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Panamá, domingo 28 de octubre de 2007
 
Tema de portada
Eric Aicardi
 
‘Antes de entrar a la universidad desconocía lo que era arquitectura, pero cuando entré allí me encantó. Disfruté de mi carrera. No es un trabajo, sino un juego’. 
 
ROXANA MUÑOZ 
mosaico@prensa.com 
 
Cuando llegó la hora de matricularse en la universidad, Eric Aicardi se inclinaba por la electrónica. Radioaficionado tenaz, construía antenas y con sus amigos competía por conseguir la comunicación más larga.

Pero, “averigua sobre arquitectura”, le habían recomendado algunas adultos. Bueno para las matemáticas, observador y analítico, Aicardi, quien nació en Perú, pero vive desde los siete años en Panamá, recuerda que, de niño, a sus padres les preocupaba que fuera “excesivamente tranquilo”. Tal vez porque le era más fácil expresarse con gráficos que con palabras.

En esos días el Instituto Politécnico donde se estudiaba electrónica estaba frente a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá. Un día cruzó la calle, le gustó lo que halló y se quedó.

Aicardi es el jefe de la división de arquitectura de Empresas Bern, donde ha participado en proyectos como las torres Miramar, el hotel Gamboa Rainforest Resort y Playa Bonita, entre otros varios desarrollos inmobiliarios.

Forma parte de este boom de la construcción que acarrea auge económico y plantea retos. Sobre esto habló en el hotel Playa Bonita.

— ¿Cuál fue su primer trabajo?

— En tercer año de la universidad entré al Ministerio de Vivienda en almacenaje de materiales. Estuve por dos años. Allí conocí muchos de los materiales y equipos que se utilizan en la construcción.

Trabajé luego con el señor José Batista. Esa empresa desarrolló gran parte de lo que es Dos Mares, allí trabajé otros dos años. Eso fue por 1988. Me la pasaba más en la obra que en la oficina. El trabajo de campo permite hacer las modificaciones de manera más creativa. Allí hice mi primer edificio de nueve losas, el Centro Interamericano de Asesores Tributarios, en la calle Ramón Arias.

— ¿Poco después trabajó con el Inac?

— Colaboré con unos proyectos de escuelas de artes plásticas en el interior junto al arquitecto Sebastián Paniza; yo estaba por graduarme, él es un arquitecto que le gusta la restauración, ha trabajado en el Casco Antiguo. Trabajé con él en el Teatro Nacional y en el Museo de Ciencias.

Me tocó un proyecto muy especial. Una escuela de bellas artes en Ailigandí, San Blas. Diseñamos una edificación acoplada al entorno. Se utilizó caña brava, piso de madera y métodos constructivos del lugar. Solo importamos las columnas y las vías de hormigón. Creo que era la primera edificación de dos niveles de la zona. Yo estaba recién graduado, sometí ese proyecto a un concurso y ganó. Le tengo mucho aprecio. Dos años después regresé a la isla y había más edificaciones de dos niveles similares. De alguna manera sentó una pauta, pero conservando los métodos constructivos del lugar.

— ¿Hace cuánto entró a las empresas Bern?

— Hace 14 ó 15 años, como un residente de campo, que es la persona responsable en la construcción, no en el diseño. Yo coordinaba los pedidos de los materiales y su instalación con el apoyo de mi superior, el Ing. Rodrigo Grimaldo.

Entré con Parque Residencial Paitilla, dos torres que hicimos a la vez con una sola grúa; luego recogí información de los nuevos inquilinos e hice una propuesta al ingeniero (Bern) para la tercera torre; la diseñé con apartamentos un poco más amplios, eliminé elementos estructurales que no eran eficientes.

Empresas Bern ha crecido mucho. Me gusta porque no solo estoy en la arquitectura, sino también en la construcción. Nosotros estamos involucrados en casi todos los procesos: la promoción, las ventas, el desarrollo de planos y la construcción.

— ¿Cuál fue el principal desafío en el hotel Gamboa?

— Era un proyecto ecológico que debía integrase al entorno, aprovechar la fauna y flora y a la vez mantener una arquitectura con un significado histórico como la que se usó en la construcción del Canal: con sus enormes aleros, techos con grandes pendientes y ventanería para el trópico; todo apropiado para el lugar. También se sacó provecho a la topografía. El hotel está sobre una ladera permitiendo tener un dominio de vista de la zona y del cauce del río Chagres.

A la hora de construir tuvimos que tomar en cuenta que disponíamos de un puente hecho antes de la construcción del Canal, –donde se encuentra la desembocadura del río Chagres con el lago Gatún–, ese puente se ideó para el ferrocarril y luego se adaptó para vehículos. Tiene una capacidad de 10 toneladas, así que no podíamos pasar carros con concreto. Eso nos obligó a fabricar nuestros materiales en la zona. Todo se hizo en sitio o se pasaba en carritos pequeños.

