Nuevamente la sociedad enfrenta la amenaza de una afectación en los servicios básicos, esta vez, la salud pública. El cuadro no se perfila halagüeño, pues las reclamaciones de los galenos comprometerían los escasos ingresos que –con las últimas reformas aprobadas en 2005– se estimó llenarían las arcas de la CSS.
Todos pagamos el precio de asegurarle vigencia al sistema de salud, pero ahora parece que las proyecciones pueden irse al traste si se atienden las peticiones de aumento salarial que exigen los médicos. Sus demandas laborales no parecen encontrar eco en la ciudadanía que resiente las carencias y sufre los embates de la sempiterna ineficiencia en la atención médica, sumada a la ya habitual falta de medicamentos y las múltiples excusas en torno a los equipos dañados.
El sistema sigue siendo deficiente, la atención médica tardía y la calidad del servicio cuestionable: los tres componentes, eternos males de la salud pública, pesan como una cruz sobre los hombros de los enfermos, pacientes y usuarios. Muy difícil resulta entonces creer que elevar el salario a los médicos pueda mejorar la situación. |