| NO VULNEREN NUESTROS DERECHOS.
Cierre de calles, cierre de libertades
Gilberto Arosemena
Es irrisorio que la estrella de los noticieros matutinos sea los cierres de calles. Considero inadmisible que toleremos estos movimientos ilícitos a tal magnitud que se transformen en parte de la vida cotidiana.
Reconozco que este país no es perfecto y todos sufrimos percances, sean estos económicos, laborales, entre otros, y los suframos como individuos, organizaciones, y demás. Pero tener inconvenientes no justifica que seamos abusivos e irresponsables atacando al resto de la sociedad.
Conciudadanos, al cerrar una calle se restringe una libertad. Esta es la libertad de libre tránsito. Violar esta libertad es conculcar la Constitución por la cual se rige nuestra pequeña nación.
El artículo número 27 de la Constitución de 1972 establece que: "Toda persona puede transitar libremente por el territorio nacional..."
Lo que muchos desconocen es que todos los panameños tenemos derecho a manifestar y protestar, no obstante, bajo las condiciones consagradas en el artículo 38 de dicho ordenamiento el cual señala que: "...Los habitantes de la República tienen derecho de reunirse pacíficamente y sin armas.... sólo se requiere para efectuarlas aviso previo a la autoridad administrativa local, con anticipación de veinticuatro horas...".
El mismo artículo sucesivamente dispone: "...La autoridad puede tomar medidas de policía para prevenir o reprimir abusos en el ejercicio de este hecho, cuando la forma que se ejerza cause o pueda causar perturbación del tránsito, alteración del orden público o violación de los derechos de terceros".
Generalmente esta normativa es vulnerada, por lo tanto, enérgicamente exhorto a las autoridades a salvaguardar los derechos de la mayoría de los panameños y residentes de este país y aplicar las sanciones correspondientes.
Pareciera que a los perpetradores de dichos actos se les olvida que cerrar las calles de todos obstaculiza el comercio y desarrollo nacional. Inclusive, muchos aprovechan para realizar actos vandálicos con los propósitos de desestabilizar el país y delinquir; roban y destrozan bienes ajenos y en ocasiones hasta le causan daño físico a inocentes.
Le vulneran el derecho al libre tránsito a las ambulancias, buses con niños y jóvenes que van o regresan de sus escuelas, madres y padres, empresarios, y demás actores que requieren la armonía del tránsito para producir, salvar, proteger y mejorar la calidad de vida de nuestras familias.
Es imperdonable que organizaciones reconocidas, como sindicatos que alegan defender los derechos sociales, universitarios que representan la educación y futuras generaciones, gremios de profesionales, entre otros, sean intérpretes del irrespeto al orden público y la Ley. Prototipos que hoy día hasta los niños de primaria imitan.
Les ruego que resolvamos nuestros problemas pacíficamente, como personas honestas y civilizadas. No cierren nuestras calles, no cierren nuestras libertades.
El autor es abogado
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