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Panamá, domingo 7 de octubre de 2007
 

MISERIA.

Ngöbe-buglé

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Mientras algunos creyentes se afanan, anodinamente, por denigrarme, convertirme o defender a su deidad de mis argumentos, niños indígenas mueren por enfermedades fácilmente superables en áreas con acceso a servicios sanitarios básicos. Insisto, somos los humanos quienes debemos velar por el bienestar de la especie, porque ni la naturaleza ni una supuesta divinidad, benévola y todopoderosa, tienen interés en esta solidaria faena.

No tenemos que ir al África para testificar miseria. Basta visitar la comarca Ngöbe-Buglé. Esta región abarca tierras de Bocas del Toro, Chiriquí y Veraguas. Consta de 7 distritos, 58 corregimientos y 1,678 comunidades. Según el censo del año 2004, aproximadamente 130 mil aborígenes habitan en una extensión territorial de casi 7,000 km2 (18 habitantes por km2). Los ngöbe (guaymíes) y los buglé (bokótas) difieren en dialecto, pero comparten infortunio. La cordillera central atraviesa de oeste a este y divide la zona en una franja atlántica boscosa y una pacífica ampliamente deforestada.

Cerca del 50% de la población es menor de 15 años de edad (5.4 niños por mujer fértil versus 2.7 en la población general) y más del 90% vive bajo la línea de pobreza extrema. Menos del 3% de los hogares tiene electricidad, 27% posee servicio higiénico y solo 53% dispone de agua potable. La cantidad de médicos asignados es de 0.2 por 10 mil habitantes (13.1 para el resto del país). Aunque esta administración se ha metido en el área más que las pasadas, los esfuerzos son todavía insuficientes. Reconozco que no es fácil combatir la pobreza, malnutrición y analfabetismo en esta comarca debido a su gran extensión territorial, significativa dispersión de sus habitantes y accidentada geografía. Además, la idiosincrasia cultural de su gente, con prácticas culinarias nocivas (humos contaminantes del fogón dentro de los dormitorios), empleo de animismos, sahumerios o remedios botánicos por curanderos autóctonos y leyes internas adaptadas a conveniencia de sus caciques dificultan aún más su integración a los programas económicos, educativos o sanitarios del otro Panamá.

Estos humildes panameños enfrentan una epidemia de infección respiratoria, similar a la que acontece a nivel nacional. La única, pero cruenta, diferencia es que allá se mueren y acá se salvan. Varios virus circulan en las áreas afectadas (adenovirus, influenza y VRS). Cuando estos microbios invaden los pulmones (bronquiolitis o neumonía), el niño sufre dificultad para respirar y disminución del aporte sanguíneo a órganos vitales. Solo necesitan oxígeno e hidratación, medidas elementales de salud. Fieles a su tradición, primero asisten al brujo local. Pasados varios días de fracaso terapéutico y ahora en condición de gravedad, los padres deciden cargar a sus hijos y caminar numerosas horas para llegar al centro sanitario más cercano. Lógicamente, la mayoría fallece en el intento.

En contraste, todos los niños trasladados de forma rápida a instituciones médicas, por parte del equipo ministerial desplegado en el sector, han sobrevivido. Acudí gustoso, invitado por la ministra Turner, a evaluar la condición clínica y posible etiología de la enfermedad. Las muestras enviadas al Instituto Gorgas, procesadas de inmediato por el departamento de virología, revelaron los agentes virales causantes. Quedé profundamente impactado por la triste historia de una mujer de 29 años, madre de 7 retoños. Me contó, entre estoicos sollozos, que tenía hijos de 17, 15, 14 (niña que ya contaba con una criatura de 6 meses), 9, 5, 4 y 2 años de edad. Todos estaban "resfriados" pero los cuatro más pequeños ya jadeaban. Se trajo sola (el padre quedó en casa cuidando a los otros) a tres de los más jóvenes, ya que el de 5 años no lo veía tan mal. Caminó 13 horas hasta Cañazas y de allí la refirieron al hospital Chicho Fábrega. Sus niños mejoraron rápidamente en el nosocomio. Un día después se enteró que su pareja había decidido traer al de 5 años porque había empeorado. Lamentablemente, el vástago murió durante el frío y tortuoso recorrido. Callé, tragué y la consolé. Sentí vacío mental, humedad ocular e ira por impotencia.

Ya había personal capacitado del Minsa en el área trabajando intensamente por revertir la adversidad. Estos funcionarios tienen suficiente experiencia y sensatez para minimizar esta tragedia. Aporto mi grano de arena para idear soluciones temporales y permanentes. Recomiendo habilitar centros que cuenten con personal y equipo médico básico, incluyendo oxígeno, hidratación oral e intravenosa, vacunas, antibióticos y otros fármacos indispensables. Se requiere mejorar la cobertura de vacunación anual contra la gripe y prohibir eventos festivos hasta que pase el brote. Se necesitan escuelas que suministren enseñanza y meriendas nutritivas.

La población debería, idealmente, agruparse cerca de estas edificaciones para recibir los beneficios de manera oportuna. Se deben asignar médicos y enfermeras, estimulándolos con mejor salario, educación continua, rotación de relevos y equipos modernos de comunicación (radios, señal de celular, internet y telemedicina). Eliminaría el segundo año de internado rural y obligaría a todos los residentes que terminan su especialidad y a los que ya tienen destreza en medicina general a servir un año en áreas apartadas. Mano de obra calificada al servicio de los más pobres. Urge capacitar a moradores en labores paramédicas. La instrucción en medicina occidental de hijos o parientes de los curanderos facilitaría la transición y el respeto a las prácticas culturales nativas.

No estoy de acuerdo con formar médicos en países o universidades de dudosa reputación porque todo panameño debe recibir atención de primera calidad por profesionales con óptima certificación de conocimientos. Los "Sandalios de Pichel" son peligrosos en cualquier parte del istmo. Hay que dotar de agua potable, energía eléctrica y calles de penetración a todos los pobladores. Se les debe fomentar sus habilidades de producción y propiciar el comercio de sus productos fuera de sus fronteras. Finalmente, sugiero acabar con las caravanas tipo show político a lugares que ya cuentan con instalaciones sanitarias. Las giras deben ser enfocadas a sitios remotos, con 3-4 meses de periodicidad, para actualizar vacunaciones, desparasitaciones y aportes nutricionales.

Vergüenza debe darnos lo que sufren estos ciudadanos, los cuales son solo tomados en cuenta para campañas electorales. Más que fustigar, hoy voy a suplicar. Abandonemos, de una vez por todas, la corrupción, la injusticia, la hipocresía, la politiquería, la superstición y pensemos en nuestros necesitados semejantes. La vida digna debe ser terrenal. El más allá es tan solo una perversa quimera. Hagámoslo, como titula Chen Barría su última novela, "en nombre de ellos".

El autor es médico
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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