Ahora sí lo he oído todo. En reciente reunión del congreso nacional del Tíbet comunista, el líder del partido, Zhang Qingli, manifestó ira ante la decisión de Estados Unidos de otorgarle la medalla de oro del Congreso a Tenzin Gyatso, líder espiritual del Tíbet. Cito verbatim (traducción mía): “Estamos furiosos. Si [Su Santidad, el XIV Dalai Lama (Gyatso)] puede recibir tal premio, entonces no debe haber justicia ni buenas personas en el mundo”. Este tipo se está creyendo su propia propaganda. Para los que llegaron tarde a la fiesta, el Dalai Lama ha vivido en autoexilio desde que el Ejército chino se tomó el Tíbet en 1959, y recibió el premio Nobel de la Paz en 1989. Esto de la etimología me fascina: los tibetanos le llaman Yeshin Norbu, que significa “gema que concede todos los deseos”, o simplemente Kundun, “la presencia”. Otra presencia notable en estos días es Al Gore, quien ha recibido el premio Nobel de la Paz este año, en conjunto con el comité de las Naciones Unidas abocado al cambio climático, por sus esfuerzos para hacer que la gente tome conciencia de los peligros del calentamiento global generado por el hombre y para sentar las bases para combatirlo. Adicionalmente, Gore ganó el Oscar por mejor documental este año, por su película An Inconvenient Truth (Una verdad inconveniente, que se puede alquilar en Blockbuster). La adjudicación del premio a Gore y a la ONU le ha caído como una piedra a algunos: por ejemplo, Steven F. Hayward, del National Review, despotrica que esto “[...] Representa la vejación final de un premio otrora prestigioso. Solía ser que el premio se otorgaba a personas con genuinos logros humanitarios como la madre Teresa, Albert Schweitzer o Médicos sin fronteras. Ahora se lo dan a fraudes y fantoches como Rigoberta Menchú, Yassir Arafat, la ONU […] y Jimmy Carter”. Estos tipos son más reaccionarios que Atila El Huno, y hacen que hasta Ratzinger parezca un maniático leseferista.
Por supuesto, esto también le ha debido caer como un plomo a George W., quien por el momento se deberá contentar con solamente ser el Amo del Universo, o mejor debería decir, como una lanza en su costado: porque Gore, viene del antiguo inglés gar o lanza, y el verbo to gore significa hacer una herida con objeto punzante (como p.e., los cuernos de un toro).
Y definitivamente la tripa de W. debe andar que sangra, ya que si bien el National Review se ha llenado de bilis (dice: “mientras Gore está radiante, Sur América tirita de frío), desde el Christian Science Monitor hasta la revista Slate (han aplaudido el merecido premio; el defensor del lector de The Washington Post se metió el rabo entre las piernas, explicando que “fue un malentendido” el haber abucheado a Gore y al panel del Nobel, y James Fallows, de la prestigiosa The Atlantic Monthly, indica que esto es un déjŕ vu de cuando Martin Luther King ganó el premio en 1964, cuando sus detractores criticaron la decisión de los suecos pero no tuvieron las pelotas de aceptar que el rechazo tenía raíces raciales, y alegaron que era porque King era un demagogo farsante. Claro, los derechos humanos, para estos tipos, son una triquiñuela reservada solo para los varones blancos con ingresos anuales superiores a los 50 mil dólares. De seguro que su idea de un laudo es condecorar a Zhang Qingli sin asco alguno y darle la medalla en la plaza Tien An Men, seguido de una buffet danzante en downtown Darfur.
Un punto muy interesante, respaldado por un tribunal británico que falló, ante la protesta de un profesor, que aunque el documental tiene ciertos errores científicos, se permitirá su presentación en aulas escolares (pero con una advertencia de que contiene errores), es el alegato de que el documental de Gore puede pecar de dramático, y que pone el énfasis en la personalidad del mensajero y no en el mensaje. Por ejemplo, Gore dice que a cercano plazo Groenlandia podría quedar sumergida, pero los hallazgos del panel de la ONU dicen que tal evento aún está a un millar de años.
Sea como sea, el hecho es que nuestra humanidad imperfecta está matando al planeta, que el calentamiento global es una amenaza harto real y esto último: En un par de décadas, George W. Bush pasará a la historia como una nota triste en el criterio de los votantes estadounidenses, mientras Gore seguirá siendo la presencia: Al Gore, a.k.a., el Kundun del planeta.