| LA EVOLUCIÓN DE PANAMÁ.
Simplemente progresan
Danilo Arbilla
Según el Fondo Monetario Internacional, Panamá tendrá este año un crecimiento del 8,5%, que escalará al 8.8 % en el próximo. Una linda cifra. Y mejor aun si se tiene en cuenta que en las previsiones del citado organismo para el resto de la región centroamericana el crecimiento se sitúa en el 5.4% y 4.9%.
El Banco Mundial anunció que abrirá una oficina en Panamá "en el marco de la fuerte expansión de su programa y en respaldo a un gobierno comprometido a luchar contra la pobreza y la desigualdad". Todo esto según un comunicado de su vicepresidenta Pamela Cox.
A los anuncios y decisiones de estos organismos se suman otros datos que confirman la positiva evolución del país del Canal. Por ejemplo, que la inversión extranjera, entre el 2005 y 2006, creció el 149% y que en el año fiscal que cerró el pasado 30 de setiembre se alcanzó un récord histórico, como con el crecimiento de la inversión, en el tonelaje de mercadería que pasó por la vía acuática que une los océanos.
Y no se trata solo de porcentajes, que si bien dicen mucho siempre aparecen como medio lejanos para la mayoría de la gente; en materia de inversiones, para tomar un rubro, los montos y porcentajes pueden respaldarse con nombres propios de quienes proyectan instalarse, casos como los de Hewlett Packard y Caterpillar.
Pero para quien ha visitado Panamá en los últimos seis u ocho años, no son necesarias ni cifras ni nombres, el crecimiento surge a la vista y hasta se oye.
Hace dos años y poco conocí al presidente Martín Torrijos. Me pareció un hombre no tímido, pero sí prudente, mesurado y a la vez optimista y seguro, o por lo menos tranquilo, en cuanto al camino que hacía poco había comenzado a recorrer como primer mandatario de los panameños.
Tuve una muy breve charla con él, mientras subíamos una escalera camino a un gran salón en donde la Presidencia ofrecía una cena a cerca de cuatrocientos directores, editores y periodistas de medios del continente. El debate sobre la ampliación del Canal comenzaba a calentarse; le pregunté al respecto y sobre qué pasaría en la consulta popular prevista para resolver ese tema. Dijo estar muy tranquilo, que no se trataba de un asunto personal, ni electoral ni de su partido ni ideológico: "se trata -expresó- del futuro de Panamá y estoy seguro de que los panameños tienen conciencia de que eso es así". El referendo se realizó el año pasado y tuvo el respaldo de casi el 80% de los votos emitidos.
Quizá todo este buen momento que aparentemente vive el país se deba a ese pragmatismo y ese enfoque presidencial, de que se trata de Panamá y de que la mayoría de los panameños lo ven así.
Torrijos hace poca alharaca, no se cree un líder regional ni continental, no fomenta revoluciones ni crea o inventa ideologías, no le rinde pleitesía al viejo dictador cubano ni al verborrágico comandante bolivariano, no hace caudal de antiimperialismos maniqueístas, pero no deja meter mano, valora los TLC, con quién sea y dónde sea en función de los intereses de su país y de su gente, y también en base a ello fija su política exterior: respeta a unos y otros y se hace respetar.
Todo eso se puede lograr, y parece que solo basta con no sentirse un iluminado, desechar desmedidas y utópicas ambiciones personales, mirar genuinamente los intereses de todos y adecuarse con seriedad a la realidad del mundo.
Panamá avanza, pese a que no tiene pozos petroleros con inagotables reservas, ni extensas praderas que en épocas de buenos vientos disimulan los disparates voluntaristas y alimentan transitoriamente liderazgos de pies de barro.
Los panameños no se han sumado al Carnaval "progresista": simplemente progresan.
El autor es periodista y fue presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)
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