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Panamá, jueves 18 de octubre de 2007
 

ANTROPOLOGÍA.

El origen de las razas

Keith Holder

El médico antropólogo y psicólogo alemán Johann Blumenbach (1752-1840) contrarió la estipulación de su época de que había cuatro especies de humanos, señalando que era una sola especie con aspectos externos diferentes y la separó en blancos, negros, amarillos y rojos, además diferenciados en pequeños rasgos faciales.

El médico alemán desconocía la teoría que más tarde elaboró Charles Darwin (1809-1873) de la evolución de las especies. Esta teoría ha sido comprobada con el conocimiento de que toda especie viva, animal o vegetal que no se adapte a los cambios de su ambiente, perece. Esta certeza inexorable debe ser del conocimiento de todo ser humano.

En un momento de la historia, el planeta tierra estuvo totalmente cubierto por agua. Por movimientos laterales continuos de su corteza, surgió del mar una inmensa masa conocida hoy como "tierra firme". Por seguir los movimientos tectónicos de la masa de tierra, se dividió en los hoy "continentes". En el continente América había un espacio entre Centro y Sur América. La tierra firme más reciente (istmo de Panamá) cerró el espacio que permitía que corrientes del océano Atlántico se unieran al océano Pacífico. Hace 3 millones de años con la obstrucción a su paso, estas corrientes rebotando se enfilan por la corriente del golfo de México hacia el Polo Norte, en donde se forma un gran lago con más alto contenido de sal, permitiendo la formación de hielo y nieve en el recién formado y frío Polo Norte y el hacía 35 millones de años Polo Sur, la temperatura de este planeta bajó. Vientos más secos y fríos secaron grandes extensiones de bosques existentes. En los bosques de África habitaba la subespecie del simio, el australopitecus. Vivía en los árboles que proveían alimento y seguridad, lejos del alcance del animal depredador. La copa de los tupidos árboles le proveía cubierta de los nocivos rayos ultravioleta del sol. Después de millones de años había perdido su cola igual que el gorila y el chimpancé, pero además había perdido gran parte del pelo que cubría su cuerpo. Su tegumento era pálido. Al perder gradualmente su hogar, el australopitecus inició el éxodo más masivo y prolongado, recorriendo el planeta en busca de hogar seguro. Durante aproximadamente 3 millones de años de éxodo, el inicial australopitecus cambió el color de su piel, de pálido a oscuro protegiéndose con la elaboración de melanina. Algunos llegando a la protección de cavernas en el norte de África y Europa gradualmente a través de miles de años fueron perdiendo la melanina. Algunos (miles) de tegumento pálido, dirigiéndose al oriente del planeta con rayos oblicuos del sol, formaron párpados más almendrados. De éstos, miles caminaron hasta el norte de Rusia y atravesando el congelado estrecho de Bhering descendieron de norte a sur durante miles de años cubriéndose de algo de melanina.

Durante 3 millones de años de cambios externos en relación al sol, el cerebro de esta criatura fue creciendo en la medida que fue teniendo conocimiento de cómo guardar este conocimiento, hasta llegar a tener el cerebro más grande de todos los animales, lo que lo distingue como ser humano a simio pensante.

Lo importante de conocer el acontecimiento más importante acaecido en este planeta (en el istmo de Panamá) a partir de la emergencia del mar, completado hace 3 millones de años para provocar cambios climáticos y que aceleró la evolución lenta de un primate al ser humano, es poco.

Desgraciadamente, la mayoría de panameños y seres humanos del resto del planeta ignoran este acontecimiento y su resultado, el ser humano.

Considero increíble que personas que han sido los últimos presidentes del país, no hayan nombrado ministros de Educación que obliguen al panameño a adquirir este conocimiento.

Es imperdonable que promotores de turismo ignoren este hecho cuya difusión podría atraer a millones de seres hacia el lugar que promovió la aparición del ser humano.

El conocimiento es el principal atributo del cerebro humano. No divulgar el conocimiento de lo acontecido a partir del istmo de Panamá, no tiene perdón.

El hablar de razas es prolongar la ignorancia sobre los cambios externos por los cuales pasó el australopitecus en su evolución al hoy ser humano y prolongar el concepto erróneo de que existen grupos humanos superiores a otros.

El autor es médico
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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