| AUGE ECONÓMICO.
Los inversores y los espectadores
Gustavo Gutiérrez
Con todo y nuestro auge económico, queda una sensación de alegría y tristeza a la vez. Muchos han aprovechado el momento y han podido morder un pedazo de la sandía, cosa que después se tenga algo que morder en la época de las vacas flacas. Por otro lado, hay quienes ven todo este desarrollo pasar ante sus ojos, pero sin ánimos ni elementos que les permitan tomar acción que los ayude a tomar su tajada.
Sobre estos últimos, los gobiernos tienen una gran responsabilidad de que esto sea así, ya que directa o indirectamente han contribuido al estatismo e inacción de estas personas. Pocos gobernantes le han dado la verdadera importancia a la preparación académica de nuestros ciudadanos. Hay muchos planes y escuelas para mucha gente, pero muchas veces lo que imparten, o es obsoleto, o se relaciona con circunstancias aplicables a otras latitudes. Generalmente no se identifican con las necesidades actuales y reales que impone el crecimiento de nuestro Panamá.
Prueba de esto es la gran cantidad de extranjeros laborando en nuestro país debido a que el recurso humano local no siempre da la talla para el tipo de trabajo que se requiere. Ante esta situación, la gente tiende a culpar a los extranjeros, pero en el fondo nuestra poca preparación académica y de negocios termina por abrirle las puertas, generalmente porque a nivel local, escasea el recurso humano que necesitan para poner a funcionar una empresa en tal o cual especialidad.
Ya que somos una economía de servicios, nuestros planes académicos a nivel secundario deberían estar orientados al manejo correcto de las finanzas y las inversiones. Este es un enfoque que puede ayudarnos a competir y a emprender negocios por nosotros los panameños, cosa que nos catapultaría más alto como país. Si no enseñamos estos temas financieros a nuestros alumnos, muy poco podrán hacer ante situaciones como las que vivimos actualmente, en donde unos invierten y recogen, y otros solo ven pasar los acontecimientos sin saber qué hacer.
Somos una economía de servicios, orientemos pues nuestros planes educativos y recursos para sacar el mayor provecho de esta realidad, y a medida que tengamos más emprendedores, iremos disminuyendo el flagelo de la pobreza, y el Estado tendrá menos presión para encargarse de los rezagados y tendrá más recursos para seguir invirtiendo en nuestro capital humano. Recordemos que la pobreza no es otra cosa que un estado de ignorancia o carencia de conocimiento, y eso podemos cambiarlo, ya que en nuestro país existe gente muy brillante, pero que por no tener los recursos u orientación necesarios pasan desapercibida, cuando en realidad pudiesen ser lumbreras no solo a nivel local, sino también a nivel mundial. Saladino, Durán, Rubén Blades y muchos otros, son algunos ejemplos de esto.
Pero hay miles como ellos en Panamá, solo esperando ser descubiertos o que las políticas de Estado les faciliten el camino hacia el éxito para beneficio del país, y no tengan que emigrar a otras latitudes para desarrollar sus talentos.
Al tener una nueva generación de emprendedores, forzosamente mejorará la calidad de vida de los panameños, habrá menos necesidad de recurrir a subsidios que al fin y al cabo terminan por distorsionar la economía y traernos otros problemas más adelante que complican las cosas, y que para subsanarlas, requieren costos políticos que ningún partido quiere asumir; perpetuando así una serie de problemas que se hubiesen podido evitar. Unámonos pues en una cruzada para mejorar nuestra educación y orientarla a lo que necesitamos como país. No será un trabajo de la noche a la mañana, pero cuando se den sus frutos, seguro que estaremos muy orgullosos de lo que es Panamá y lo que vamos a poder hacer con ella.
No nos dejemos desesperanzar por no tener resultados instantáneos, claro que para todos eso sería lo ideal, pero creo que los mejores proyectos y satisfacciones son aquellos que se gestan, tal cual lo hace una madre durante sus nueve meses de embarazo con su hijo, y que al culminar provee una sensación de satisfacción mucho mayor que la que podría proporcionar la inmediatez. La inmediatez solo se compara a una esperada manifestación de placer, tal cual lo hacen los niños acostumbrados a sus caprichos.
Seamos, pues, adultos pacientes, constructores y sembradores de los buenos resultados que todos esperamos, y no en mucho tiempo veremos que habremos convertido a Panamá, en esa casa en la que todos nos sentimos cómodos, a gusto y orgullosos de lo que hemos hecho con ella.
El autor es especialista en sistemas de informática
|