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Panamá, domingo 28 de octubre de 2007
 
Protagonistas
En Colombia todo es mentira
 
Jorge Alí Triana, director de cine, opina que en Colombia hay cinco países que funcionan a la par. 
 
DANIEL DOMINGUEZ Z. 
mosaico@prensa.com 
 
En Colombia la mentira reina sobre la verdad. Álvaro Uribe es un mandatario intolerante y su colega George W. Bush debería ser juzgado por la justicia internacional. Así piensa Jorge Alí Triana, director de cine y teatro, quien estuvo en Panamá como jurado del concurso Ricardo Miró.

El que ha realizado más de 50 puestas en escena es un preocupado por los avatares de su país. “En Colombia todo es una mentira. Uno no le cree a nadie, ni al presidente ni a los militares ni a la guerrilla ni a los paramilitares. Hay cinco países funcionando al mismo tiempo y donde todo es posible”.

Triana, que estudia cine y teatro en la Academia Superior de las Artes de Praga, opina que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) no están interesadas en diálogo alguno. “La guerrilla todavía piensa que puede tomar el poder a través de las armas. Allí está su error y su desfase histórico, en pensar en esa salida radical y no legitimizarse por la vía electoral. Están aislados de la realidad y llevan 50 años escondidos en el monte”.

Lo que percibe como trabajador artístico es que Álvaro Uribe pierde puntos de credibilidad cuando modifica la Constitución para seguir sentado en la Casa de Nariño (la sede presidencial). “Hay un tufillo de otra relección. Vamos por el mismo camino de Alberto Fujimori en Perú. Uribe tiene una aprobación popular del 70%, lo cual lo hace aún más peligroso. El pueblo alemán también confiaba mucho en Adolfo Hitler. No dudo de que han sucedido algunas cosas positivas en su manejo de la guerra, pero hay otras muy horrorosas, porque Uribe ha sido muy duro con la guerrilla, pero muy blando con los paramilitares”.

Le desagrada “ese tonito de cura bondadoso, hablando en diminutivo” que utiliza el dirigente colombiano para “ocultar su agresividad”. Define a Uribe como un hombre “intolerante, soberbio y violento”. Aunque reconoce que es un notable comunicador de masas y dueño de una personalidad atrayente. “Es un laborioso de sol a sombra como un paisa, como los antioqueños. Es lógicamente capaz e inteligente”.

Aunque es crítico de la situación actual de su entorno, Triana (Bogotá, 1942) no se siente intimidado por dar su opinión. “Aunque nadie lo crea, en Colombia funciona el sistema democrático y la independencia de los poderes. Hay un campo a favor del debate y lo digo sin miedo”.

Confiesa que la sociedad colombiana está fatigada de tantas muertes, atentados y secuestros. “Hay quienes creen que Uribe está haciendo la paz, pero yo creo lo contrario, que en el país se han incrementado el odio y la polarización. Yo no conozco un solo día de paz y creo que no lo voy a conocer”.

Que Venezuela se ofrezca como mediadora para liberar a 49 rehenes secuestrados por las FARC a cambio de excarcelar a decenas de rebeldes, es “un acuerdo bilateral entre Hugo Chávez y Uribe. Ojalá funcione, porque es una tragedia que hayan personas con más de 10 años privadas de su libertad”.

Piensa que la revolución que lidera Hugo Chávez es demasiado compleja como para hacer un juicio sobre su desempeño. “Su figura es la del típico caudillo y no me gusta su fracción militar, porque el Ejército es piramidal, donde se ordena y se obedece. Por otro lado, tengo entendido que en materia de salud y educación hay un desarrollo significativo en Venezuela y su posición hacia Estados Unidos me parece valerosa”.

Sobre el líder de Estados Unidos, Triana estará satisfecho cuando George W. Bush termine en los tribunales internacionales de justicia por sus actos de lesa humanidad. “Debe ser jugado como un asesino. Nos regresó a la Edad Media y a las Guerras Santas con las disputas entre la cristiandad y los musulmanes, del bien y del mal, como en las Cruzadas. Esto estaba al menos anestesiado y Bush supo despertarlo”.

El fundador del Teatro Popular de Bogotá agradece que la razón se ponga en su sitio, pues de acuerdo a un sondeo llevado a cabo este mes por la firma Harris Interactive, el 75% de los estadounidenses rechaza la gestión de Bush y de su segundo, Richard Cheney. “Afortunadamente el pueblo norteamericano se ha dado cuenta y a Bush no le ha pasado como a Uribe, pues tiene los niveles más bajos de cualquier otro presidente. Aunque a Uribe a veces le llaman MicroBush”.

