haber nacido en esta tierra, y de soltar unas lágrimas que me salen del alma cada vez que oigo un tambor, veo a una empollerada, veo ondear la querida tricolor y escucho los acordes y letra de nuestro himno: "Alcanzamos por fin la victoria... en el campo feliz de la unión…".
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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