| EL DERECHO A ALIMENTARSE.
Cuando se duerme con el estómago vacío
Gladys A. de Barría
Pese a que el planeta produce alimentos suficientes en cantidad y calidad para toda la población, hoy día 854 millones de personas deben irse a dormir con el estómago vacío, dijo la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Según la FAO, el mundo puede producir alimentos para todos y todas, el problema no es la producción… es mucho más "estadista".
Lo propio, es decir, lo nuestro sería proveer a los panameños de la oportunidad de adquirir los alimentos necesarios sin mermar la calidad de vida en otros aspectos importantes socialmente hablando. Aquí debo citar al Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (Incap), el cual establece que la canasta básica de alimentos se define como "el conjunto de productos básicos que conforman la dieta usual de una población en cantidades suficientes para cubrir adecuadamente, por lo menos, las necesidades energéticas de todo individuo.
Claro, que las necesidades energéticas del individuo pueden variar, pero, seamos francos: lo que el panameño cocina y come es generalmente arroz, papas, pollo, pastas, pescado, aceite, leche, sal, azúcar, tomates, apio, pimentón, etc. No langosta, pavo, filete mignon, pato, ternera, centollo, que, aunque son deliciosos, no los vemos en nuestras cenas diarias.
Pero los señores ministros, los diputados (muy pocos), el señor Presidente, la Primera Dama y los vicepresidentes no hacen súper, mucho menos van a la tienda del chinito. Es claro que ellos no saben los precios que nos encontramos nosotros, ni tampoco tienen las deudas que tenemos y adquirimos el resto de los panameños para poder mantenernos saludables, o enviar a nuestros hijos a la escuela y que éstos lleven algo para comer, o cumplan con los útiles que les solicitan para hacer tareas que redundarán en su buen desarrollo académico, ni tampoco saben que para poder tener aquella televisión y aquella estufa tuvimos que comprarlas a crédito por un precio dos, tres y hasta cuatro veces mayor del original, no porque nos guste el lujo, sino porque debería ser normal que en cada casa existan ciertas comodidades para nuestros hijos y nuestros padres y nuestros abuelos que ya han trabajado suficiente durante su vida y se merecen una vida digna.
Esto, claro, en una casa de regulares ingresos, imagínese en una casa donde no existen ingresos seguros o constantes, esas miles de casas (¿dije casas?), esos lugares donde tratan de habitar personas aún sin techos dignos, pisos de concreto, ventanas de vidrio o de bloques de cemento… Qué difícil es a veces plasmar en un papel la verdad de un pueblo que se encuentra lejos de estar satisfecho, porque aunque algunos tengamos para cenar todas las noches, la comida no sabe bien al saber que hay un niño, un discapacitado, un anciano que hoy se acuesta en un catre, en cartones, en el piso sin haber comido nada.
"No se trata de dar alimentos gratuitamente, sino de permitir que todos tengan acceso a los recursos necesarios para nutrirse adecuadamente", ha dicho Jacques Diouf, director general de la FAO.
La autora es docente universitaria
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