Treinta y nueve años después de aquel nefasto 11 de octubre de 1968, día en que los militares interrumpieron la democracia y encaminaron al país hacia el fondo de un abismo por 21 años, Panamá sigue sufriendo las consecuencias. En primer lugar, aún sangran las heridas de muchos panameños que claman por justicia para sus familiares muertos y desaparecidos.
En segundo lugar, si para algo sirvió el gobierno militar y su brazo político perredista, fue para enquistar en la mentalidad de los panameños la cultura del clientelismo político, el cual hoy se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo. Finalmente, muchas de aquellas desatinadas medidas populistas y paternalistas –aplaudidas entonces– implementadas por Omar Torrijos en temas como salud, transporte y educación, han explotado, cual coincidencia histórica, en las narices de su hijo y actual Presidente.
Definitivamente que hay un antes y un después del golpe de Estado, y aunque el antes tenía sus defectos, absolutamente nada justifica una dictadura. Prohibido olvidar. |