Ideas de liderazgo
Durmiendo con el enemigo
David Fischman
negocios@prensa.com
OPINIÓN. Un trabajador de un tren de vagones frigoríficos quedó atrapado en uno de estos. Pasó la noche gritando en vano para que le abrieran, trató de abrigarse con lo que podía, pero la percepción de frío era extrema. Al día siguiente, lo encontraron muerto. Curiosamente, el vagón frigorífico estaba desconectado y no enfriaba. En este caso real, el trabajador creía fervientemente que el vagón lo congelaría y percibió frío donde no había. De manera similar, en nuestras vidas algunas de nuestras creencias pueden ser nuestro peor enemigo. Quizás no nos maten, pero nos limitan. Existen muchas fuentes de creencias limitantes, pero la fuente por excelencia es lo que percibimos de nuestra familia durante la niñez. Por ejemplo, algunas creencias podrían ser: "Si no soy competente, no seré querido". "Si no obedezco en silencio, tendré severas consecuencias". "Si lloro, soy débil".
Estas creencias se instalan en nuestra mente de forma inconsciente, como producto de nuestras experiencias, y rigen nuestro actuar. Por ejemplo, si cuando sacábamos malas notas nuestros padres nos hacían comentarios hirientes, seguramente conectamos en nuestra mente la falta de competencia y la falta de amor. Aquellos testarudos, que difícilmente admiten sus errores, probablemente tengan la creencia: "Si me equivoco, seré un fracasado". Para ellos equivocarse significa mucho más que errar, significa una amenaza de ser ridiculizado. Probablemente, esta persona perderá valiosas oportunidades y evitará riesgos o retos por temor a equivocarse.Las creencias limitantes construyen murallas imaginarias alrededor nuestro, e impiden nuestro desarrollo.
Para detectar sus creencias imaginarias, piense en un proyecto truncado, que por diversos motivos aún no ha podido cumplir: ¿Qué lo impide?, ¿qué obstáculos ha tenido? O piense en algo que quiere hacer, pero siente temor: ¿Qué lo impide?, ¿a qué le teme? En las respuestas se esconden sus creencias limitantes. Quizás algunas creencias sean ciertas. Por ejemplo, algunas personas no expresan sus opiniones a su jefe por temor. Su creencia sería:
"Si le digo a mi jefe lo que pienso, me despedirá", y existe la posibilidad de que sea cierta. Quizás el jefe ha despedido a otras personas por decirles lo que piensan. Según Sonia Sinisterra, experta en coaching, para neutralizar nuestras creencias limitantes, debemos identificarlas para luego entender el regalo que nos traen. Aunque parezca paradójico, las creencias que nos perjudican también nos traen un regalo, un mensaje que busca protegernos. Por ejemplo, la creencia: "Si no soy competente, no seré querido" intenta protegernos de emociones negativas y nos impulsa a ser competentes. Es decir, la creencia está instalada para protegernos de posibles agresiones. Pero una vez que entendemos cómo se formó y nos damos cuenta de que la creencia ya no tiene que protegernos de nuestro entorno familiar, empezamos a romper su poder en nosotros.
El autor es miembro de Beyond Leadership Group.
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