| BENJAMÍN BOYD. ORGULLOSO DE SU CARRERA.
Una mente brillante
A pesar de proceder de una familia adinerada y ser nieto de un prócer de la independencia, decidió dedicarse a la medicina y no a la política ni al comercio.
| LA PRENSA/Eric Batista |
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Crisly Florez
cflorez@prensa.com
Benjamín Boyd es médico especialista en oftalmología, docente y fundador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Recientemente fue proclamado por la junta directiva del Instituto Biográfico de Estados Unidos como una de las "Grandes mentes del siglo XXI".
Perteneciente a una familia pudiente y siendo nieto de Federico Boyd, uno de los próceres de la independencia de Panamá de Colombia, sería lógico que se interesara por los negocios o la política. Sin embargo, no fue así. "No me interesaba ni me interesa en absoluto ejercer actividades de tipo monetario ni político".
"Cuando era muy joven yo sentía que algo me hacía falta y no sabía qué era". Después descubrió que ese sentimiento era "la necesidad de hacer algo por alguien o por algunos", afirma.
Así fue como decidió estudiar medicina. Se fue a Estados Unidos, en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Cuando llegó a Washington, tomó el tren y se sentó en su maleta. De pronto llegó un joven ebrio que lo "pateó" y le "pateó la maleta", pero otro joven, "sin conocerme, me defendió, nos presentamos y le di las gracias, pero no lo volví a ver por años", cuenta Boyd.
Terminó sus estudios de pre medicina, durante cuatro años en la Universidad de Duke; luego estudió cinco años más en la Escuela de Medicina de la Universidad de Northwestern. Durante ese tiempo no pudo venir a Panamá. Decidió estudiar "inglés universitario". "Considero que no hubiera podido estar donde estoy si no fuera por el dominio del segundo idioma", afirma.
Quizo especializarse en oftalmología, pues las otras "especialidades son muy sangrientas y no me gustaban. Yo soy muy estético y la oftalmología es muy estética". Además, me encantaba el poder darle luz a los ojos de quien no la tuviera".
CURIOSA COINCIDENCIA
Al terminar su carrera, decidió ejercer su residencia en Panamá, en el antiguo Hospital Gorgas (cuando era administrado por los estadounidenses), donde se atendían los militares que llegaban de la guerra. Un día, su supervisor le dijo que era hora de que atendiera sin supervisión a su primer paciente. Este era un militar que necesitaba ser opera- do de la vista, pues había sufrido un trauma serio en la guerra. Al terminar la cirugía, le retiró las vendas al joven. Este, agradecido, le dijo su nombre y resultó ser aquel muchacho que un día lo había defendido del borracho en el tren. "Esta es una enseñanza de la vida que nunca olvidaré", dice Boyd con una sonrisa.
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