| CRECIMIENTO ECONÓMICO.
Hasta que se rompa el saco
Roberto Alfaro E.
Estamos viviendo una etapa importante en la historia de nuestro país. Un crecimiento económico extraordinario, empresas extranjeras estableciendo sus sedes regionales, auge en el sector de bienes raíces y el incremento de nuestras exportaciones no tradicionales.
El inicio de mega proyectos como cinta costanera, hidroeléctricas, ampliación del Canal y proyectos inmobiliarios aumentarán la generación de empleos y elevarán aún más las cifras económicas. Hemos escrito anteriormente advirtiendo el peligro de crecer tan rápido sin los debidos controles y sin infraestructuras, pero con tanta bonanza cada cual solo ve su árbol y no el bosque.
Tenemos ya muchos cuellos de botella: escasez de recurso humano preparado, seguridad jurídica, falta de servicios públicos tales como agua, energía, recolección de desechos, controles migratorios, seguridad pública y transporte colectivo.
Cada día que pasa estos servicios se tornan más escasos y están minando el modo de vida al que estábamos acostumbrados. El Panamá que todos queríamos y disfrutábamos lo estamos dilapidando, por una sencilla razón: estamos ganando mucho dinero, pero a la vez perdiendo calidad de vida.
Sin duda que hay cientos de nuevos millonarios locales y un gran progreso, pero eso tiene un costo y éste será mayor en la medida en que nosotros, los panameños, no hagamos un alto y reflexionemos sobre lo que queremos para nuestro hijos y nietos.
Si bien el "crecimiento económico" es importante, tenemos que estar claros que esa terminología no es lo mismo que "desarrollo". Una denota cifras frías que miden incrementos de actividad en sectores y la otra mide cómo se mejora la calidad de vida de la población. Si no resolvemos los problemas sociales más apremiantes durante esta bonanza, ¿cómo lo haremos cuando venga la caída?
El auge económico trae consigo inflación, la mayor de nuestra historia, y gran demanda por artículos suntuosos que exacerban las diferencias entre ricos y pobres. Los industriales, empresarios y comerciantes tenemos maneras de pasar este incremento al consumidor, ¿cómo lo hacen los asalariados?
El costo de la vida a todos nos sigue subiendo al igual que la canasta básica popular y si bien aumentar el salario mínimo compensa en algo al nivel más bajo de la población, nos estamos olvidando de un importante sector, la clase media baja, que cada día se acerca más al nivel inferior, potenciando el problema social del país (ver artículo, Epasa 5/1/06 "Réquiem a la clase media"). En mi concepto, no solo es necesario e importante un aumento en el salario mínimo, sino también un ajuste general público y privado, que devuelva el poder adquisitivo a por lo menos los asalariados por debajo de B/.3,000 para que se le equipare al costo de la vida al mes de enero de 2006. Esta medida tendría a su vez un efecto positivo inmediato en la economía pues pondría a circular en el comercio millones de balboas cada quincena. Estamos perdiendo nuestra libertad de tránsito por las constantes protestas del pueblo y las calles congestionadas, también la tranquilidad para desplazarnos sin miedo por las avenidas de la ciudad, igual no hay confianza en la justicia, los partidos políticos y las instituciones del Estado. ¿Qué vamos a esperar? ¿a que se rompa el saco?
El autor es ex ministro de Estado
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