Ayer concluyó en Bilbao, España, la segunda Copa Mundial de Ajedrez a Ciegas, cuyo ganador no pudimos registrar en esta nota debido al cierre anticipado de nuestra publicación. En el llamado ajedrez a ciegas se juega sin ver el tablero y con los ojos vendados, lo que exige a cada jugador retener la posición de las piezas en el tablero en su mente, un alto grado de concentración no fácil de imitar. Las jugadas se comunican de palabra, utilizando la notación algebraica o bien realizando la jugada mediante el teclado de una computadora en el cual con el mousse se indica la casilla de origen y la de destino de la pieza que se quiere mover. Del primer jugador “a ciegas” que se tienen noticias vivió en el año 970. Fue el viajero griego Joseph Techelebi, quien no sólo sorprendía, sino que también ganaba con facilidad a los expertos del ajedrez popular. Se afirma que en la India premedieval el ajedrez a ciegas tuvo su mayor esplendor. En esta época se permitía sentir las piezas en el tablero para establecer una imagen visual en la mente antes de un movimiento. Sin embargo es a Bin Jubair (665-714), un juez africano que residía en el Medio Oriente, al que se le atribuyen los grandes méritos y la popularización. Jubair daba la espalda y jugaba sin ningún conocimiento directo del tablero, ayudado por un asistente que hacía los movimientos ordenados por él. A George Koltanowski (1903-2000) se le reconoce como el gran impulsor del ajedrez a ciegas en la era moderna. Uno de los jugadores que logró sobresalir en Bilbao fue el ucraniano de 17 años Serguei Kariakin, calificado “como talentoso ajedrecista", quien se impuso a la famosa Judith Polgar, de Hungría, considerada junto al búlgaro Veselin Topalov, campeón del mundo en 2005, como las dos mayores atracciones del torneo.
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