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Panamá, domingo 21 de octubre de 2007
 

TESTIMONIO.EL SISTEMA DE TRANSPORTE MASIVO CONTINÚA IGUAL.

Lidia le da gracias a la vida

De pronto se dio cuenta de que no era un sueño; había mucha gente desesperada que trataba de salvarse.

Vio a un hombre que estaba mal. ‘La piel se le iba cayendo a pedazos...’ era Luis Contreras.

LA PRENSA/ Ana Rentería
tratamientos. Sometida a múltiples cirugías y con otras varias pendientes, Lidia Atencio no se rinde. 929575
Nubia Aparicio S.
naparicio@prensa.com

Todavía hoy, a un día de cumplirse el primer año de la "tragedia del bus", a Lidia Atencio, la enfermera que sufrió quemaduras graves, le parece que lo que presenció y vivió fue una "película de terror".

Y es que se trata de una historia para la que, según ella, aún no encuentra las palabras adecuadas para describirla.

Como todos los días, Lidia salió de su casa, ubicada en Ciudad Bolívar, corregimiento de Alcalde Díaz, a la 1:00 de la tarde para ir a su trabajo, luego de haberse despedido de sus dos hijos. Caminó hacia la parada para tomar el bus. Subió en uno, pero iba muy despacio y decidió bajarse en San Isidro para subir a otro que fuera por el Corredor Norte, porque no quería llegar tarde a sus labores. Casi no había lugar para sentarse y en la última fila encontró un puesto, aunque incómodo. Estuvo a punto de bajarse, pero decidió quedarse.

Conforme el vehículo avanzaba, comenzó a sentirse un calor extraño, y cada vez era más fuerte. Antes de llegar al templo Hossana, en la calle Martín Sosa, tres personas se bajaron del bus, luego de lo cual el vehículo siguió su trayecto. Fue en ese momento cuando la gente empezó a preguntar qué sucedía porque el calor se hizo insoportable.

No habían ni terminado las quejas, cuando se escuchó una explosión fuerte que "a mí me dejó turulata... Había mucho humo, de pronto no veía nada, y en medio de la desesperación un hombre se colgó de los barrotes que están en el techo del bus y le dio varias patadas a una de las ventanas del vehículo, hasta que logró romper el vidrio". Por esa ventana salieron las personas que pudieron salvarse, relata Lidia.

Hace una pausa, ordena sus pensamientos y recuerdos, respira profundo y continúa: "Las escenas eran increíbles porque todos querían salir al mismo tiempo... Gritaban, corrían; yo estaba estupefacta, no me movía, de pronto creí que estaba viendo una película... Estaba como adormecida, porque aparte del humo había escape de gas del aire acondicionado".

De pronto reaccionó y se dio cuenta de que no era un sueño. Hizo el esfuerzo de salir por la ventana rota, pero fue imposible, porque había mucha gente desesperada que trataba de salvarse.

Hubo un momento en el que Lidia se sintió muy débil y se encomendó a Jesús Nazareno. Se acostó a lo largo de uno de los asientos de atrás y le pidió a Dios con vehemencia que le diera otra oportunidad para vivir, porque tenía a sus hijos aún pequeños. "Los minutos fueron largos, no resistía la idea de no ver más a mis niños, a mi familia, a mis compañeros de trabajo, pero a todo esto me estaba quemando y no sentía nada", expresa. Poco después no supo más de sí misma. "Cuando reaccioné estaba ya fuera del bus... Una muchacha, junto con otra persona, me llevaba del brazo y ella decía: ‘ten cuidado cómo la agarras, porque está delicada’, pero Lidia no se sentía ni veía nada. Solo notó, eso sí, que su uniforme blanco de enfermera estaba sucio, pero eso para ella no era importante porque se supo viva.

Cuando miró hacia un lado vio a un hombre que, según ella, sí estaba mal. "La piel se le iba cayendo a pedazos...". Era Luis Contreras, a quien Lidia se ha unido para defender los derechos de ambos.

Llegó la ambulancia y la llevaron al Hospital Santo Tomás. Le pidió a una colega que llamara al Hospital del Niño, donde trabaja, y comunicara que iba a llegar tarde porque había tenido un contratiempo.

Pero lo que Lidia no se imaginaba era lo grave que estaba. Nunca pensó que su estado era tan delicado hasta que la llevaron a la sala de operaciones, donde le quitaron toda la piel quemada.

Desde entonces, a Lidia le han hecho varios injertos. Le quitaron piel de los muslos para ponérsela en las manos y brazos. También le colocaron piel sintética traída de Estados Unidos en el brazo izquierdo, pero aún hay que esperar para saber cuál será el resultado final.

