CAJA DE LETRAS
Soñar con lotos
Yanuly Sansón
El maestro se sentó bajo un árbol y sacó una flor de loto de entre sus ropas, ofreciéndola a los presentes. Estos intercambiaron miradas y empezaron un viaje interminable entre picos y valles de razonamiento. ¿Representaba tal vez la falacia de la realidad o era un símbolo de la transitoriedad de la vida? ¿Estaba el maestro sosteniendo el loto o era el mundo el que pendía del loto?
Uno de los discípulos trató de decir algo por pasar el rato, pero el calor y la humedad le hicieron cabecear hasta dormir. Soñó con la rueda del Samsara, reencarnó en un perro y en príncipe de las ratas; fue monje, se ahogó y luego se convirtió en un pez dorado. Operó grandes maquinarias, destruyendo un bosque para luego dedicar su vida a cultivar una rosa negra. Fue lodo, y el loto que nace de las sucias aguas del estanque. Voló sobre las estrellas, interminables campos sembrados de estas hasta que reconoció la montaña y bebió del dulce manantial que nace de ella, rió. Rió como un niño, sin preocupaciones, con todo su espíritu. Cuando despertó, el maestro aún sostenía la flor. Respiró profundo y se incorporó. Caminó hasta Shakyamuni y tomó el loto.
Mientras los demás seguían debatiendo hasta entrada la noche, caminaron juntos, en silencio, hasta el pueblo; cenaron poco, pero con gran paz en sus corazones.
|