| CHIRIQUÍ.
Ante un crimen abominable
Juan B. Gómez
Dos cosas me han llamado la atención en la vida: la humanidad que he visto en ciertas bestias, y la bestialidad que he visto en ciertos hombres.Jules Renard.
No hubiera querido tocar el tema del abominable crimen que ha conmovido profundamente el alma de la provincia chiricana y de todo el país. Pero el hecho sucedió, sin que podamos comprenderlo, justificarlo ni perdonarlo.
Que unos delincuentes sin alma, sin conciencia, se ensañaran con una joven chiricana tan noble y distinguida, tan inteligente y capaz, es algo que rechazaremos siempre. Y no comprenderemos nunca cómo, una conciencia en alquiler, pueda defender un hecho tan abominable.
Quiero expresarle al padre y a la madre de la víctima, que acepten en mi nombre y en el de todos los chiricanos, nuestra identificación con el profundo dolor que los embarga, que no cicatrizará jamás; y pedirles que, en un esfuerzo supremo, eleven sus almas hacia Dios que los ayude en esta prueba tan terrible que ha caído sobre su existencia.
Y que sobre los que cometieron el crimen caiga todo el peso de la ley panameña, que inexplicablemente solo los condenará a un número de años; y no a pagar con sus vidas el vil asesinato que cometieron.
Hace unos 10 años, en un tribunal alemán, era juzgado el asesino de una niña de 10 años de edad, a la que había violado y asesinado. Y de pronto, la madre de la niña se acercó al asesino y le descargó un revolver encima; el asesino murió instantáneamente. Y desde las gradas del tribunal se oyó la voz de un abogado que dijo, firmemente, que defendería gratis a la señora que había hecho justicia por sus propias manos.
En Panamá no existe la pena de muerte para crímenes como éstos; pero creo que debiera existir.
"La bestia debe morir", dice la Biblia en alguna parte.
El autor es periodista
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