Estuvo dos meses y medio hospitalizada y ahora tiene que usar vendas de jock en las manos, la cabeza y parte de la cara para que se le aplanen las cicatrices y no le queden queloides (abultamientos).

Aún tiene que someterse a varias intervenciones quirúrgicas: en las manos, los dedos, las muñecas, piernas, cara, orejas y brazos.

Pero pese a todas las calamidades y sufrimientos que ha padecido, Lidia no se queja porque tiene lo más grande que Dios le ha proporcionado: la vida. "Tengo una segunda oportunidad para vivir y eso me hace muy feliz, porque puedo estar al lado de mis hijos".

Ella tiene que ir cuatro veces por semana al hospital para recibir terapia. Los ingresos que recibe (420 dólares mensuales) son por riesgos profesionales y representan el 60% de su salario.

Todos los días, cuando se levanta, Lidia le pide a Dios que le dé paciencia. "Tengo que tener mucha paciencia", dice, porque, de lo contrario, "me voy a volver loca".

La víctima asegura, aunque está clara que uno nunca debe decir ‘de esta agua no beberé’, que "jamás" volverá a montarse en un bus. Cuando tiene que ir a recibir terapia o a hacer otra diligencia, su esposo, quien ha sido muy solidario con ella, la lleva. El hospital también le colabora en este sentido, y en algunas ocasiones se traslada en taxi.

Lidia expresa que estuvo al tanto de las discusiones que se llevaron a cabo en torno a la ley del transporte, y, según su opinión, no se ha adelantado nada, porque la situación se reduce a una sola "peleadera" donde "lo ancho sigue siendo para los transportistas".

A hablar de sus niños, Lidia lo hace con mucha ternura: ellos han asimilado la situación y recibieron mucha ayuda sicológica en el Hospital del Niño. "Cuando estuve hospitalizada me enviaban grabaciones con mensajes hermosos que me invitaban a luchar cada día más y más para recuperarme".

Ahora que ya está en casa, al lado de su esposo y sus niños, se siente feliz. Muchas veces "a ellos se les olvida que estoy quemada y se me tiran encima para mostrarme su amor, pero el dolor que siento es muy grande, porque me lastiman las heridas... Es entonces cuando tengo que disimular el dolor y corresponderles sus lindos gestos".

Lidia también habla de su esposo. "Él ha sido muy bueno conmigo, porque no es una situación fácil. Él se casó con una persona joven, bien parecida, y de repente se encuentra a su lado con alguien que no es ni la sombra de lo que era".

Lidia expresa que cuando va por la calle la gente le pregunta: "Oiga... ¿es usted la enfermera que se quemó en el bus? Yo he rezado mucho por usted...".

"Y así, me encuentro con tanta gente que me saluda y me manifiesta su solidaridad", puntualiza.

Un hecho sin precedentes

En el que puede ser considerado como el más trágico de los accidentes vehiculares en los últimos años en Panamá, 18 personas murieron carbonizadas el 23 de octubre del año pasado, al no poder escapar de un autobús de pasajeros de la ruta Corredor-Mano de Piedra, que explosionó y luego se incendió en el sector de La Cresta, en Bella Vista.

El hecho también dejó 30 heridos –entre ellos seis menores de edad– de los 60 pasajeros que se informó viajaban en el vehículo. Las víctimas presentaron quemaduras y golpes que se hicieron al lanzarse desde una ventana del autobús.

Según las pesquisas, la causa del accidente fue una falla mecánica, pero tras un año de la tragedia, el proceso legal no ha concluido.

Rafael Huertas, uno de los pasajeros que salió ileso, dijo que desde San Isidro, en San Miguelito, los pasajeros le pidieron al chofer que revisara el bus porque sentían mucho calor, pero fue hasta que llegaron al sector de La Cresta, a la salida del Corredor Norte –y luego de una explosión en la parte delantera del vehículo– que lo detuvo.

Teófilo Cruz también estuvo allí. Cuenta que cuando empezó el incendio, los únicos que lograron salir por la puerta fueron el conductor y su asistente.

Luego de esos hechos que conmocionaron a la población nacional y que tuvieron repercusiones internacionales, aún no se logra una solución a la crisis del transporte colectivo del país.

Víctima

.NOMBRE: Lidia Atencio Rojas

.PROFESIÓN: Enfermera, graduada en la Universidad de Panamá. Labora en el Hospital del Niño.

.LESIONES PRINCIPALES: Cara, brazos, piernas, orejas y manos. Tiene pendientes varias operaciones. Sufrió quemaduras en el 40% del cuerpo.

.NÚMERO DE HIJOS: Dos. Jesús, de seis años, y Olga, de nueve.

 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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