— ¿Qué tipo de arquitectura impera en Panamá?

— Hay una tendencia mundial hacia los apartamentos loft que nacieron en Chicago, cuando algunas fábricas pasaron a ser lugares habitacionales. Me parece que la arquitectura que estamos desarrollando en nuestra ciudad es de vanguardia, donde existen diferentes tipologías, aunque últimamente las promotoras ofrecen productos donde predomina un estilo minimalista, utilizando mucho la “línea recta”. No quiere decir que no existe mercado para otros estilos. Según mi experiencia, hay a quienes les agrada mucho el estilo moderno contemporáneo o un estilo con alusiones neoclásicas, elegante y muy señorial.

— ¿Que arquitectos le resultan inspiradores?

— Luis Barragán, el arquitecto mexicano, tiene un discípulo que se llama Sordo Madaleno. Tuve la oportunidad de ver proyectos suyos en Puerto Vallarta, México, tiene una arquitectura muy volumétrica que utiliza muchos colores vivos –mi esposa me decía que usaba el rojo pepto bismol–, y que utiliza elementos propios de su cultura mexicana. Frank Gehry es un caso especial, hay a quienes le agrada mucho y hay a quienes no. Él ha innovado con formas puras, curvas, utiliza materiales costosos. Sus trabajos son íconos.

— ¿En Panamá estamos creando o copiando modelos?

— La arquitectura en Panamá es cosmopolita, vanguardista. No tiene nada que envidiarle a ningún otro país de la región ni a algunos países en desarrollo. Estamos trabajando con tecnología de punta, levantando torres muy altas.

— Muchos extranjeros nos comparan con Miami.

— Con el boom inmobiliario estamos recibiendo a muchos extranjeros y estamos acomodando la arquitectura al mercado norteamericano, su estilo de vida está reflejado allí. No es que estemos copiando, sino que nos estamos acomodando a un mercado.

— Alguien me comentaba que se está construyendo pensando en afuera y que de repente....

—¿...hemos olvidado lo nuestro...?

— Exacto, ¿como lo percibes?

— No siempre. Hay promotoras que no dejan de atender los requerimientos locales. Nosotros hemos hecho proyectos como la Urbanización de las Américas, en Tocumen, y otros proyectos de bajo costo. Hay preocupación por no dejar de atender a nuestro cliente local.

Lo que sucede es que la tierra ha subido de valor, los lugares premium como la Avenida Balboa, Costa del Este, Coco del Mar, Punta Pacífica, han triplicado su precio en dos años. Hay una alta demanda de los extranjeros en estos lugares. Pero siento que todo esto es una cadena, la demanda que hay en China por materiales ha encarecido el acero. Donde hay desarrollo el costo de la vida sube, hay inflación. Buscando ese tema hay que hacer arquitectura verde.

— ¿Qué es arquitectura verde?

— Son edificios concebidos para procurar no solo ahorro energético, sino también eficientes y que utilicen energía renovable.

— ¿Ya vemos ese tipo de construcciones aquí?

— En la empresa lo estamos haciendo sobre todo con los métodos de construcción. Por ejemplo, en Panamá se suele trabajar con losas postensadas (en sus inicios diseñadas y concebida para puentes). Es una losa de hormigón armado con una serie de cables que comprimen el concreto. Este método permite levantar el edificio más rápido, lo que a la vez abarata el costo de mano de obra.

Lo negativo es que con el tiempo las losas tienden a arquearse, el acabado de encima [como las baldosas] se somete a presión y los pisos se vuelan. Tampoco es un buen aislante, ni térmico ni acústico. Si la persona de abajo tiene aire acondicionado y el de arriba no, el intercambio de temperatura produce condensación. Y amanecen los pisos con agua.

Hemos agregado, a manera de aislante, planchas de foam a las losas postensadas. Así el aire acondicionado debe trabajar menos, la losa es más liviana y el piso no se revienta ni suda. También estamos colocando dobles vidrios para menor transferencia de calor. No son ideas que queremos patentar, y si los demás las usan está bien.

— Hay un edificio que consideres emblemático en Panamá

— No creo que haya. Todos tiene su particularidad, su valor y algo que lo destaque. En su momento fue el del Banco Exterior.

—¿Qué elementos se tomaron en cuenta en la construcción de Playa Bonita?

