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Panamá, miércoles 31 de octubre de 2007
 

LOS COMUNISTAS NO APRENDEN.

Cubanos y venezolanos en la boca del lobo

934369José Brechner

Los bolivianos empiezan a hastiarse de la presencia extranjera y de las dulces bondades del socialismo del siglo XXI, que no es nada más que el último intento histórico de resucitar el cadáver del comunismo del siglo XX. Latinoamérica es el único lugar del mundo, donde sus genios políticos todavía siguen cuestionando el modelo a seguir, y adoptan ideas de los lunáticos del orbe. Aprovechando de esa enfermedad, los reaccionarios dictadores socialistas, Chávez y Castro, tratan de imponer sus fórmulas autodestructivas para apoderarse de Bolivia. Sin embargo, olvidaron un aspecto esencial para el éxito de su conquista: el indomable espíritu libertario de los bolivianos.

Evo Morales, en su odio hacia las clases medias, formadas por blancos y mestizos, está aglutinando contra sí a los bolivianos productivos, creando una fuerte alianza antagónica a su gobierno y los invasores comunistas. Ante el natural temor que esa patriótica alianza opositora produce, el régimen acusa a sus adversarios de ser racistas y xenófobos, cuando en realidad la discriminación es al revés. La táctica de endilgar a los demás con los defectos propios, es una constante de la desfachatez progresista.

Hugo Chávez, tal como el Che Guevara -a quien los campesinos delataron para que lo atraparan- desconoce la idiosincrasia del pueblo boliviano, creyó que todos se arrodillarían a sus pies como Morales y sus lacayos. Todavía no vislumbra lo que les espera a los miles de caribeños que trajinan por el lugar. Cuando la insurgencia explote, van a faltar aviones y camiones para que los invasores puedan huir. Los bolivianos gozan de dignidad y orgullo nacional, y pelearán por recuperar su potestad sobre lo que les pertenece. No van a someterse a ningún pretensioso dictadorcillo extranjero o vernáculo. Si en algo Bolivia tiene más experiencia que cualquiera, es en deshacerse de sus tiranos.

Tras el triunfo electoral de Morales, en un viaje del teniente coronel a la región de Chapare, bastión de los productores de coca, los hasta entonces fieles seguidores del presidente boliviano fueron desplazados por cientos de mercenarios venezolanos que arribaron con su jefe. El rechazo a la numerosa presencia de boinas rojas le costó buena parte del voto popular al partido gobernante -Movimiento al Socialismo (MAS)- en un referéndum para formar una Asamblea Constituyente, donde pensaba imponerse fácilmente, convencido de que contaría con dos tercios de los legisladores para arrasar con la democracia. El tiro le salió por la culata. Después de un año de discusiones, aún no se redactó la nueva Carta Magna que ambiciona darle poderes absolutos al aspirante a rey incaico.

La traición a la patria es un pecado imperdonable y Morales ha mentido y traicionado a todos, pero especialmente a los que lo votaron, regalándole el país a un personaje con delirios de grandeza. Como nunca antes, Bolivia tiene un enemigo extranjero incrustado en su corazón. Los bolivianos jugaron ejemplarmente a la paz, la estabilidad y la democracia por 25 años, hasta que apareció Evo Morales. En ese lapso lograron superarse como individuos y como nación más que muchos pueblos del tercer mundo. Si no fuese por la injerencia chavista y el sueño monárquico del cocalero, seguirían avanzando.

Chávez, tratando de controlar con mayor firmeza el estratégico territorio ocupado, habla de una fantasiosa incursión militar norteamericana que él está dispuesto a repeler. Su marioneta repite lo mismo cada vez que se emociona y, utilizando la grotesca excusa, ambos continúan importando armamento, aliándose con terroristas, movilizando agentes de Cuba y soldados de Venezuela. La confrontación violenta parece acercarse, pero no será con Estados Unidos, que tiene asuntos más importantes que atender, sino con los mismos bolivianos. Y de algo pueden estar seguros: no quedará un solo venezolano ni cubano a salvo. Ya les ocurrió al Che y sus camaradas, pero los comunistas no aprenden.

Firmas Press. El autor es ex diputado boliviano.
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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