Es imposible dejar pasar por alto el incómodo espectáculo montado tanto por el presidente Torrijos, como por el alcalde Navarro, durante los actos conmemorativos del 23 de octubre, cuando se cumplió un año de aquel fatídico día en que 18 panameños ardieron en llamas.
El Presidente, en primer lugar, luego de encabezar un día antes el vergonzoso acto de sanción de la “nueva” ley de transporte, no perdió oportunidad de aparecer junto a los familiares de las víctimas –de esos mismos que ha defraudado– en la iglesia Catedral.
El alcalde, por su parte, tras recorrer las emisoras de radio lamentando lo sucedido hace un año, develó una placa conmemorativa en la que su nombre y el de la presidenta del Consejo Municipal ocupan casi la mitad del espacio en ella, dejando los nombres de los mártires del transporte en segundo plano.
Qué feo que hasta en esto reluzca el interés político. Los familiares de las víctimas no necesitan pedacitos de concreto ni abrazos de lamento; necesitan acciones que demuestren que su gente no murió en vano. |