| CUANDO DE CONFORMISTAS SE TRATA.
¿Exito?, ¡no!..¡dañémoslo!
I.Roberto Eisenmann, Jr.
Este paisito nuestro muchas veces se ajusta a un famoso dicho anglo can't stand success (no resistimos el éxito).
Luchamos como gato boca arriba para lograr cosas que nos mueven el alma… y una vez logramos el éxito nos entra algo que parece más fuerte que nosotros mismos y nos dedicamos a dañar lo logrado.
Nuestra más importante lucha generacional, lograr la propiedad absoluta del Canal y la eliminación de las bases militares foráneas y la Zona del Canal, fue una lucha que se inició en 1903 y constituyó un objetivo de todos los gobiernos hasta 1999. Lo logramos… y lo logramos todo: bajaron las cercas de la Zona, se eliminaron todas las bases y tomamos posesión de nuestro Canal. Luego luchamos por comprobarle al mundo que podíamos administrar el Canal mejor que lo hizo el poder mundial. Consensuamos las leyes de nuestro Canal, apartamos su administración de la politiquería, logramos una desmilitarización constitucional por consenso, logramos convertir todos los índices de ingresos, gastos, accidentes en positivo hasta lograr que altos funcionarios norteamericanos aceptaran públicamente que lo hacemos mejor de lo que ellos lo hicieron, que son el poder mundial,… hoy iniciamos una expansión canalera aprobada por el pueblo que el mundo entero admira y que logra que los inversionistas internacionales nos ubiquen entre los pocos países del globo con mejor futuro que pasado, y se provoca una piñata de inversiones internacionales. Lo que nos queda ahora es luchar porque el crecimiento económico se convierta en desarrollo social para que ese 40% de nuestra población excluida se eleve económica y socialmente.
Sin embargo, el otro día los diputados de la bancada oficialista, en un acto político cantaron al unísono "Colonia americana, ¡no!"… añorando un pasado superado, provocando un retroceso... ¡no resisten el éxito de nuestra propia lucha!
Un segundo ejemplo mucho más micro, pero representativo: la piñata de inversiones que nos ha caído del cielo ha atraído a muchos residentes extranjeros que afortunadamente se han instalado en el interior, sobre todo en las playas y montañas del Pacífico, provocando un cambio económico y social impactante… pero ocurre que ahora increíblemente -sí, ¡ahora!- el Idaan decidió colapsar todos los sistemas de agua de las comunidades y desarrollos para conectar una nueva planta potabilizadora que se daña un día sí y el otro también. No hay que ser ingeniero nuclear para saber que toda máquina nueva tiene problemas y que los sistemas que funcionaban deberían servir de resguardo… pero ¡no! Ahora, con una nueva planta que costó $5 millones, en pleno invierno no hay agua cuatro días de cada semana y cuando viene lo que sale es lodo,… y el Idaan descabezado… y los extranjeros nuevos residentes buscando para cuál otro país mudarse. ¡Es que no resistimos el éxito... tenemos que dañarlo! Este es un problema micro que pronto será muy macro. ¡Sí se puede… dañarlo todo!
Tercer ejemplo: a través de 10 años, distintos gobiernos lucharon por lograr un TLC con EU. Las negociaciones fueron duras, durísimas, no solo allá sino acá donde todos los sectores productivos tenían que estar a bordo. Me consta porque conozco que nuestros negociadores se la jugaron con firmeza e inteligencia. Teníamos un buen ambiente en el Congreso (hoy opositor del presidente Bush) y todo iba sobre rieles, con éxito tras éxito, faltando solo el voto final de los legisladores norteamericanos. ¿Cómo hacer para dañarlo?, parecía casi imposible, pero encontramos la fórmula (porque para eso ¡sí se puede!). Dice un viejo amigo que en política, cuando se mete el casco es mejor dejarlo allí. Así que ahora los "nacionalistas" trasnochados tienen a su presidente viajando a Washington un día sí y otro también, a rogar. Eso sí, seguro que ruega con el puño al aire.
Hace unos días fui a una consulta pública del Mivi en Gorgona donde se presentaron varios proyectos inmobiliarios, y entre las naturales objeciones de la comunidad por la falta de infraestructura y de agua una joven de la comunidad autóctona del pueblo se puso de pie y con rabia rayando en odio dijo "¿en qué nos benefician estos proyectos a nosotros los pobres?... ¡váyanse de aquí con sus proyectos y déjennos a los pobres tranquilos con nuestra pobreza!". Confieso que me partió el alma escuchar en una joven tanta desesperanza y -lo peor- tanto desconocimiento y conformismo.
¿Será esta actitud lo que nos aflora de una manera u otra a todos los panameños cuando -frente al éxito- procuramos dañarlo todo y nos conformamos con nuestro pasado pobre en el que el culpable de nuestros males siempre era el otro?... ¿será que queremos que nos dejen tranquilos con nuestra pobreza?
Yo no dejo de ser optimista, pero pongámosle atención a nuestra resistencia al éxito porque -sin crecimiento- no es posible el anhelado y necesario desarrollo social. ¡Dejemos la pobreza de actitud y de espíritu!… ¡Arriba compatriotas!... ¡Arriba Panamá!
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
|