| OBSTÁCULO PARA RATIFICACIÓN DE CONVENIO.
Un gorila en la sala
Roberto C. Henríquez
La elección de Pedro Miguel González a la Presidencia de la Asamblea ha producido una situación tan grave que causa asombro la tranquilidad de todos. Esta elección se ha convertido en un enorme obstáculo para la ratificación del TPC por parte del Legislativo norteamericano. Torrijos ha viajado a Washington dos veces para intentar convencer a los senadores y congresistas de que no hay "un gorila de 800 libras en medio de la sala", como dijo el influyente Charles Rangel, pero el esfuerzo ha sido inútil, porque el gorila es demasiado feo y pesado para pasar desapercibido.
Veamos las consecuencias internas del exabrupto. Por primera vez en la historia del PRD su bancada de diputados se ha rebelado abiertamente en contra del Presidente de la República, quien es además el secretario general de su partido.
No hubo forma de lograr la renuncia de "Sombrerito", como llaman cariñosamente a su nuevo líder, quien para agradecer el apoyo de sus colegas diputados ahora les ofrece dádivas y
prebendas, tales como la resurrección de las partidas circuitales, cambios a la Ley Electoral para facilitar su reelección, jugosos contratos que han copado el presupuesto legislativo y todo lo que vendrá con este chantaje de doble vía. Inexcusable es la arrogancia de González, quien declaró hace poco que si es necesario, el TPC deberá esperar uno o dos años, adelantándonos ya su intención de buscar la reelección al puesto. Después de mí el diluvio, pareció exclamar en el mejor estilo de Luis XV.
Por otro lado, la coyuntura ha revivido una posición que muchos pensaron desaparecida, engañados por la publicidad de la "patria nueva". El discurso del falso nacionalismo con el que González y sus adláteres se arroparon para justificar sus actos, es el mismo que usó Noriega en su momento cuando un ataque contra él era equivalente a un ataque al país y al orgullo nacional. De hecho, hemos escuchado declaraciones de que "si pudiera lo volvería a hacer", por parte de norieguistas reciclados en el engranaje gubernamental, que confirman que el partido de la dictadura no se arrepiente del sufrimiento que infligió al pueblo panameño.
Los dos últimos años del gobierno de Torrijos serán los de un pato cojo que navegará condicionado por las presiones de los diversos sectores de su partido y el Presidente repartirá su tiempo entre viajes al extranjero y la distribución de dinero en las áreas indígenas, donde a pesar del Prodec y de la Red de Oportunidades, mueren niños en cantidad por falta de atención gubernamental.
¿Culpables? El Presidente de la República, quien por inexperiencia creó un monstruoso King Kong que ahora no puede controlar; el flamante Presidente de la Asamblea, regocijado porque ha podido sacarle la lengua a la primera potencia del mundo y los diputados que lo apoyaron, incapaces y cortos de vista.
¿Responsables? Los "expertos" que siempre surgen, augurando que el interés geopolítico del gobierno de Bush superaría el malestar de haber elegido en Panamá a un prófugo de la justicia norteamericana como presidente de un órgano del Estado. También, todos lo que han guardado silencio esperando inútilmente que el PRD componga su propio entuerto y todos los que, de una y otra forma, después de luchar por años para lograr este acuerdo, adoptan hoy una actitud de resignación.
¿Es que alguien duda que hay que sacar al gorila de la sala?
El autor es vicepresidente del Partido Cambio Democrático
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