| LAS MARGARITAS.
Aguas del Mamoní arrastran el sacrificio de familias de Chepo
Inundación deja 236 personas afectadas. Las autoridades repartieron colchones y comida.
| LA PRENSA/Carlos Lemos |
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| TRISTEZA. Justo este lunes, Félix González había comprado 50 dólares en comida para su familia. Lo perdió todo. 934331 |
José Arcia
jarcia@prensa.com
Bellaluz Fuentes dormía a su hijo de año y medio cuando el agua empezó a inundar su casa en el sector uno de Las Margaritas, distrito de Chepo. Eran las 6:30 de la tarde de este lunes. Su vecino Félix González cenaba con su esposa, María Luisa Castillo, y sus tres hijos. Todos mayores de edad.
Esas fueron las dos primeras viviendas en inundarse hasta dos metros de altura como consecuencia del desbordamiento del río Mamoní, que queda a poco más de un kilómetro de distancia en línea recta de las propiedades.
"Salí a dejar a mi bebé en casa de la vecina para regresar e intentar salvar mis cosas", dijo Fuentes. Solo pudo sacar el televisor.
La corriente del río Mamoní no dio tregua. Cuando Fuentes volvió a la casa, solo fue para ver cómo la corriente desarmaba la cama y el colchón flotaba.
Logró salir de la vivienda con la ayuda de uno de sus tres hijos adolescentes, que en ese momento llegaba para rescatar, sin éxito, las pertenencias.
Al lado, la familia González vivía la misma escena. El colchón, la estufa, y el tanque de gas flotaban, narró González. "Todo fue tan rápido, que solo nos dio tiempo a salir".
| LA PRENSA/Carlos Lemos |
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| Bellaluz Fuentes se mudó a Chepo hace un año. |
Las viviendas permanecieron inundadas por dos horas. A eso de las 9:00 de la noche, las familias entraron a las residencias con el ánimo de rescatar lo que se podía y limpiar los lugares para dormir, contó González ayer, mientras hacía los últimos trabajos de limpieza.
En Las Margaritas solo se hablaba de la tragedia del río Mamoní y cada morador contaba lo que sufrió y perdió.
Críspulo De Gracia, por ejemplo, estaba viendo el televisor cuando observó que su vecino, Abelardo Pimentel, luchaba por recuperar sus pertenencias.
Corrió a ayudarlo y en pocos minutos su casa corrió la misma suerte, se inundó. Dos de sus cinco gallinas se ahogaron. Las familias pasaron la noche en casa de parientes, en un rincón de sus propiedades y otras simplemente no durmieron, como Pimentel que la pasó sentado en un taburete en el portal de su casa.
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