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Panamá, domingo 28 de octubre de 2007
 
Hablemos de libros
Metáfora de misterio absoluto
 
BERNA BURRELL 
mosaico@prensa.com 
 
Pablo de Santis, escritor argentino, recibió en abril de este año el recién estrenado Premio Iberoamericano Planeta-Casa América de Narrativa. Estudió la carrera de letras y se desempeñó como periodista y guionista de historietas, lo que seguro pudo haber nutrido una variada y popular obra para adolescentes que le mereció el premio Konex de platino. Autor de novelas, entre las que podemos citar: La traducción, El teatro de las memorias, El calígrafo de Voltaire y La sexta lámpara, ha logrado verlas traducidas a varios idiomas, tales como francés, italiano, alemán, griego, inglés y ruso.

EL CUARTO CERRADO, METÁFORA DE MISTERIO ABSOLUTO.

El enigma de París, enmarcada en esa ciudad en 1889, precisamente durante la efervescencia de opiniones que generó la construcción del más conspicuo símbolo de Francia, la torre Eiffel, es una novela con el regusto de los nobles misterios. El ritmo no decae, ni el suspenso preciso, hasta lograr el interesante relato del más difícil caso que hayan tenido entre manos Los doce detectives, los investigadores más famosos del mundo.

El narrador protagonista, aspirante a asistente de detective, cuenta: “Me llamo Sigmundo Salvatrio. Mi padre llegó a Buenos Aires desde un pueblo que está al norte de Génova y sobrevivió gracias al oficio de zapatero”. A partir de ese simple enunciado se desarrolla una trama que nos transporta a las historias policíacas de antes, aquellas clásicas, que provocaban admiración por el ingenio del criminal, por el elaborado proceso del crimen; pero, sobre todo, por la maestría que al final derrochaba el detective al resolverlo.

Al desenredarse la finísima urdimbre de la obra, nos descubre otro motivo, uno inimaginable, por ser el más humano de todos, el que impele al asesino y avergüenza al detective o viceversa. He allí el difuso límite entre lo que parece y lo que es; entre el amor al enigma y la necesidad acuciante de descifrarlo. Sin desperdicio, se llega al final sostenido con demostraciones de cultura, frases ingeniosas que prueban que, después de todo y pese al barniz social de siglos, lo más real y verdadero que tenemos son las pasiones, sobre todo las más viscerales. Y que quizás, en los meandros oscuros del misterio de algunos crímenes, se oculta a veces la peligrosa perfección que podría llegar a seducir al más listo, haciéndolo imaginar que allí se encuentra más belleza y valor que en la solución del enigma.

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EL ARCHIVO DE SHERLOCK HOLMES

Él es demasiado real, por eso no ha muerto.

[Arthur Conan Doyle]

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Holmes se hizo tan de carne y hueso, que su autor temió que su fama paradójicamente lo hiciera un personaje sólo de papel. Debía “seguir el camino de todo lo que es de carne en el sentido material o en el de la fantasía”, morir. Lo intentó matar, pero como ningún juez había certificado su muerte, las demandas por su vida fueron escuchadas y el más famoso detective siguió resolviendo por muchos años casos imposibles.
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EL NOMBRE DE LA ROSA

La muerte, los libros, el amor..., el horror.

[Humberto Eco]

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Una novela que reúne el misterio de las historias policíacas, la belleza de las narraciones medievales, la profundidad de las verdaderas y el acierto de tratar un tema sublime: el amor a los libros. Es sobre ellos y el horror que los rodeó cuando se les protegió con la más delicada y ponzoñosa belleza en sus páginas letales. También sobre el amor, siempre sobre el amor.

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POIROT INVESTIGA

Se puede narrar todo... con buen gusto

[Agatha Cristie]

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Era la época en que en las historias policíacas no se mostraban cráneos destrozados, ni horrendas vísceras o miembros deshechos. Pero una carta, una cinta, hasta una flor podían ser armas mortales, ¿y los muertos?, eran señores circunspectos aún tras la muerte. La circunstancia más fútil ocultaba un crimen y las armas más letales para descubrirlos eran la inteligencia y la cultura.

 

 



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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