| MALA MOVIDA.
Con el pie izquierdo
Berna D. Calvit
bdcalvit@cwpanama.net
El ex presidente norteamericano Bill Clinton me vino a la memoria al leer detalles, que desconocía, de los vínculos entre el magistrado Winston Spadafora y Jean Figali. Preguntado por el periodista Dan Rather sobre sus razones para haber tenido relaciones sexuales con Mónica Lewinsky, nada menos que en el Salón Oval de la Casa Blanca, la respuesta de Clinton fue: "Porque podía hacerlo" (Because I could). Creer que algo incorrecto se puede hacer, sea por el poder que se ostenta, o confiando en que la transgresión quedará impune, es lo que a veces lleva a cruzar los linderos de la prudencia.
Empiezo por el principio de una historia que se inició con el pie izquierdo. Spadafora se convirtió en magistrado de la Corte Suprema de Justicia en medio de una polvareda de críticas negativas. Su estrecha amistad con la presidenta Moscoso; el hecho de que pertenecía al grupo político más cercano a Moscoso (clan Chitré), y que fue su ministro de Gobierno y Justicia, entre otros aspectos, despertó mala atmósfera hacia la postulación porque presagiaba que se convertiría en "ficha" de la presidenta, su partido y sus allegados, al igual que el otro magistrado nominado por Moscoso, Alberto Cigarruista.
Ante la mayoría de los ciudadanos Spadafora se puso la toga parado sobre el pie izquierdo y marcando el paso con el mismo pie se mantiene. A lo largo de estos años Spadafora y el conflictivo, audaz y afortunado (y qué afortunado) Figali, personaje muy apreciado por el "combo" de Moscoso, estrecharon aún más, y sin disimulo, una amistad evidentemente impropia. Los casos que llegan ante la CSJ por conflictos con las concesiones a Figali en la calzada de Amador, ¡casualidad!, llegan al despacho de su magistrado amigo, lo que resulta harto curioso, me comentaba un abogado de mucho prestigio y conocimiento de los procedimientos de la CSJ; equivale, me dijo, a ganarse el premio mayor de la lotería siete veces seguidas, veces que los recursos judiciales contra Figali han llegado al despacho de Spadafora o su suplente y socio, