BUSCADOR
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Suscripciones | Portadas PDF | Titulares por e-mail | Contáctenos
Panamá, viernes 12 de octubre de 2007
 

CARTAS DESDE EUROPA.

Algo para quemar

Camilo José Cela Conde

Siglo y medio de disparates explotando los recursos que nos proporciona la naturaleza para mantener nuestro despegue industrial debería habernos enseñado ya alguna que otra cautela. Como la de no echar las campanas al vuelo cada vez que damos con alguna idea que tenga la apariencia de ser genial. Ya sabemos que quemar carbón sirvió, amén de palanca para que el Reino Unido primero y el resto de los países desarrollados después se convirtiesen en dueños del mundo, para marcar el comienzo de nuestros problemas ambientales ligados a la lluvia ácida. La operación de sustituir la antracita y la hulla por el petróleo —otro combustible fósil— será considerada dentro de uno o dos siglos como el disparate que dilapidó buena parte de los tesoros del planeta.

Pero desde lo de Chernobil, de las centrales nucleares no queremos ni oír palabra, la energía eólica levanta ampollas con esos bosques de molinos que parecen gigantes y los paneles solares —cuando no los roban— dan para poco. Para colmo, ahora que aparecen en el horizonte los biocombustibles —la energía verde— como alternativa, rara es la semana en que alguna persona notable y con mucho predicamento social no los maldice haciéndoles responsables de que se incrementen las hambrunas del Tercer Mundo mientras suben los precios de los alimentos en todas partes.

Pero algo habrá que quemar. Seguimos midiendo nuestra prosperidad en términos de lo que logramos que crezca la masa de los bienes producidos, hasta el punto de que una subida tímida, y no digamos ya un estancamiento, genera el pánico. Por más que se nos llene la boca con el concepto de la sostenibilidad —crecimiento sostenible, turismo sostenible, agricultura sostenible, industria sostenible y, a lo mejor incluso llegamos a verlo, minería sostenible—, nos comportamos de la misma manera en que lo harían los niños sin uso de razón cuando se trata de consumir lo que queda a nuestro alcance.

Mientras no dé alguien con el bálsamo de Fierabrás que nos permita hacer que el bienestar dependa de otros valores distintos a los económicos, esa pescadilla que se muerde la cola no va a enderezarse. Con lo que se llega a la necesidad de discutir, como si sirviera de algo —que sirve al menos de consuelo—, cuáles son los recursos energéticos reales en los que podemos hacer que descansen nuestras necesidades industriales en unos momentos en que China y la India llaman a la puerta.

Dicen los expertos que la única solución consiste en el uso de todas las soluciones a la vez. No descartar ninguna fuente energética —ni la nuclear siquiera— porque no hay una en particular capaz de resolver nuestros problemas. Dicho de otro modo, seguiremos talando selvas, generando cantidades inmensas de Co2, despilfarrando hidrocarburos y extasiándonos ante la propaganda que habla de lo ecológicos que somos. No estaría mal añadir a ese panorama absurdo alguna clave incómoda acerca de las alternativas irrenunciables que comienzan a aparecer.

Entre las que destacará, a poco que lleguemos a ese fin de la era del petróleo abundante que tanto se predica y tan poco se toma en cuenta, la que enfrenta a las centrales nucleares con la energía verde de los biocombustibles. Con nada venturosas perspectivas por delante, de momento, capaces de hacer bueno ninguno de esos dos casos.

El autor es escritor
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá