| VIENE DE LA 1B. ESPECIAS Y ESPECIES.
Canjes gastronómicos
Imposible imaginar la cocina italiana sin ‘pomodoro’, la francesa sin ‘frites’ o la alemana sin ‘kartoffel’.
| CORTESÍA/Ana Alfaro |
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Ana Alfaro
Especial para La Prensa
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Aunque, a excepción de los húngaros, el ají picante no captó la imaginación de Europa hasta su retorno como parte integral de diversas tradiciones culinarias asiáticas y africanas, es imposible imaginar la cocina española sin gazpacho, con los ajíes dulces que sí tuvieron acogida en el continente; al igual que el cacao, la papa, la calabaza, el maíz y, alabado sea, el tomate. Imposible imaginar la cocina italiana sin pomodoro, la francesa sin frites o la alemana sin kartoffel. Ni qué hubiese sido de Irlanda sin el noble tubérculo; de África occidental sin manioc (yuca), o Indonesia sin maní. Sin ajíes, la cocina schezuan no existiría tal como la conocemos y los suizos... ¡pobres!... sin el cacao serían puro cuclillo y nada de chocolatines.
Poco sabía Colón cómo él, más que otro humano en la historia, afectaría a la gastronomía mundial. Lo cierto es que se le da todo el crédito a Colón, y el fenómeno hoy se llama "intercambio colombino". Pero fue Carlos V, el rey Habsburgo, quien ordenó que toda nave que zarpara de o hacia el Nuevo Mundo debía llevar especias de Europa a América y viceversa. El intercambio trans- formó la vida de los europeos, americanos, africanos y asiáticos, ya que alimentos que jamás habían sido vistos por un pueblo se convirtieron en la base de sus dietas, a medida que ciertas regiones comenzaron a aceptar nuevas cosechas. Por ejemplo, antes de 1,000 d.C., no se había visto una sola papa fuera del altiplano andino; pero para 1840 se había convertido en el cultivo más importante de Irlanda y una sola mala cosecha bastó para causar la famosa hambruna, que hizo a tantos irlandeses emigrar a Estados Unidos.
El intercambio colombino fue responsable de que llegaran a nuestro continente los mamíferos de ganadería, ya que la población de herbívoros grandes había sido eliminada con la primera oleada de humanidad que cruzó el estrecho de Bering. Si no hubiera sido por Cristóbal y Carlos, aquí estaríamos comiendo Kentucky Fried Perico. ¡Ah, perdón! Elimina lo de la fritura, que eso era de los árabes y también lo trajeron los españoles.
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