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Es una carrera contra el tiempo para mitigar el hambre, y el panorama no es el mejor. Las cifras de desnutrición crónica en los menores de cinco años y las de subnutrición en la población entera ponen a Panamá contra el reloj para cumplir con el primer objetivo de las metas del milenio: reducir para 2015, a la mitad, el porcentaje de personas que padecen de hambre. La tarea será ardua, porque la ambición de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su siglas en inglés) implica un esfuerzo mayor para erradicar este problema social. Mientras las metas del milenio hablan de reducir a la mitad la población que pasa hambre, la FAO pide que el porcentaje se baje a un 3%. El reto de Panamá es bajar la desnutrición crónica en menores de cinco años que es del 20% (68 mil 139) de la población total (330 mil 770). Es decir, Panamá deberá reducir en un 2.1% por año para llegar a la cifra de 3% en 2015. La meta se hace más larga si se toma en cuenta el porcentaje de la subnutrición, que ronda el 25% (825 mil personas) de la población total del país (3 millones de habitantes). En palabras de Merilio Morell, representante en Panamá de la FAO, más que cumplir con los objetivos del milenio, es erradicar el hambre en el país. "Si Panamá desea ser un país de primer mundo, tiene que reducir esos índices", dijo. Las medidas se están tomando, aunque deben ser reenfocadas, consideró. Morell se refiere a la estrategia del Gobierno, a través de la Secretaría Nacional para el Plan Alimentario Nacional (Senapan), de entregar bonos familiares de 35 dólares mensuales para la compra de alimentos. Además de Senapan, en el tema intervienen el Ministerio de Salud, Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Cada uno con programas que buscan garantizar la alimentación en las áreas pobres del país, sobre todo en zonas indígenas. Sin embargo, los esfuerzos no alcanzan la realidad del país, que tiene un 98.5% de pobreza en las áreas rurales indígenas, según cifras del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Mery Alfaro, secretaria ejecutiva de Senapan, reconoció que el trabajo no es fácil si se desea lograr esas metas; no obstante, es optimista con el programa que lleva adelante. En dos años se han beneficiado 7 mil 100 familias con las consecuencias que conlleva el proyecto. Menciona haber logrado disminuir la deserción escolar y aumentado las atenciones de salud en las familias indígenas. Incluso, en unos sectores, hubo una leve disminución de la desnutrición crónica. El Mida, por su parte, desarrolla dos programas: familias unidas, que consiste en mejorar las técnicas de producción de las comunidades más pobres, y caprina, que otorga cabras para que las familias se beneficien de la leche. Mides tiene el programa comedor comunitario y el Meduca da la galleta nutricional. Morrell siente una inquietud. Todo estos programas deben tener un coordinador que vele por su efectividad. Además, debe haber un compromiso de país para erradicar el hambre, y que se adopte como un derecho humano el concepto de la alimentación. Además en Panorama
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