| EDUCACIÓN CÍVICA.
Memoria histórica y plan de estudios
Carlos Guevara Mann
Si yo fuera el periodista cancilleresco, cobraría más de los 500 mensuales que el despacho canino le paga al mentado por firmar los artículos que escriben el colombiano Epaminondas y el ideólogo Nils. Después de todo, el diplomático cobra 4 mil al mes solo por cepillar. Hay que exigir más justicia y proporcionalidad para los PGPs de la papa nueva.
Si yo fuese el autor de "bitácoras" aburridas, superficiales y mal escritas, más que por promover al precandidato perdidoso me preocuparía por conseguir muy pronto la licencia para el nuevo casino. Hay que cuadrar el círculo antes de junio de 2009. De otra manera, los dos millones no ingresarán en la caja registradora (pues los de turno solo repetirían por fraude y los que vienen podrían tumbar el negocio).
Y si yo fuera contralor, ya hubiese ordenado una auditoría en el Ministerio de Educación para dar con los 10 mil textos de historia de la dictadura militar elaborados en 2003 por miembros de la Comisión de la Verdad y funcionarios de dicho ministerio. Los libros iban a ser introducidos en el currículo de las escuelas oficiales, para impartirles a los estudiantes algún conocimiento sobre los desmanes de la dictadura de Carmelo, el que está en el cielo y su pacierazo Tony, el afrancesado. Pero -casualidad de casualidades- parece que durante el gobierno del "Muñeco que pasea" sin cesar los libros se desvanecieron (misteriosamente, claro está), pues el flamante ministro del ramo -el perredista Belgis Castro- no tiene noticias acerca de su paradero (La Prensa, 8 de octubre).
Como el inventario de esos 10 mil libros constituye un bien del Estado (o sea, de usted y mío), urge la inmediata intervención del diligentísimo e imparcialísimo contralor, a fin de evitar una nueva lesión al ya maltrecho patrimonio de la República. Puede comenzar su pesquisa preguntándole al nonagenario asesor del ministerio si acaso no habrá tropezado con los textos en alguna de sus rutinarias excursiones al centro comercial El Dorado, donde suele acudir (en carro oficial y durante horas laborables) a buscar chances y billetes de la Lotería Nacional de Beneficencia.
Imagínese usted, estimado lector, que los aludidos textos hubiesen sido incorporados al plan de estudios. Se habría subsanado la insuficiencia comentada por mi recordada profesora (y pariente), doña Manuelita Vallarino, quien justificadamente se quejó en La Prensa (8 de octubre) de que en los libros de Estudios Sociales no hay mención de la dictadura que durante 21 años tiranizó a la nación. Los textos les darían a los escolares informaciones acerca de las maldades de esa tiranía; del daño que aquel régimen (de donde proviene el actual gobierno) le ocasionó al país; de la importancia de organizar el Estado de acuerdo con el sistema democrático; y de la necesidad de proteger ese sistema contra los asedios del autoritarismo y la corrupción. Nada de eso conviene al PRD, cuyo éxito politiquero radica en la ignorancia de las masas -especialmente de la juventud- sobre los abusos de la satrapía militar.
Para apuntalar la educación cívica de los estudiantes, habría que complementar ese recuento histórico con nociones fundamentales de teoría democrática. Sobre ese tema vital no nos faltan textos accesibles en distintos géneros literarios. Por ejemplo, el Memorial de la casa grande, enjundioso poema de la doctora Sydia Candanedo, familiariza al lector no solo con el arte de la versificación, sino también con el sufrimiento generalizado que ocasionan los regímenes autoritarios, sea cual sea su signo ideológico. Don Mario Castro Arenas acaba de publicar el segundo volumen de su serie sobre el pensamiento político, dedicado al liberalismo, que de manera muy didáctica plantea los orígenes y la evolución de esa doctrina política, así como su aporte singular a la protección de los derechos humanos y la creación de estructuras gubernamentales que permiten el máximo aprovechamiento del potencial individual y social.
Nada de eso incluye el currículum oficial, que ha sido depurado para que a los estudiantes no se los exponga al registro de los actos terroristas ejecutados por la dictadura militar y su brazo político, el PRD. Y como los civilistas de este país sigamos sumidos en la abulia que nos caracteriza, un día amaneceremos con la noticia de que el Ministerio de Educación ha ordenado, junto con el juramento a la bandera, la recitación de los espléndidos versos que el "poeta revolucionario" AMF le dedicó a la figura cimera de la papa nueva: "Balbina de Periñán / norieguista inclaudicable / que al creador del Nuevo Dil / volaste en pedazos mil ... Gloria al PRD darás / Quien toque a Manuel Antonio / lo mandarás al demonio / y sin dar un paso atrás".
En España, con el propósito de "conseguir la reparación y el reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil y de una dictadura de 40 años", las cortes se aprestan a aprobar la Ley de Memoria Histórica. Entre otras disposiciones, dicha ley declara que "nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y dignidad de todos los ciudadanos" (El País, 15 de octubre). ¿Cuándo actuará nuestra Asamblea de manera similar, consecuente con la tragedia que para el Estado panameño significó el militarismo? Jamás, mientras esa cámara siga dominada por el PRD, como lo está desde su creación en 1984.
El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior
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