El marido infiel

Ante su crítica visión de la realidad, hay cero casualidad de que su más reciente producción, Esto huele mal, estrenada el pasado agosto y que hasta el momento la ha visto medio millón de colombianos, sea una metáfora sobre la mentira. Es una comedia que se desarrolla en febrero de 2003, el mismo día en que el club bogotano El Nogal sufre un ataque terrorista cuando explota un coche bomba.

¿Cómo manejar un hecho real sin perder el sentido del humor? “Ese era uno de los problemas a resolver”, dice el responsable de una treintena de producciones para la televisión. El argumento central de Esto huele mal es sobre un hombre que cuando el carro explota le es infiel a su esposa y para despistarla le indica que estará hasta tarde en El Nogal en una cena de negocios.

“Cuando el tipo sale de la casa de su amante ni siquiera sabe del atentado. Entra a comprar unos cigarrillos a un establecimiento y en ese instante recibe la llamada de su mujer preocupada por saber cómo está y coincide con que él ve en un televisor lo que pasa y le dice que está en una clínica. Allí comienza la mentira y se da cuenta de la magnitud del embuste, pero también de la enorme tragedia, hay 36 muertos y 160 heridos”.

El adúltero tiene que usar su imaginación para llegar a su hogar en condiciones lamentables y creíbles. Se tira encima cenizas de una chimenea, se desgarra la ropa y lleva suturas de supuestas heridas. “Para que la mentira tuviera un valor tenía que estar sustentada en una tragedia de esa índole”.

En ese sentido, estima que la ficción es una mentira verdadera. “Es una llamada de atención. Es una nueva realidad, que no necesariamente ni es historia ni sociología ni antropología ni ciencia, pues tiene un elemento subjetivo e individual y no debe ser fiel a la verdad, sino a su propia verdad, pues el arte es una suposición”.

Jorge Alí Triana duda de la realidad concreta. Pone como prueba que al dirigir una serie televisiva sobre Jorge Eliécer Gaitán, candidato presidencial asesinado en abril de 1948, estudia los expedientes de los cinco testigos que estaban cuando ocurre el suceso y todos lo recuerdan de forma distinta. “Y eso que es un testimonio policiaco”.

Considera que arte y realidad están ligados. Sus películas y montajes “tratan, directa o indirectamente, de la intolerancia y la barbarie, de este laberinto sin salida. Los artistas somos una esponja que recoge emociones y sentimientos, esperanzas y frustraciones colectivas. Nuestro trabajo y nuestra necesidad es la de expresarlo, ver qué hay detrás y atravesar lo aparente. Si no pensara lo que pienso de Uribe o de Tirofijo (Manuel Marulanda, comandante de las FARC) y de lo que pasa en Colombia, no hago una película como Esto huele mal”.

Dos citas con Gabo

Quien apuesta por un cine eficaz y divertido, ha basado dos de sus largometrajes en textos de su compatriota Gabriel García Márquez: Tiempo de morir (1985) y Edipo Alcalde (1996).

Para tener listo el guión de Tiempo de morir, ganadora en los festivales de Río de Janeiro y Biarritz, a Triana le hace falta una escena y le pide esa colaboración al autor de Cien años de soledad. El Nobel de Literatura acepta el encargo, pero cuando se entera que se requiere para la semana entrante, se altera por la premura y acusa a los cineastas de querer todo para ayer.

Regaño aparte, a los días recibe una llamada tempranera de la Oficina de Cinematografía de Colombia. Tiene un telex con la escena solicitada y que García Márquez lo ha llamado 20 veces con una sola solicitud: “que me despierten donde esté para entregármela”.

Su otra intervención tuvo otro matiz, ya que la idea fue del famoso novelista. “Gabo me llamó y me dijo: ‘acabo de respirar una historia. Llevo 10 días escribiendo una historia sobre Edipo que quiero que leas’ y me la mandó”.

García Márquez estuvo tres días en el rodaje de Edipo Alcalde, inspirada en la pieza de Sófocles y que fue presentada en los festivales de Bogotá y Gramado. “Era como un juguete para él porque vino a disfrutar del proceso. Cuando vio el primer corte de la película, me mandó un largo memorándum con sus acotaciones y yo le contesté mi parecer al respecto”.

