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negocios@prensa.com Comer lechuga, apio, tomate y otras legumbres puede ser ahora más seguro que en años anteriores. Y es que, con los recién instalados módulos de monitoreo en campo y el laboratorio de control de residuos de plaguicidas se está comenzando a asegurar la inocuidad de los alimentos. En las últimas semanas se han tomado mil muestras a nivel nacional y el producto que reportó niveles altos de plaguicidas fue el apio, con un rango entre 35% y 45%. Los tomates y pimentones también están siendo vigilados. Jorge Ceballos, del Instituto de Investigación Agropecuaria (Idiap), dijo que los estudios iniciales revelan que solo el 3% de los productos agrícolas fueron encontrados demasiado expuestos a plaguicidas, lo que considera "un buen porcentaje". Con el tiempo y con el control de los laboratorios se va a lograr eliminar casi en su totalidad que los productos salgan con residuos de plaguicidas explicó el funcionario. "Es una cuestión de cultura. Los productores deben tratar de producir comida sana y los consumidores deben exigirla", indicó Cevallos. Aunque los controles sanitarios siempre han existido, en Panamá se introducían seis millones de kilogramos de agroquímicos por año, sin que existiera un sistema para detectar el nivel de riesgo que la población corre al consumir hortalizas con residuos de plaguicidas, dijo Jorge Requena, de la dirección de Sanidad Vegetal del Ministerio de Desarrollo Agropecuario. control y monitoreo Este año como parte de un proyecto estatal que contó con apoyo del Gobierno de Taiwan, se han instalado dos módulos de monitoreo: uno en campo en Volcán, Chiriquí, y otro en el Mercado Agrícola Central, además de un laboratorio de control de residuos de plaguicidas postcosecha ubicado en río Tapia, Tocumen. Un tercer módulo está por construirse en la región de Azuero. Se ha dicho que este proyecto lleva varios años de retraso e incluso que forma parte de las exigencias de Estados Unidos durante las negociaciones del tratado de promoción comercial (TPC), pero según el director de sanidad vegetal del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida), Ariel Espino, "es un proyecto que se viene manejando desde antes de este gobierno y forma parte de la modernización del sector agrícola ". Panamá cuenta también con un laboratorio de control de calidad de formulaciones de plaguicidas donde se realizan estudios a las formulaciones antes de que sean importadas al país y se verifica el cumplimiento de las normas vigentes. El proyecto contó con el aporte de Taiwan, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Fiduciario, y tuvo un costo de más de un millón 400 mil dólares e incluye el laboratorio, el equipo especializado, los reactivos, las infraestructuras y una planta de tratamiento de desechos, explicó Espino. Olor a químico Al llegar a Cerro Punta, en las tierras altas de Bugaba, es inevitable sentir el pesado olor a químicos que viaja en el ambiente. Algunos agricultores aseguran que es por el excremento de gallina; otros dicen que es el resultado de décadas de prácticas agrícolas utilizando químicos. Roberto Castillo, de la empresa Cultivos Selectos, explicó que en sus plantaciones se está colaborando con el laboratorio, permitiendo que las muestras sean tomadas para examinar los productos. Las pruebas en campo y postcosecha las hacen las autoridades agrícolas al azar, aunque algunos productores las realizan por su cuenta pagando al laboratorio 250 dólares por muestra que incluye hasta tres familias químicas de plaguicidas. Además en Economía y Negocios
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