Panamá vive una bonanza que pocas veces ha disfrutado. Atrás quedaron esos duros días –tras la dictadura– que vivimos en la austeridad y en la abstinencia, en los que hubo que pagar la deuda atrasada en capital e intereses, los salarios corrientes y pendientes, ello sin la posibilidad de hacer inversiones. Luego vino algo de prosperidad, se ahorró y se saneó la deuda.
En premio, el presidente Ernesto Pérez Balladares decidió comprarse un avión y un helicóptero. Hoy, el jet está viejo y, claro, hay que cambiarlo, porque el presidente, Martín Torrijos, y sus ministros no quieren pasar la vergüenza de viajar en primera clase comercial. Y con las arcas llenas, habría que "invertir" en un avión nuevo, de entre 20 millones y 40 millones de dólares, preferiblemente.
Ojalá que, mientras Torrijos fantasea con la idea de su nuevo juguete, no se le avinagre el sueño con la realidad de nuestro transporte público o se vuelva una pesadilla frente al recuerdo de indígenas y campesinos malnutridos y abandonados que deben caminar ocho horas para llegar a una clínica. |