Panamá escala importantes posiciones y mejora notablemente sus índices comparativos, principalmente en temas de prosperidad, crecimiento económico, desarrollo y globalización, pero aún tiene algunas tareas pendientes en materia de país socialmente responsable. Cuando se trata de la conducción de las empresas panameñas, el asunto va más allá de donaciones aisladas, actividades filantrópicas o la correspondiente foto divulgando el generoso hecho.
El compromiso incluye un cambio en la manera de gerenciar los negocios, de forma tal que el rédito de la inversión económica sea una consecuencia de la sostenibilidad garantizada con una verdadera consciencia frente a los propios trabajadores de la organización y a la comunidad circundante.
En la medida que la actividad comercial contemple el impacto social del negocio, la empresa comienza a hacerse socialmente responsable y repercute en la calidad de vida, educación, salud y progreso de toda la sociedad. Solo entonces la vergonzosa brecha que separa a los que más tienen de a quienes todo les falta, empezará a cerrarse.
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