| FUNCIONARIOS PÚBLICOS.
Al servicio de nuestro país
Marie L. G. De P. de Cornejo
En ocasiones, por más buenas intenciones que se tenga de no herir susceptibilidades tratando de dorar la píldora para exponer verdades que duelen, no hay mejor manera de decirlas que directamente y sin contemplaciones. No voy a aseverar, pero sí a preguntar: ¿Tendremos los panameños idea de cómo se dirige un país?
Lo que sí podríamos aseverar es que ha quedado demostrado continuamente que ignoramos la existencia del concepto de evaluación, de experiencia y de credenciales cuando de seleccionar servidores públicos se trata. No me refiero a títulos universitarios o doctorados. Me refiero a si se tiene la capacidad, la honestidad, y la integridad individual para ejercer dichos cargos. Ser el amigo cercano, el compañerito de batallas partidistas, el primo predilecto, el tío o el vecino, no son credenciales para postulaciones a cargos públicos.
Es tremendamente vergonzoso que figuras políticas internacionales, muevan la cabeza de un lado a otro cuando se enteran de quiénes son o serán postulados en nuestro país para cargos públicos. Es más penoso que los panameños inmediatamente brinquemos a decir que es nuestro problema si elegimos a personas incompetentes y con historial policivo dudoso. Sin dejar a un lado las obligaciones partidistas, ¿qué es lo que nos impide escoger correctamente? Hay muchísimos panameños que tienen la capacidad, la carrera administrativa, la experiencia profesional y como regalo divino un récord limpio de acciones dudosas.
El resultado de selecciones erróneas es la incompetencia del servicio y la terrible inconveniencia de soportar personajes soberbios, faltos de ética, y algunos más temibles faltos de humanidad, que tienen el descaro de retar la inteligencia de ciudadanos que honestamente desean lo mejor para el país.
¿Por qué en lugar de aceptar cargos que a todas luces algunos no podrán realizar como corresponde, no se tiene la integridad de declinar la oferta, con el compromiso de encontrar la persona adecuada? Por el contrario, muchos aceptan por todas las razones equivocadas. Por no decepcionar al amigo, por la conveniencia del dinero fácil y rápido, por la vida social que nunca se tuvo, por aquello de las apariencias, por los viajes y gastos de compras con facturas que nunca se pagan, yates, residencias, choferes, autos gratis, etc.
Con justa razón, el país se ve envuelto en la lluvia de comentarios y críticas hacia estos nuevos elementos del engranaje gubernamental. Y comienzan los dimes y diretes y las descaradas imposiciones aun cuando las críticas, según ellos infundadas, son como era de esperarse, ratificadas una y otra vez.
Cuando finalmente el peso de los errores cometidos y de la presión de la opinión pública se hace sentir, entonces tenemos que soportar las ofensivas y sarcásticas despedidas de ministros que parten según ellos muy tranquilos a otras cosas, considerando sus traspiés administrativos como pequeñas manchas en la vida de una institución. Si esas pequeñas manchas resultan ser cientos de familias laceradas por el dolor de una injusticia, pues qué se le va a hacer. O si el bochornoso descaro de enorgullecerse en llamar chichipatis y payasos a ciudadanos que se merecían una explicación ante la secuela de irreparables errores de una administración mal llevada nos ofende a los ciudadanos, pues eso menos importa. O si por otro lado, nuestra justicia archiva todo lo que se puede probar como fraude, crimen, o malversación, pues igual, nos toca aguantarnos. ¿Son estas actitudes el sello que debe caracterizar a nuestros servidores públicos?
¿Por qué nos es tan difícil entender, como lo han entendido otros países, que para que el sistema administrativo gubernamental sea exitoso, requiere de continuidad, de profesionales de carrera administrativa, de entrenamiento adecuado, de un sistema apolítico e imparcial, y que su único objetivo sea la coordinación, seguimiento y conclusión satisfactoria de los proyectos nacionales, no importa quién esté de turno en el poder?
Panamá necesita servidores públicos escogidos por sus méritos, y por el cumplimiento eficaz de sus deberes y obligaciones. Es imposible traer fichas nuevas cada 12 meses, colocarlas a dirigir una institución con la cual nunca se han relacionado y pretender que todo vaya sobre ruedas.
Un país con desorganización administrativa, además de presentar problemas sociales y de alta criminalidad, no es incentivo para nacionales y menos para extranjeros. Mientras nuestros gobiernos continúen administrando el país como abarrotería de barrio, nos será imposible alcanzar madurez política y eficacia gubernamental.
La autora es panameña residente en EU
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