Un montaje inolvidable

Cuando Jorge Alí Triana lee las obras enviadas este año al premio Ricardo Miró, en la sección teatro, lo hizo como un director. Aunque encuentra calidad literaria en muchas de las piezas participantes, la mayoría adolece de un claro manejo del lenguaje teatral, más bien “eran poemas dramáticos para ser leídos, pero difíciles de llevar a las tablas y encontrarles efectividad”.

Triana, quien por segunda vez es jurado en el Miró, señala que la pieza ganadora, Puedes llamarme Simón, de Ernesto Endara, “tiene posibilidades escénicas y es temáticamente interesante. Es un hombre que atraviesa la historia en un diálogo con una estatua de Simón Bolívar. Ojalá se monte, porque teatro para leer ¿para qué? Ojalá el Inac facilite esa posibilidad”.

Pero su relación con Panamá se remonta a 1973, cuando realiza su primera visita al istmo para fungir como jurado en un festival de teatro universitario centroamericano. En aquella ocasión le impacta un par de acontecimientos.

Un montaje hecho por estudiantes panameños y que está compuesto de tres episodios: “la Tajada de Sandía, la Huelga Inquilinaria y la siembra de banderas de 1964. Lo otro que me llega es ver cómo la Zona del Canal es un mundo aparte. Uno me permite conocer una historia que desconocía y el segundo lo fuerte que era ver la bandera estadounidense y cómo los Jeep con soldados gringos se paseaban por la ciudad como Pedro por su casa”.

Alí Triana regresa a Colombia con la intención de profundizar en los avatares de Panamá y después de investigar se propone hacer una obra de creación colectiva, que después Luis Alberto García le da forma dramatúrgica y la lleva a escena con el Teatro Popular de Bogotá. Así surge el clásico I Took Panama, que estuvo 15 años en cartelera y con la que recorre prácticamente toda América Latina.

Años después, cuando lo invitan a ser jurado en el certamen Ricardo Miró, cuando Jaime Ingram era director del Instituto Nacional de Cultura (Inac), le propone presentar I Took Panama. “El subdirector del Inac vio la obra en Bogotá y me dijo: ‘Alí, esto no se puede llevar porque produciría una polémica. Esta es la historia negra de la República’. La Baby Torrijos se enteró del asunto y le pide al escritor Manuel Orestes Nieto que la vea y deciden traerla”.

Previa a su llegada, ya la pieza causa polémica entre los adeptos al general Omar Torrijos Herrera y entre los que adversan a la dictadura militar. “El entonces ministro Aristides Royo decide que aunque no comparte todos los puntos de vista de la obra, le parece que promueve una revisión real del nacimiento de la República”.

Su presentación en Panamá es un hito personal para Triana, apartándolo incluso de lo teatral. “Es uno de los momentos más emocionantes de mi vida, pues colabora en una discusión pública. La directiva del Teatro Nacional se opone a que se represente en ese espacio y fue el propio Torrijos quien intervino para que se presentara allí”.

Recuerda que el público estaba prejuiciado al pensar que era la visión patriotera colombiana, pero “era todo lo contrario, pues expresaba en su complejidad las situaciones y las consecuencias de la Guerra de los Mil Días y del absurdo tratado Herrán-Hay. Es que la relación entre Panamá y Colombia ha sido macondiana y pertenece al universo de lo irreal maravilloso. Al final del montaje comenzaron los gritos de ‚Viva Panamá‚, ‚Viva Colombia‚ y ‚Abajo el imperialismo‚. Casi no podemos ni terminar la función”.

La relación de Triana con este istmo se ha mantenido en activo. “Casi vivo un poco como si viviera aquí”. Le es tan cercano el porvenir del istmo que hará una película. “Tengo dos años escribiendo el guión. No será una cinta histórica, pero sí seguirá la línea de I Took Panamá, pero desde la visión de hoy y no adelanto nada más porque no me gusta hablar de proyectos hasta cuando no sean muy concretos”.

Se alegra que ya no existan las bases militares extranjeras, pero le preocupa que Panamá “se parece a la mayoría de los países de la región, pues estamos inmersos en una ‘macdonalización’ y en una ‘miamización’ del mundo. Ya todos nos parecemos. Ya uno recorre América Latina y es como entrar al mismo aeropuerto y al mismo McDonald’s. A eso le llaman progreso, mas no es civilización”.

 

 



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