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Panamá, lunes 29 de octubre de 2007
 

VIOLENCIA Y FALTA DE SEGURIDAD.

Sin café de medianoche

Berna D. Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

Entre los muchos reproches que puedo hacerle a los políticos está que mi vida social, diurna y nocturna, ha quedado casi reducida a una relación solitaria con la computadora, la televisión, la radio, el teléfono y, por supuesto, mis fieles compañeros, los libros. Limitada por la inseguridad y la falta de protección atrás han quedado mis despreocupadas idas al cine, al Barrio Chino, las caminatas nocturnas por Las Bóvedas, los cafés o las copas de vino en la Plaza Bolívar o sentarme en el malecón a mirar la bahía.

En los restaurantes siempre me siento de espaldas a la pared, vigilando la puerta (para ver de dónde van a venir los tiros). Coger el carro y tomar rumbo a Veracruz a comer un recién frito y crujiente pargo acompañado de patacones que, aunque cocinados en dudosos aceites, me sabían a gloria, es cosa del pasado. Renuncié a "coger carretera" rumbo a Chepo y Pacora parando en el camino a comprar frutas, o los ricos chorizos y bollos que preparan los santeños que emigraron a esos lares. Tengo vivo en el paladar el recuerdo de las empanadas de bacalao, las patties que se vendían en Calidonia, al lado del Teatro Encanto, por donde desfilaban personas de todas las clases sociales buscando comidas con sabor antillano; o el saus, pajarilla, torrejitas de maíz. Es posible que todavía existan estos lugares y los caprichos gastronómicos que menciono ¿pero me atrevería a ir ahora a buscarlos, como antes, a las ocho o nueve de la noche? El sentido común hace tiempo me aconsejó no cometer semejante osadía.

Pero eso no es todo. Ir a una fiesta, al cine, o a la presentación de un libro se me convierte en problema: como no puedo costearme un guardaespaldas, subo al carro y voy mirando por el retrovisor constantemente para ver si alguien me está siguiendo; antes de bajar del auto, sin apagarlo, miro para todos lados para asegurarme de que no hay nadie acechándome; con la llave de la puerta en la mano corro a abrirla, rogando que del susto no se me caigan o se trabe la cerradura; entro mirando si el apartamento no está patas arriba o si me espera algún maleante. ¡Paranoia total! Yo, caminante nocturna, amante de tertulias de media noche después de una función de cine o teatro me he convertido en prisionera del miedo. Así ha cambiado mi estilo de vida. Sé que como Gina García Eleta, joven mujer atrapada en un asalto a pleno día en el que perdió la vida, estoy expuesta a correr la misma suerte en esta ciudad donde no hay lugar a salvo del crimen. Y es terrible ese temor, atadura que coarta mis movimientos, que me impide moverme con libertad y seguridad.

El próximo año la policía tendrá una situación crítica por el recorte presupuestario que impedirá la contratación de 700 policías; en vez de los 377 millones que necesita para ofrecernos mayor seguridad, recibirán 299 millones. Una noticia advierte que "salir en las noches de una obra en el Teatro Nacional es casi una hazaña", es hasta "arriesgar la vida". Pero los partidos políticos recibirán 32 millones de dólares para gastos de publicidad y organización de las candidaturas (que nos darán más de lo mismo).

Los concejales se aumentaron las dietas de $300.00 a $600.00 en febrero pasado, pero en dos meses su rendimiento se reduce a 12 resoluciones, la mayoría para actividades bailables y nombres de calles. ¡Cómo para llorar! Cada miembros de la junta directiva de la Asamblea recibe $1,320 en tarifa de celulares; los diputados gastan $1,125 en desodorantes ambientales cada dos meses (¿por el tufo en la institución?); Franz Wever, diputado metido hasta el cogollo en el negocio del transporte y del deporte, viaja a Italia a costilla nuestra y nos cuesta $1,989 en boleto aéreo para ir a una asamblea internacional de béisbol; la Asamblea, el organismo gubernamental más rechazado, compró "con urgencia notoria" dos vehículos "con todos los hierros" ($74,451) para el recién estrenado presidente, Pedro Miguel González; en brindis (¿qué celebraron?), la bicoca de $24,389. Cada diputado, sin contar los aderezos al salario, nos cuesta $7 mil al mes. En contraste que ofende, el Hospital del Niño necesita aumentar 30 camas, 100 enfermeras, 20 médicos y una sala de cirugía. En el mes de la campaña contra el cáncer de mama, los mamógrafos de la Caja de Seguro Social están fuera de servicio.

Como para echarle sal a la herida, de la "generosa y altruista" Fundación Pro Educación Integral de la Niñez y la Juventud que manejó los fondos donados por Taiwan, la ex primera dama, Ruby Moscoso, hermana de la ex presidenta Moscoso, entre otros excesos, usó $13 mil en alimentos para caballos. ¿Educación integral para equinos? ¡Y $24,173 para abonar a un préstamo privado! Si Moscoso usó dinero del Estado para joyas y ropa con la bendición del ex contralor Weeden, ¿por qué privarse doña Ruby de hacer algo parecido? Como ven, es culpa de los políticos gobernantes que ya ni siquiera pueda tomarme un bien conversado café de media noche. Dijo el escritor español Enrique Jardiel Poncela: "Los políticos son como los cines de barrio. Primero te hacen entrar y después te cambian el programa". En esta película, nuestra seguridad no cambió. Desapareció del programa.

La autora es comunicadora social
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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