BUSCADOR
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Suscripciones | Portadas PDF | Titulares por e-mail | Contáctenos
Panamá, domingo 28 de octubre de 2007
 

SUEÑOS DISPARATADOS.

Ni tan malos ni tan buenos

FOTO/Rosina Ynzenga
Un pershmerga en su puesto cerca de las montañas de Qandil donde se encuentran los campamentos de los guerrilleros del PKK. 933161
Rosina Ynzenga

Las siglas esconden rostros. Los rostros cuentan historias. Cualquiera que escuche PKK (Partido de Trabajadores del Kurdistán), lo asocia automáticamente con terrorismo, acciones militares y conflicto. Detrás de los rostros de las miles de personas que componen este grupo, hay miles de historias que hablan de libertad, sueños y pasiones.

La primera vez que escuché estas siglas, hace siete años, cruzaba de noche el Kurdistán iraquí. Con el paso del tiempo conocí a algunos de sus miembros. Después de la guerra de 2003, seis ex miembros del PKK se convirtieron en amigos. Al principio sorprendía su igualdad en el trato. Su camaradería sin límites. Su apoyo el uno al otro sin planteamientos. Una lealtad sin grietas. Habían solicitado su salida del partido. Atrás quedaban sus sueños rotos y sus pasiones apagadas.

Ninguno de ellos alcanzaba la treintena de edad. Sus facciones eran duras, arrugadas por la exposición a altas y bajas temperaturas. En sus bolsas, escasas fotografías donde se les veía con el monte Ararat a sus espaldas, donde se supone que se posó el Arca de Noé después del diluvio universal, o con camaradas sonriendo delante de la cámara. "Eran tiempos felices", admitían. El arresto y encarcelamiento de Ocalán, líder del partido, poco a poco dio con todas esas ilusiones al traste. Sus declaraciones desde prisión les hicieron ver que seguir carecía de sentido.

Muchos de ellos dejaron sus casas cuando no tenían ni 20 años. Habían pasado cerca de 10 en las montañas. Habían aprendido a disparar, a vigilar, a soñar con un Kurdistán turco libre e independiente, donde se pudiera hablar su propio idioma. Donde se aprendiera en las escuelas sus costumbres, sus sonidos. Donde las carreteras no estuvieran marcadas por las ruedas de los tanques. Donde los cruces no representaran check point. Donde poder vivir en paz con libertad.

Entre ellos había uno que perdió su pierna al pisar una mina. Otra a la que tuvieron que amputarle varios dedos de las dos manos cuando se le congelaron en pleno invierno en las cumbres montañosas de la frontera turco- iraquí. Esa misma frontera donde hoy se debate el futuro de este grupo separatista e independentista. Cierto es que está en la lista de terroristas que Estados Unidos aprobó. Pero sus miembros que voluntariamente han abandonado las armas y se han incorporado a la vida civil en una transición pacífica y meditada, merecerían una oportunidad en su país. Quizás sus sueños fueron disparatados. Quizás los métodos no eran los más apropiados. Quizás muchos otros quizás, pero hoy sueñan con regresar junto a sus familias. Padres y madres que deben recorrer miles de kilómetros para abrazarlos después de años de separación. Familias rotas por sueñosrotos.

Han logrado poco a poco rehacer lo que ninguno creía que se podía rehacer. Han luchado contra sí mismos antes de reconocer y admitir a sus familias que la decisión tomada hace años fue simplemente un error. No pueden volver a Turquía porque aunque muchos no han llegado a disparar un tiro, están considerados como terroristas. Cuando los ves cuidando de las plantas o trabajando cariñosamente con niños, es muy complicado entrever en ellos un terrorista. Es más fácil admitir que tienes delante a un ser humano roto que ha luchado por la libertad y que se ha quedado preso en un sueño.

Para los que siguen las montañas entre el Kurdistán y Turquía, son su reducto. El único lugar donde pueden mantener en pie un sueño que hace mucho perdió su esplendor. Pero un sueño legítimo, ya que cualquier pueblo tiene derecho a poder hablar su idioma, mantener sus costumbres y tradiciones a pesar de pertenecer a un Estado o país donde son minoría. El Gobierno turco podría plantearse un proceso de integración de los miembros del PKK que les permita regresar, a los que lo desean, a sus casas, y volver a coger las riendas de sus vidas. Sin duda, sería para ellos un proceso doloroso en lo personal, pero que daría una respuesta a los miles de jóvenes que permanecen bien exiliados en Irak o en las montañas.

El tiempo y los movimientos políticos llevaron a cientos de estos miles de jóvenes que se habían alistado al PKK, a abandonar la lucha. Difícil decisión sin solución. Habían cruzado la frontera buscando un rincón donde regresar a la vida. El norte de Irak, el único territorio del Kurdistán libre, es el sitio donde cualquier kurdo puede creer que esos sueños son factibles. Desde la caída del régimen de Saddam Hussein, cientos de kurdos provenientes de Siria o Turquía han dejado sus casas y, en muchos casos, a sus familias, para materializar una ilusión.

Desde al menos ocho años, los puestos del PKK han estado en las montañas de Qandil y los tanques turcos en territorio iraquí controlando los campamentos de los guerrilleros de ese partido (terrorista). Nunca han supuesto un problema, y tanto PKK como soldados turcos estaban a la vista de todos. Ahora representan un peligro tan grande que justifica la agresión a un país vecino. Si levantamos la vista posiblemente detrás de ese paso, hay quizás un ánimo de influir en una región. Y si diéramos un paso más podríamos llegar a pensar que está basado en el miedo a que las elecciones en Kirkuk, donde se encuentra el 80% del petróleo iraquí, que se celebrarán antes de fin de año sean ganadas por los kurdos. Una victoria kurda en esos comicios supondría, sin duda, admitir la existencia de una comunidad kurda autónoma y rica cerca del Kurdistán turco donde la opresión va acompañada de una economía débil. De llevarse a cabo la agresión, los kurdos iraquíes con sus guerrillas de Pershmergas (listos para morir) no dudarían en levantarse en armas para luchar al lado de sus hermanos los kurdos de Turquía, y lo más importante, para conservar un sueño hecho realidad: su libertad.

La autora es periodista y fotógrafa, y ha trabajado los últimos años en Irak
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá