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Panamá, viernes 5 de octubre de 2007
 

ASAMBLEA GENERAL DE NACIONES UNIDAS .

Panamá nuevamente en el mundo

Vivian Fernández de Torrijos

Los años iniciales del presente milenio nos invitan al balance y a la reflexión. Al revisar la relación de Panamá con los países del mundo, apreciamos un fortalecimiento, positivo y provechoso, en los últimos años. Nuestro país ha ganado reconocimiento y respeto internacional. El pequeño istmo ha levantado su voz con firmeza aportando a la paz internacional. Y está siendo escuchado.

En nuestra última visita a las Naciones Unidas, el secretario general, Ban Ki-moon, expresó que "Panamá es clave para que los países latinoamericanos ratifiquen el convenio sobre derechos de las personas con discapacidad y lograr su vigencia como tratado". Así mismo, observó que Panamá está encaminado a cumplir las metas del milenio fijadas por las Naciones Unidas para 2015, las cuales apuntan a la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, el combate al sida y lograr que toda la población complete la educación primaria.

Esta imagen de país con un nuevo y más firme sentido de responsabilidad, y a la vanguardia de la defensa de los derechos humanos, es producto de múltiples esfuerzos del presidente Martín Torrijos, para quien la relación con las demás naciones es una fuente de futuro para Panamá. Su participación en encuentros con personalidades y organismos, y su interés en sostener reuniones bilaterales con líderes mundiales han creado nuevos lazos de amistad, vías de comunicación más cordiales, y sobre todo, le han concedido al país un sitial de respeto en el ámbito internacional.

En cuatro ocasiones he tenido la oportunidad de acompañar a mi esposo a la Asamblea General de Naciones Unidas y todavía no deja de asombrarme cómo, en medio de tantas naciones industrializadas y poderosas, nuestro país es recibido con deferencia y escuchado con atención.

Sin embargo, esta última visita fue para mí la más especial. Vivencié la sesión del Consejo de Seguridad del cual desde este año formamos parte. El escenario es realmente impactante, pues reúne al mundo en una mesa semicircular que sienta en ella a los representantes de cada esquina del hemisferio. Los países que lo conforman hacen su entrada sin gran ceremonial, llamándome la atención las muchas demostraciones de cordialidad hacia el Presidente panameño. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, quien presidía la sesión de Consejo, saludó con un fuerte abrazo a nuestro Presidente.

El debate se inició solo cuando hizo su entrada la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, quien fue reemplazada pocos minutos después por el presidente George Bush. Desde el palco donde se ubican las esposas de los mandatarios, yo veía a los más influyentes líderes mundiales dialogar sobre los problemas de África, y me maravillaba pensar que mi querida patria estaba en medio de una discusión de máximo nivel, participando en la defensa de los derechos humanos de los habitantes de África y condenando el trabajo infantil en ese continente, especialmente la explotación de los niños como soldados.

Las intervenciones de Panamá para condenar la violación de los derechos humanos en Myanmar, el largo arresto domiciliario de la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, así como para resaltar la urgencia de lograr un acuerdo pacífico en la zona de los Balcanes y mayor estabilidad en Haití fueron reconocidas en el recinto.

Ban Ki-moon, al conversar con el Presidente panameño, recordó su viaje a Panamá en junio pasado. Esa visita sirvió para estrechar los lazos afectuosos que existen entre nuestro Presidente y el Secretario General de la ONU. El cordial trato mutuo ha ido acercándolos hasta llegar a la confianza de amigos, lo que sin duda ha marcado una diferencia en la relación que puede existir entre un Jefe de Estado de un país pequeño, como Panamá, y la colosal figura de un organismo como las Naciones Unidas.

A pesar de la minuta escala de nuestro país dentro de la esfera global, el presidente Martín Torrijos está cultivando en la comunidad mundial la semilla de una cultura en la que impere el sentido del respeto a los derechos ajenos, donde las normas éticas sean la regla básica de actuación, en la que la dedicación, la tolerancia y el buen hacer sean los cimientos de las relaciones entre los países.

Todo esto ocurre porque Martín Torrijos no es un líder tradicional, de los que sucumben a la tentación de buscar la aprobación general en lugar de hacer aquello que es recto y honesto. Para Martín Torrijos el liderazgo no es un privilegio, es una responsabilidad que él lleva adelante aun a riesgo de perder popularidad. Creo que puedo decirlo con el criterio que me dan los años de vida compartida con él. Su estilo de trabajo no es el de decir "¿qué es lo que quiero YO?", sino preguntarse "qué puedo hacer, cómo puedo aportar a la solución?". Tal vez es ese estilo propio de buscar resultados por encima de la palabra efímera, lo que le está dando a Panamá un papel relevante en el mundo que nos rodea.

La autora es Primera Dama de la República
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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