— Tuvimos la suerte de ubicar este lugar, playa Kobee, que era parte de una antigua base norteamericana; conservamos las palmeras y varios árboles. Nos acomodamos a la topografía. Puedes ver una conjugación de tres estilos: predomina el mediterráneo con el uso de domos y cúpulas; incorporamos los bohíos de pencas, nuestros, y también lo colonial con el uso de tejas. Todo con cierta informalidad, dentro de un ambiente de playa. En las habitaciones hemos utilizado foam [que utilizaron en Gamboa] lo que reduce el uso de aire acondicionado.

Hemos hecho una playa artificial con arena traída de Chame porque no siempre tenemos playa debido a la marea. Este proyecto fue finalista en un concurso en México.

— Hay una preocupación por cómo está creciendo la ciudad ¿qué opinas?

— Pienso que debemos procurar recuperar el equilibrio entre nuestro desarrollo y los elementos que nos brinda la naturaleza: vegetación, sol y el aire.

El alto valor de la tierra en zonas urbanas y el progreso muchas veces conllevan a llenar con edificaciones todo el terreno disponible, de allí que en nuestra ciudad se produce un desequilibrio que afecta la calidad de vida en nuestra urbe. Es importante que el progreso urbano establezca el espacio en que debe dominar la naturaleza, evitando que las viviendas se amontonen. Por ello debemos ser celosos, por ejemplo, de la herencia de nuestra ciudad jardín en las áreas revertidas.

— ¿A qué otras partes cree que se va a dirigir el crecimiento de la ciudad?

— Las personas buscan la vía costera porque les agrada la salida al mar. Uno de los lugares mejor concebidos es Costa del Este. Tiene muy bien definida la zona comercial, industrial y residencial. Sus vías son amplias, isletas, grandes servidumbres verdes, con hincapié en la parte paisajista. Ese polo de desarrollo está comenzando, y creo que es el de mejor plusvalía. A diferencia del resto de la ciudad, la distancia entre edificio y edificio debe ser de 15 metros (en el resto de la ciudad la tenemos de 5 metros). Eso es positivo porque se puede apreciar la edificación. De ese modelo se está tratando de copiar.

Afortunadamente se ha despertado una preocupación por parte de la ciudadanía y de los urbanistas para fomentar la creación de normas especiales para ciertos sectores, tal es el caso de las edificaciones en torno al parque Andrés Bello en El Cangrejo, entre otros. El camino no es fácil pero hay indicios de que caminamos en esa dirección.

— ¿Cómo ves extenderse este desarrollo hacia las cabeceras del interior del país?

— Chitré y David crecen mucho. David se está enfocando mucho al turismo. Chitré tiene proyectos para residentes de la zona. Todo lo que es costa es lo que se está vendiendo. La provincia de Panamá llega hasta Antón, los extranjeros esa distancia la manejan casi a diario. En Coronado, Punta Barco, Santa Clara, se están desarrollando segundas residencias para los baby bommers.

— ¿Cómo les está afectando la escasez de materiales?

— Ahora hay que anticiparse mucho, no como años atrás. Los pedidos se tienen que realizar de antemano. Nosotros, por ejemplo, hemos comprado tulas de concreto de hormigón, como 10 camiones.

— ¿Qué opinas de esto que parece como un afán por construir el edificio más alto?

— Creo que de acuerdo a la experiencia adquirida con la construcción de las torres Miramar (53 niveles) podría hablarte con algo de propiedad. Me parece que en este tipo de proyectos entra en juego un número de elementos que se deben considerar, que normalmente no se contemplan en edificaciones de hasta 45 pisos. Se trata de obras muy complejas, donde hay que sopesar el hecho de que son estructuras que podrían convertirse en proyectos ineficientes y donde los números no salen. No digo que no se puedan realizar, sino que hay que andar con mucho cuidado. Nadie compra manzanas para vender manzanas. Hay muchas otras formas de crear íconos, muchas veces con el apoyo de grandes corporaciones, o como se observa en otros países, con la asistencia de gobiernos como el caso Malasia y las Torres Petronas.

— ¿Qué consejos daría a un muchacho que está en estos momentos estudiando arquitectura?

— Si puede hacer antes de terminar la carrera, su practica profesional, que la haga. La universidad da herramientas, el resto es la experiencia.

Le diría que piense en la gente, porque no es solo lo económico lo que cuenta y que hay que pensar en edificios verdes

— ¿Sus hijos se han interesado por la arquitectura?

— El más grande sí. Se parece mucho a mí, callado y observador. Compartimos la afición por el aeromodelismo. Mi familia ha sido muy importante y sin el apoyo y la comprensión de mi esposa Mitzi, también arquitecta, no podría haber construido tanto en estos últimos años, y no solo habló de edificios, sino de haber construido un hogar.
 

 



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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