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Panamá, viernes 26 de octubre de 2007
 

MEDIDA DEL APLAUSÓMETRO.

La presión de Bush sobre Cuba

Ginger Thompson

Washington. -No hay ciencia para sondear cómo repercutirá el discurso pronunciado por el presidente Bush con respecto a Cuba este miércoles. Pero, si una gran parte de la diplomacia es teatro, la reacción del público al parecer es un apropiado primer indicador.

Sentadas detrás de Bush estaban las esposas e hijas de disidentes cubanos que están detenidos en prisiones como traidores a su país. Frente a él había un público dividido casi en la misma proporción entre diplomáticos latinoamericanos, tendientes a la izquierda, y exiliados cubanos tendientes a la derecha.

"Estos son tan solo algunos de los ejemplos del terror y el trauma que es Cuba hoy día", dijo Bush, luego de presentar a las mujeres. El paraíso socialista es un gulag tropical. La búsqueda de justicia que en otra época inspiró al pueblo cubano ahora se ha convertido en una lucha por el poder. Y al igual que con todos los sistemas totalitarios, el régimen de Cuba indudablemente tiene otros horrores aún desconocidos para el resto de mundo.

"Una vez revelados", agregó Bush, "dejarán perturbada la conciencia de la Humanidad".

El lado derecho de la sala estalló en una ovación. El lado izquierdo se mantuvo en su asiento, recordándole al mundo que tras casi cinco décadas del ascenso de un gobierno comunista en Cuba, la política estadounidense hacia la isla aún está impulsada por intereses nacionales.

Lo que no estuvo de manifiesto fue cómo esos intereses están cambiando.

La administración Bush catalogó este discurso como un evento internacional y lo acompañó con todos los elementos indicados, en una sala alumbrada por una constelación de candeleros en el Departamento de Estado.

En los días previos al discurso, asesores de Bush indicaron que sus comentarios delinearían la perspectiva de la administración en cuanto a la transición que empezó en Cuba hace más de un año, cuando Fidel Castro enfermó y transfirió el control del Gobierno a su hermano, Raúl.

Los subalternos dijeron que Bush no anticipaba que Raúl Castro rompiera con las prácticas de su hermano, cuando menos no mientras su hermano mayor siga vivo. No obstante, ante la eventualidad de la muerte de Fidel Castro, Cuba enfrentará una disyuntiva con respecto a si sigue o no con el socialismo.

Bush exigió que el país probara una nueva vía, lanzándole un osado argumento a las fuerzas armadas de Cuba.

Cuando los cubanos se alcen para exigir su libertad, "ustedes tienen que tomar una decisión", dijo Bush. ¿Defenderán un orden venido a menos, moribundo, a través del uso de la fuerza y en contra de su propia gente? ¿O aceptaran de buena gana el deseo de su pueblo por el cambio?".

El Presidente de Estados Unidos reiteró su apoyo hacia el embargo estadounidense en contra de Cuba, en tanto sus asesores comentaron que no se aligerarían las restricciones que pesan sobre los viajes y el envío de remesas, mismas que empezaron a aplicarse hace cuatro años.

No obstante, exhortó a los gobiernos latinoamericanos a que dejaran de lado su oposición al embargo, descrito por un alto funcionario del Departamento de Estado como un "producto histórico de nuestras relaciones con Cuba". Más bien, Bush los alentó a prepararse para ayudarle al pueblo cubano una vez que esté en marcha una transición democrática, uniéndose para dicho fin a Estados Unidos en la creación de un fondo multimillonario para ayudar en la reconstrucción de la muy dilapidada infraestructura de Cuba, ya que estuviera en marcha una transición.

"Sabremos que existe una nueva Cuba cuando partidos de la oposición tengan la libertad de organizarse, reunirse y hablar con acceso equitativo en las ondas radiales", dijo Bush. Nosotros sabremos que existe una nueva Cuba cuando una prensa libre e independiente tenga el poder de operar sin censores. Sabremos que hay una nueva Cuba cuando el Gobierno elimine el sofocante control que tiene sobre la actividad económica. "Por encima de todo, sabremos que hay una nueva Cuba cuando las autoridades vayan a las prisiones, cuando avancen hasta el interior de las celdas en las cuales hay personas detenidas por sus creencias, y las pongan en libertad".

Aún es muy pronto para saber cuál será la respuesta de otros gobiernos.

Los diplomáticos latinoamericanos que estuvieron en la sala venían de países en los cuales la popularidad de Estados Unidos se ha desplomado en años recientes, en tanto muchos de sus dirigentes expresaron muy poca simpatía al ver los esfuerzos de Bush, con éxito mixto, por convencer a la gente en Oriente Medio de que elija a los tipos de líderes que le gustarían a Estados Unidos.

Las reacciones provenientes de La Habana, transmitidas a Ciudad de México, dejaban entrever que los esfuerzos de Bush no tienen más oportunidad de éxito, ni en lo más mínimo, en Cuba.

Humberto Valdez, de 39 años de edad, quien vende sándwiches en el bulevar costero conocido como El Malecón, dijo: "El embargo tan solo ha demostrado que es nocivo para el pueblo cubano. Debido a eso, nosotros carecemos de medicina, ropa, comida. Es injusto".

Laudelina Rivas Corp, de 74 años de edad, dijo: ¡Guerra! ¡Guerra! ¡Guerra! Eso es todo lo que Bush quiere. "Guerra en contra de Irak, en contra de Afganistán, y en contra del pueblo cubano".

En tanto, las primeras reacciones en Florida, estado que alberga a la mayor comunidad de exiliados cubanos en Estados Unidos y fuente de apoyo político crucial para el Partido Republicano al parecer fueron expeditas y claras.

El presidente Bush le ha dado claramente su aprobación a la senda para la transición de Cuba hacia la democracia, "cuando el tirano muera", dijo uno de los representantes republicanos de Florida, Lincoln Díaz-Balart, quien estaba sentado en la fila del frente.

The New York Times
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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