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Salud.comarca ngöbe buglé.
Resfriado, el jinete de la muerte
Carlitos Miranda, morador de Alto Batata, perdió dos hijos el mismo día. Un resfrío acabó con sus vidas. En las apartadas tierras comarcales predomina la desnutrición y la falta de una buena atención de salud.
| LA PRENSA/Víctor Arosemena |
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| CLIMA. La altura de las comunidades comarcales hace que la neblina se confunda con las nubes. El frío aumenta los problemas respiratorios.919707 |
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Urania Cecilia Molina
Ney Castillo
sociedad@prensa.com
La carita de ojos redondos, negros y tristes de Jacinta García, una niña de tres años, se asoma por la puerta del pequeño bohío de tierra y paja que comparte con sus padres y hermanos en Alto Batata (mil 400 metros sobre el nivel del mar) en la Comarca Ngöbe Buglé.
Ella quiere saber de dónde proceden las voces que escucha en el exterior, pero la debilidad que tiene no la deja caminar más allá de los "palitos amarrados" que hacen las veces de puerta.
Jacinta lleva una semana con resfriado, escalofríos y fiebre. Una enfermedad que, en los últimos tres meses, se ha cobrado la vida de 41 de sus coterráneos, 18 de ellos del corregimiento Agua de Salud (Ver tabla).
A pesar de la debilidad, la tos, agitación y las secreciones de su nariz, Basilia Sibala, su madre, asegura que ya está mejor, "porque no está trancada". La niña no podía hacer sus necesidades fisiológicas.
Según su madre, las medicinas del curandero lograron aliviar a la pequeña Jacinta, porque las del médico "no las sintió", no le hicieron efecto.
La muerte no da tiempo
La hija de Aminta Carpintero murió el pasado 7 de septiembre. Tenía un año y solo estuvo ocho días enferma, con fiebre, diarrea y vómito. La llevó al puesto de salud de Buenos Aires, donde la medicina que le recetaron le controló el vómito, pero no la diarrea. Comía poco y evacuaba mucho, por eso empeoró. Carpintero regresó en busca de atención médica y la enviaron al Hospital Luis Chicho Fábrega en Santiago. Nunca llegó, pues murió en sus brazos.
Ocurre que en estas comunidades, las distancias se confabulan para aumentar los riesgos al contraer alguna enfermedad, porque hay que caminar horas , por pequeños y oscuros trechos, para encontrar asistencia médica.
Las vivencias de Carpintero son un ejemplo de estas vicisitudes. Vive en lo alto de la comunidad Mojarra (650 metros sobre el nivel del mar). Para obtener asistencia médica debe caminar hasta Buenos Aires (seis kilómetros, en línea recta de su comunidad).
La lejanía de los puestos de salud también contribuye a que los lugareños utilicen la medicina tradicional, en vez de jarabes recetados por los médicos.
Vianey Miranda, residente en Piedras Grandes, dice que recurren al "curandero", porque es lo que tienen cerca. Aunque reconoce que se hacen giras de salud, dice que les dan "un jarabito y unas pastillas, que no ayudan a aliviar las necesidades de la población".
Pobres y sin oportunidades
Sin buena atención de salud, una alimentación inadecuada y elevados niveles de pobreza, no es extraño que cualquier enfermedad los mate o los lleve al borde de la muerte.
Cifras del Ministerio de Economía y finanzas (MEF) de 2003 detallan que en las comarcas y en las áreas indígenas fuera de las comarcas están los niveles más altos de pobreza total y extrema (98.5%/ 89.7%).
También en las comarcas se encuentran los más altos niveles de desnutrición. Los datos del MEF señalan que el 20.6% de la población panameña, menor de cinco años (edad de los últimos muertos de la comarca), padece desnutrición crónica. Este indicador es muy elevado en las áreas indígenas.
CIFRAS OFICIALES
El Ministerio de Salud (Minsa) no habla de número de muertos, pero un comunicado menciona que hasta el 30 de septiembre hospitalizaron a 48 pacientes en el Hospital Regional Luis Chicho Fábrega, procedentes del distrito de Ñurum, con cuadros respiratorios agudos. Agrega que los informes de laboratorio revelan la presencia de virus respiratorios con predominio de un tipo de adenovirus, para el que no hay vacuna.
Indígenas, mano de obra a bajos costos
Raúl Leis R.
sociedad@prensa.com
OPINIÓN. Los pueblos indígenas viven una abismal situación de pobreza que desafía al país a ubicarla como tema prioritario, y a estos a desplegar sus potencialidades para superarla. A pesar de que se han producido avances en legislación, educación y territorios, no ha habido políticas participativas del Estado con relación a los indígenas. Además, la inversión económica privada nacional y extranjera se ha centrado en explotaciones de recursos naturales en esas áreas, vistas como reservorios de mano de obra de bajo costo.
De hecho, miles de trabajadores indígenas –principalmente ngöbe– son la fuerza de trabajo barata de bananeras, cafetales y cañaverales. Las comarcas (20% del territorio nacional) no han podido constituirse en motores de desarrollo socioeconómico. No es la existencia de territorios comarcales la razón de la pobreza indígena, pues estas existen desde antes que sus demarcaciones, como el caso de los ngöbe. El autor es sociólogo
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