| PROYECTO.
Singapur y Panamá, ¿sociedades inteligentes?
Patricia Pizzurno
Singapur está de moda en Panamá. Políticos, economistas, analistas, comentaristas y otros librepensadores sueñan con la "singapurización" de nuestro istmo, mientras exponen con lujo de detalles las analogías entre ambos modelos de desarrollo y barajan cifras y plazos para alcanzar la meta.
Pero, la pregunta es: ¿estamos realmente caminando en la misma dirección que esta isla del sudeste asiático o estamos viviendo uno de los tantos espejismos a que nos condena periódicamente nuestra vocación transitista?
En mayo de 2005 las autoridades de esta ciudad-estado pusieron en marcha su Plan maestro "Singapur Nación Inteligente 2015" (IN 2015) con el propósito de convertirse en la primera nación inteligente del mundo y en una ciudad global, para lo cual invertirán cerca de cinco mil millones de dólares. El proyecto fue diseñado conjuntamente por los sectores privado y público que financiaron los estudios y diseñaron las políticas. Un comité directivo integrado por representantes del Gobierno, la industria de la información y la comunicación, la educación, la salud, la manufactura, la logística, las finanzas y el turismo fue el autor del plan que aspira, entre otros aspectos, a convertir a Singapur en el número 1 en la utilización de la información y las comunicaciones como valor agregado a la economía y a la sociedad. En este sentido, los habitantes del país tendrán acceso ilimitado a la tecnología, lo que les permitirá "conectarse, innovar, personalizar y crear nuevos modelos, soluciones y servicios de negocios" para hacer de Singapur el espacio más competitivo en el escenario global.
Este plan, que se fundamenta en el mega desarrollo de la industria de la información y la comunicación, aspira a crear 80 mil nuevas plazas de trabajo, así como a dotar a los hogares de banda ancha.
El proyecto que está destinado a transformar para siempre a esta sociedad no sería posible sin el replanteamiento de las metas y objetivos del sistema educativo. El punto de arranque se dio en 1978 cuando el inglés se convirtió en el idioma oficial y la educación comenzó a impartirse en esta lengua. De manera que 30 años después somos testigos de la primera generación de singapurenses educados en inglés. Singapur se ha mantenido a la vanguardia en el campo de la investigación y de la educación que considera los motores del desarrollo tecnológico y de la competitividad. Diez años atrás, adoptó un nuevo programa escolar que bautizó como "Aprender a pensar" que estimulaba a los alumnos a expresar sus propias ideas. Por aquellos días el profesor Gopinathan, del Instituto Nacional de Educación, declaraba que durante demasiado tiempo Singapur le había dado prioridad a un conocimiento "libresco" y memorístico que debía modernizarse pues resultaba insuficiente para insertarse en la "economía mundializada".
En 2005 la propuesta IN 2015 con la conexión total a internet propone la revolución de la educación y de los métodos tradicionales de impartir clases. Además de las lecciones tradicionales en los centros educativos dotados de la tecnología más sofisticada, los estudiantes podrán mantener contacto permanente con sus profesores y tener acceso a videoconferencias desde sus hogares. Con la meta de que todas las familias con estudiantes posean un ordenador, el Gobierno otorga subsidios a quienes ganan menos de $2.000 mensuales para que adquieran una computadora por poco más de $200. Las experiencias de aprendizaje por inmersión, la telemedicina, la televisión de alta definición, la computación de malla y las teleconferencias por inmersión, son apenas algunos de los nuevos servicios a los que accederá la población.
Las autoridades aspiran a desarrollar una vigorosa fuerza laboral globalmente competitiva en el área de la información y las comunicaciones, porque está claro que la gran apuesta a la tecnología no es viable sin el capital humano. Para garantizar el suministro permanente de profesionales en estas disciplinas, el Gobierno atrae a los mejores alumnos a fin de que se inclinen por estos estudios. La consigna del subcomité de Educación del IN 2015 es "capacitar estudiantes y comprometer mentes a través de las infocomunicaciones". Las conclusiones del informe final destacan: "La educación y el aprendizaje de nuestros jóvenes son esenciales para mantener la competitividad de Singapur. La innovación y la eficiencia en la utilización de las herramientas de información y comunicación constituyen las claves para permitir la transformación de la experiencia enseñanza-aprendizaje a fin de preparar a nuestros niños para un futuro dinámico e incierto".
Singapur invierte el 2.8% de su PIB en investigación y desarrollo, es decir, casi cuatro mil millones de dólares anuales, aproximadamente la cuarta parte del PIB de Panamá. Si nuestro país destinara para la investigación un porcentaje similar, estaríamos hablando de 300 millones de dólares anuales invertidos en el único sector seguro que nos ofrece el volátil mundo actual: el conocimiento.
Singapur es mucho más que una economía abierta, servicios, inversiones, turismo, manufacturas, seguridad jurídica y estabilidad política. La clave para convertirse en A First World Oasis in a Third World Region (un oasis del primer mundo en una región del tercer mundo) como aspira Panamá, radica en las habilidades y el conocimiento de su población, porque lo cierto es que no hay modelo económico exitoso sin capital humano competente.
La autora es historiadora y docente universitaria
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