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Panamá, martes 16 de octubre de 2007
 

ÑAGARE.

Ngöbes: ¿Especie en extinción?

Adán Castillo Galástica

Una interrogante: De no haber sido por los niños muertos, los medios de comunicación y la ciudadanía lastimera se hubieran recordado de la existencia de los marginados, en ese caso del pueblo ngöbe. Otra: Alguna vez en las cordilleras se estableció un programa de huertos escolares, estanques para la cría de peces (acuicultura), combinados con cultivos de arroz (ripicicultura); ciclos básicos de producción y el cordón forestal del espinazo central del país cuyo mejor ejemplo es el paradisíaco complejo agroforesal La Yeguada, donde sus pobladores y visitantes disfrutan hoy de una formidable carretera aún por inaugurar, donde antes dejábamos por allí los riñones y la lágrimas.

Si todo aquello funcionó, con sus altas y bajas en permanente aprendizaje, ¿por qué se deshizo? ¿Por qué se cerraron muchos de los ciclos básicos, se descontinuó la resiembra masiva familiar, se clausuró el programa de granjas y se deterioró el sistema de salud rural que en buena hora puso en marcha nuestro Dr. José Renán Esquivel, como ejemplo internacional? Las respuestas son múltiples. Solo que las entrelaza el egoísmo, la ceguera política y sobre todo la mezquindad humana.

Pero una cosa es cierta. El Estado viene retomando las zonas indígenas a través de diferentes programas sociales. Esto, como es natural va rasgando el velo hasta ahora adormecidos o postergados. En lo personal y de acuerdo a vivencias de más de tres décadas en las áreas rurales, siento que aquellos programas por los cuales pregunté al principio, deben ser recuperados. El programa existe en el papel y el recuerdo. Quizás deba ser refrescado y actualizado con las nuevas tecnologías. Pero para que el mismo tenga éxito deben concurrir varios elementos determinantes: a). Un conocimiento cada vez más amplio de la mentalidad indígena, no solo desde la lógica punto del no indígena (latinos). b. Personal técnico aguerrido y experimentado, con mística como para enseñar y capacitar. Jubilados y excluidos del agro brindarían un aporte incalculable. c. Reconvertir, allí donde sea posible, cultivos como el café tradicional, por el gourmet de exportación. De hecho, muchos ya lo hacen, lo mismo en horticultura. d. Readecuar los programas escolares a las realidades de cada región, con educadores igualmente comprometidos y entusiastas. Qué decir de la red de sanitaristas y paramédicos. e. Un imprescindible sistema de divulgación y capacitación masiva, de sensores y extensionistas de campo.

Como se ve, no descubro el agua tibia, ni nada parecido. Quizás lo novedoso que sugiero es la creación de un Viceministerio Especial Comarcal, con visión social sostenible y dependencia directa del jefe del Estado.

Pero ante todo, a los ngöbe, como al resto, hay que conocerlos para poder entenderlos. Que no se olvide: "…si Dios no proveyera de terror y miedo en los indios y hubiera puesto aquí al capitán Pedro de Montilla, fundador y conquistador de esta tierra que los sustenta y defiende, solo de miedo y respeto que los indios le tienen, todo se volverá a perder, que los indios son muchos y hubiera mil por cada cristiano" (Cit. Castillero Calvo en su monumental obra de cabecera, Conquista, Evangelización y Resistencia -Alanje 1606). Pero ni el capitán Montilla Añasco, Juan López de Sequeira (capadores y cortadores de orejas nativas) pudieron exterminarlos. No fue el caso de Balboa, "descubridor" de mares ya descubiertos, "dejando atrás muerte, ruina y desolación en las aldeas indígenas" (Casimir de Brizola). Hoy el tal Balboa alcanza el rango de "símbolo nacional". Y el trauma continúa.

Pero volvamos a nuestros escenarios actuales, sin olvidar aquello, a las tareas y compromisos de dolor de Historia y de Patria, de deuda con nuestros ancestros. No son, pues, especie en extinción, sin que nuestras propias conciencias se hayan extinguido en la hipocresía de unos y la indiferencia de otros.

El autor es comunicador para el desarrollo sostenible

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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