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Panamá, miércoles 10 de octubre de 2007
 

SALUD. UNA INFECCIÓN SILENCIOSA.

Mal de ‘Pott’ entre los indígenas

No hay estadísticas actuales, pero se sabe que los pacientes son de las comarcas Ngöbe Buglé y Kuna Yala.

La mayoría está en espera de ser atendido o ya ha sido tratado, pero al regresar a su comunidad sufre una recaída.

LA PRENSA/Ana Rentería
DIAGNÓSTICO. El doctor Laurent Bruggeman le realiza una revisión general a Ovidio García.923522
Shelmar Vásquez Sween
svasquez@prensa.com

La tuberculosis de columna vertebral es un tipo de infección que se caracteriza por ir destruyendo cada una de las vértebras hasta provocar graves deficiencias físicas como la paraplejia. De no tratarse a tiempo, puede provocar la muerte.

A pesar de su gravedad, en Panamá poco se escucha hablar del tema ya que es la tuberculosis pulmonar la que más se diagnostica en el país.

Sin embargo, el neurocirujano Laurent Bruggeman, del Hospital del Niño, asegura que la tuberculosis de columna ha estado haciendo estragos por años, de forma silenciosa, en las comarcas Ngöbe Buglé y Kuna Yala, principalmente entre los niños.

"No hay estadísticas recientes, pero tomando como marco de referencia las atenciones que ha brindado el Hospital del Niño a algunos niños afectados en años anteriores, se estima que se diagnostican dos casos por año. Pueden ser vistos como pocos, pero se van acumulando por falta de recursos, que hace que no puedan ser atendidos rápidamente, o porque llegan a recibir tratamiento, pero al estar estables regresan a su comunidad, no vuelven más al hospital, y obviamente empiezan a sufrir retrocesos".

Cuenta Bruggeman que el cuadro clínico de estos pacientes se agrava por la mentalidad que tienen algunos miembros de estos grupos indígenas. Sustenta que aunque vean que sus hijos están mal, pueden pasar años antes de que decidan llevarlos al médico; incluso, se da el caso de padres que abandonan a sus hijos porque los ven como una carga, ya que no pueden ser productivos como el resto de la comunidad.

Este es el caso de Ovidio García Miranda, quien hoy tiene 12 años y goza de una niñez saludable gracias a un milagro, según opina el galeno.

UNA HISTORIA DE VOLUNTAD

Cuenta que Ovidio llegó a urgencia del Hospital Luis Chicho Fábrega a los seis años con un cuadro crítico, y de allí fue transferido al Hospital del Niño. Hasta donde se sabe, el caso del niño se complicó porque sus padres dejaron de velar por él y permanecía postrado frente a una choza. Ahora, Ovidio no corrió con la suerte de otros niños.

Él encontró una madrina en el Hospital del Niño: María de los Ángeles Barsallo.

Cuando Barsallo conoció a Ovidio, trabajaba como voluntaria en el Hogar San José de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa, ubicado en el Valle de San Isidro. "Me tocó cuidar a una de nuestras niñas en el Hospital del Niño y en la misma sala estaba Ovidio, que nunca tenía a nadie que lo acompañara. Siempre me llamaba ‘ven, ven...’ y así fue como fuimos construyendo durante 10 meses un lazo sentimental entre ambos, ya que lo alimentaba, lo paseaba por el hospital y le hablaba de muchos temas".

Llegó el tiempo en que Ovidio regresó al Chicho Fábrega y clínicamente estaba estable. Como sus padres nunca fueron a reportarse al hospital, las trabajadoras del lugar resolvieron comunicarle a María de los Ángeles Barsallo que Ovidio debía salir de la entidad. Aunque Fábrega quería que estuviera cerca de ella, en el Hogar San José no era posible porque allí estaría rodeado de personas con diferentes deficiencias mentales, que no es su caso.

Luego de tanta búsqueda, La Casa Hogar de Soná fue la única que aceptó a Ovidio, pese a su leve discapacidad física. "Ya no tengo que pedir permiso en lo que ahora se le conoce como Ministerio de Desarrollo Social para que me dejen buscarlo para llevarlo a sus citas médicas de control. Esa libertad me ha permitido lograr que él vuelva a tener contacto con sus padres, ya que en el fondo, ellos no son culpables de lo que hicieron, son víctimas de sus circunstancias".

Ahora María de los Ángeles pelea porque Ovidio sea aceptado en las Aldeas SOS, ya que estaría más cerca de él y podría tener acceso a una mejor educación.

Ovidio, quien habla hasta por los codos y siempre tiene una sonrisa, comenta que quiere mucho a sus dos mamás (la biológica y la de crianza). Y opina que ojalá los demás niños de las comarcas que sufren de este problema "pudieran tener una madrina que los cuidara, como me pasó a mí".

Tratamientos quirúrgicos costosos para los niños

El paciente diagnosticado con tuberculosis de columna vertebral, también conocida como mal de Pott, solo tendrá que ser sometido a una operación quirúrgica si presenta un deterioro neurológico.

En el caso de los adultos –según dice el neurólogo Laurent Bruggeman– la operación sería más fácil, ya que los implementos son menos costosos y de más fácil acceso en el mercado, pero en el caso de los niños, una bandeja de instrumentos que sirve para atender un solo caso puede costar 40 mil dólares. A veces, agrega, el problema no es conseguir la donación, sino que no hay en el mercado. Por eso hay niños en lista de espera. "Hay médicos que no operan a los que llegan parapléjicos 100% porque tienen poca esperanza de recobrar la movilidad, pero yo operé a Ovidio García en esas condiciones, y ahora camina". Otros solo necesitan tratamiento con antibióticos por un año, con un corsé para la columna.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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