| SALARIOS DE AYER IGUAL QUE LOS DE HOY.
Las matemáticas del servidor público
Vidalia Quiroz B.
Para nadie es desconocido el tema del alto costo de la vida al que debemos enfrentarnos a diario. Saber batallar contra esta realidad es como ponerte la capa y la espada de El Zorro y combatir a los enemigos que aparecen a diario en la facturación del consumo de energía eléctrica,teléfono, y sobre todo, en los productos del supermercado que componen la famosa canasta básica. Superas por ese momento la batalla, pero quedas herido y sabes que vendrán muchas batallas y peores.
El servidor público, si bien es cierto goza de un trabajo permanente o por contrato, y todas las quincenas recibe su pago, es el mismo que mueve la maquinaria de este gran sector, del cual los gobernantes se sienten orgullosos, porque es la imagen de su administración. Es el que no pone obstáculos para cumplir con sus tareas, aunque esté pasando por situaciones difíciles y del cual solo el silencio y la esperanza de que un día su situación se le mejorará, son sus fieles compañías. Se nos solicita (petición que considero de más) mayor productividad, cumplimiento a las normas de deberes y derechos del servidor público, mística de trabajo, pero no se mira que este trabajador con un salario igual desde hace 5, 10 ó 20 años, cumple a cabalidad con su responsabilidad, dejando en alto la institución para la cual labora y por ende al país.
Para un trabajador del sector público (aunque para el trabajador del sector privado el hambre se siente igual) cuyo salario sea por decir lo mejor B/.900.00, la cosa se le pone fea todas las quincenas, ya que en la mayoría de los casos es el único ingreso que entra al hogar. Con las deducciones de Seguro Social, seguro educativo y rentas, las cuales se llevan del salario, casi el 20%, le quedan para sobrevivir B/.700.00 en un mes.
De allí debe pagar agua, la facturación de la luz (que todos los días sube y que nadie pone control a esto), teléfono (que por su costo es un lujo), hipoteca (donde el pago va solo a intereses), transporte (guindando en la puerta), la alimentación (con precios no aptos para nuestros salarios), vestido para la familia (la más baratita y que cuando te la pones formas parte de una gran comparsa nacional), gastos escolares (si no pagas te regresan a tus hijos). Si le agregamos el gasto que mensualmente tenemos en medicamentos o por atenciones médicas privadas, quedamos en rojo y hay que pedir prestado para cubrir los imprevistos. Esta es la realidad del servidor público o quizás me quede corta.
Las matemática son exactas, pero en estos momentos, no es así. El ingreso que es el mismo desde hace muchos años, no está a tono con los gastos permanentes de hoy en día, y que no estamos en condiciones de escoger. Todos son necesarios en un hogar.
Ante esta realidad, señor Presidente, ante el crecimiento económico de nuestro querido Panamá, y del cual los servidores públicos nos sentimos parte esencial de esta bonanza, le solicitamos se considere un aumento salarial general, sin distingo de profesión, o salarios actuales.
Hay registros donde los únicos aumentos que hemos recibido los funcionarios públicos, son los dos que hizo muy acertadamente el general Torrijos en los años 70, de B/.30.00 cada uno y las partidas del XIII mes, que aún se nos adeudan seis partidas. Con un salario de B/.1000.00 o un salario de 400.00 en estos momentos y según la condición de cada persona, se hace muy difícil para poder sobrevivir. Prueba de esto son los agiotistas, las financieras que conocen la necesidad del trabajador del sector público y le abren sus puertas con miles de ofertas para que éste caiga. Ante una necesidad urgente de que cortarán el agua o la luz, o no tienes con qué comprarle la comida a tu familia, ¿qué camino le queda a este trabajador? Como dice la teoría de la aritmética pitagórica, los números son el principio, la fuente y la raíz de todas la cosas.
Ayer cuando el costo del arroz y el de la luz eran cónsonos, se podía vivir con los salarios de hoy, pero hoy en día, no podemos seguir adelante con salarios de ayer.
La autora es servidora pública
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