| DUELO.
Hay que cerrar la herida...
Giselle de la Hoz
¿Qué podemos recibir de personas que están heridas por dentro: flechas o flores, amor o rencor? Pongamos el ejemplo del ex general Manual Antonio Noriega.
¿Qué le aportó Noriega a este país? Su corazón estaba lleno de heridas por duelos no resueltos que, posiblemente, no han sanado.
¿Qué le puede devolver a la sociedad una persona con un corazón herido, lleno de odio y resentimiento?... Piense en sus propias heridas ¿qué ha hecho para sanarlas?, ¿qué sale de su corazón, flechas o flores?
Las heridas normalmente provienen de pérdidas que nos hacen desembocar en un proceso de duelo. Duelo es la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo significativo, por tanto, conlleva un trabajo activo, implica un esfuerzo personal para poder elaborar la pérdida experimentada, podemos imaginarlo como un duro camino que debemos recorrer para poder cerrar y sanar todas las heridas que nos hacen sufrir. El duelo implica avanzar en un mundo de tinieblas, mientras aprendemos a vivir sin aquello que hemos perdido; y en otras situaciones conlleva perdonar o perdonarnos.
Para salir de ese período de duelo hay que enfrentar y reparar nuestras heridas emocionales para que nuestra alma encuentre la aceptación y la paz. No podemos huir de nuestro dolor, no podemos cerrar los ojos y negar conscientemente lo que nos duele. Si como mecanismo de defensa nos queremos apartar de lo que nos hace sufrir, el dolor no termina y el sufrimiento puede llegar a perpetuarse, condicionándonos a padecer el resto de nuestra existencia.
Hay ira en muchos corazones panameños y necesitamos enfrentar los monstruos que llevamos dentro -resentimiento, odio, rencor- para que, como decía nuestro asesor y amigo español Mariano Navarro Serer, "una vez se empiece a difuminar la rabia, el corazón alcanzará un estado mayor de serenidad".
Un duelo sin resolver es como voltear una página sin comprenderla, es como caminar en tinieblas el resto de tu vida, es llenar tu corazón de frialdad, es evitar esa luz que sirva de guía y aliento. Asimismo, este proceso lo podemos comparar a la herida abierta que no cicatriza a menos que hagamos un alto, la miremos y solidariamente con amor la curemos. Pero eso depende de la capacidad de cada ciudadano para conjugar con acciones el verbo perdonar en todos sus tiempos si así se requiere, lo que es una tarea difícil y que muchas veces requiere de ayuda profesional para alcanzar la meta. Es preciso recalcar que es imperativo alcanzar este objetivo, ya que con cada panameño que haya sido víctima de una herida pública o política y luego la haya logrado superar se estará construyendo un Panamá más sano, equitativo y libre.
La autora es directora de la Fundación Piero Rafael Martínez de la Hoz
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