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Panamá, sábado 27 de octubre de 2007
 

TENDENCIA.SONDEOS DAN COMO FAVORITA A CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER.

Los argentinos deciden su futuro

Un sondeo concluyó que siete de cada 10 personas no prestó atención a la campaña electoral.

La ciudadanía tuvo poca participación en la designación de los candidatos.

EFE/Presidencia Argentina
CIERRE. La candidata presidencial por el partido Frente por la Victoria, Cristina Fernández de Kirchner, habla a sus seguidores durante el multitudinario acto de cierre de su campaña a las afueras de Buenos Aires, el jueves pasado. 932334
Redacción de La Prensa
mundo@prensa.com

Los tiempos en que la televisión bombardeaba al público con propaganda política, en que los debates de ideas entre los candidatos colmaba el ambiente pre electoral y por doquier se multiplicaban los stands de partidos que repartían panfletos y propuestas parecen haber quedado en el pasado argentino.

Durante los preparativos para los comicios presidenciales de mañana, la apatía se apoderó del electorado que presenció cómo, una y otra vez, muchos políticos cambiaron de camiseta borrando el concepto de filiación partidaria.

Recién esta semana se encendió un poco el clima, pero sin alcanzar el "calor" electoral de épocas anteriores.

Aunque los candidatos de la oposición usaron todo su arsenal para conquistar al sector de la sociedad que se mantenía indiferente e indeciso ante la convocatoria a las urnas, un sondeo de la consultora Poliarquía concluyó que siete de cada 10 personas no prestaron atención a la campaña y carecen de interés en la política.

Ello quizás se deba a que la ciudadanía tuvo poca o ninguna participación en la designación de los candidatos, nominados unilateralmente por los dirigentes partidarios, sin elección interna.

Esto incluye a la primera dama, quien fue designada por su esposo, Néstor Kirchner, para encabezar la lista del partido que creó ad hoc, el Frente para la Victoria, de signo peronista, pero sin el sello impreso del Partido Justicialista (PJ).

LA FAVORITA

Pese a la apatía, los sondeos dan como favorita a Cristina Fernández de Kirchner, del Frente para la Victoria, lo que anula las posibilidades de que alguna agrupación opositora alcance una segunda ronda.

Fernández de Kirchner, de 54 años, forjó su carrera en el peronismo a la par de su esposo. Tiene un carácter avasallante, pero no admite ser "arrogante", sino una mujer de "convicciones".

Cuando Néstor Kirchner se afianzó en la presidencia, ella se ocupó de gestionar la aprobación de los proyectos del Poder Ejecutivo.

Durante la campaña para suceder a su esposo, subrayó su decisión de dar continuidad a la gestión actual. "El cambio recién empieza", "Sabemos lo que falta, sabemos cómo hacerlo", fueron sus frases de batalla.

Sus imágenes con jefes de Estado y de Gobierno de Estados Unidos, México, España, Brasil, Francia, Alemania y Austria colmaron los medios nacionales y solo faltando pocos días para los comicios se volcó a recorrer la Argentina para fortalecer su liderazgo en las encuestas.

Crítica acérrima de la prensa argentina, a la que negó además toda participación en un debate de propuestas, a tan solo 48 horas del inicio de la veda electoral aceptó dar una primera entrevista con medios locales desde que fue proclamada candidata.

The New York Times no dudó en catalogarla como la "reina Cristina", al considerar que su designación como candidata oficialista fue un acto más cercano a una sucesión monárquica, que a una elección interna partidaria.

Su principal objetivo es lograr un "pacto social" que permita avanzar en los tres ejes que propuso cuando formalizó su candidatura: "consolidar el estado democrático y las instituciones, profundizar el modelo económico productivo de acumulación con inclusión social y reconstruir la autoestima" de los argentinos.

Carrió, la lejana rival

Elisa Carrió, de la Coalición Cívica y quien se perfila como la más cercana rival de Fernández, no tiene ni siquiera 10 puntos porcentuales de diferencia sobre Fernández, como para forzar una segunda vuelta, según las encuestas.

Carrió, de 51 años, es la candidata de la Coalición Cívica, en la que confluyen radicales, socialistas y hasta peronistas y que pretende ser "una propuesta amplia que trasciende las barreras de la política tradicional, donde se prioriza la conducta de sus integrantes sobre la ideología".

Lilita, como la llaman sus allegados, nació en la provincia del Chaco en 1956, se recibió de abogada en la Universidad Nacional del Nordeste en 1978 y, desde que se dedicó a la política, ha sido diputada. Esta es la tercera vez que compite por la Presidencia.

Desde 1994, cuando irrumpió en la escena política, no ha sido fácil encuadrarla ideológicamente, hasta que hace algunas semanas se definió como "liberal cristiana heterodoxa".

En 2001 trascendió por su trabajo al frente de la comisión especial investigadora sobre hechos ilícitos vinculados con el lavado de dinero de la Cámara de Diputados. En medio de esa campaña, alumbró la Alternativa para una República de Iguales, un partido que se autodefine como de mayorías y herramienta para la lucha contra la corrupción.

LAVAGNA, EL ECONOMISTA

Muy cerca de Carrió, según los sondeos, se ubica Roberto Lavagna, ex ministro de Economía que lideró la salida de una de las crisis económicas más profundas del país, un capital con el que se lanzó de lleno al campo político para pelear por la presidencia.

Lavagna es el candidato de Una Nación Avanzada, un espacio de concertación política que reúne a dirigentes del Partido Justicialista (PJ, peronista) que no adhieren al presidente Kirchner y que logró una alianza con la Unión Cívica Radical, la segunda fuerza parlamentaria del país.

El ex ministro, de 65 años, es de filiación peronista pero mantuvo históricamente fuertes lazos con el radicalismo, lo que le permitió reforzar su coalición y sumar además adeptos de otros sectores políticos e independientes.

Durante la dictadura militar fundó su consultora y tras el retorno de la democracia se sumó al equipo de economistas que creó el llamado "Plan Austral" para contener la inflación durante el gobierno del radical Raúl Alfonsín (1983-1989).

En 2002, el peronista Eduardo Duhalde, quien había asumido por consenso la presidencia tras la renuncia de Fernando de la Rúa y el paso de otros tres presidentes en menos de dos semanas, lo mandó a llamar.

Lavagna se convirtió en el piloto de tormentas de Duhalde y llevó el país de regreso a la senda del crecimiento después de tres años y medio de recesión, período en el que el producto interno bruto acumuló una pérdida del 19.5%.

En un caso sin precedentes en la historia argentina, Lavagna continuó su gestión en el Palacio de Hacienda al asumir en 2003 la presidencia el peronista Néstor Kirchner, con quien lideró en febrero de 2005 la reestructuración de la deuda externa argentina, en default desde fines de 2001.

Pero en noviembre de 2005 la relación entre ambos se quebró y Lavagna fue desplazado del Ministerio de Economía. Algunas versiones señalaron en aquel momento que la independencia del ministro iba en contra del estilo de conducción de Kirchner, quien durante su gestión se caracterizó por liderar un gabinete homogéneo sin grandes protagonistas. Fue entonces cuando Lavagna comenzó a preparar su salto a la política.

Los grandes desafíos del nuevo presidente

Según las encuestas, Cristina Fernández superaría por amplia diferencia a sus 12 rivales en las elecciones. Pero no importa cuán simple sea la victoria, le deparará la ardua tarea de reducir la pobreza, la inflación y el desempleo.

Para ganar sin necesidad de ir a una segunda vuelta, Fernández necesita obtener el 45% de los votos o más del 40% y una diferencia de 10 o más puntos sobre su más inmediato seguidor. Requisitos que según los sondeos cumpliría.

Pese a estar emergiendo de la crisis, los orgullosos argentinos deben enfrentar la dura realidad de que un cuarto de sus 37 millones de compatriotas aún viven bajo la línea de pobreza.

Sin aumentos sustanciales en las tarifas del servicio eléctrico y el precio de la gasolina, que han desalentado la inversión en ese sector, muchos temen que se avecine una crisis.

Los inversores extranjeros mantienen sus reservas sobre el país, pese a su recuperación económica. En un reporte de este mes, un prestigioso grupo de economistas argentinos estimó que el país pierde 6 mil millones de dólares al año en potencial inversión extranjera debido a la falta de confianza.

La inflación se ha convertido en el principal problema político. Según el Gobierno el costo de vida será del 8.6% para todo el año, pero economistas independientes dicen que rondará el doble y mucha gente cree que la administración de Kirchner ha manipulado el índice de precios al consumidor para que la economía se vea mejor de lo que está.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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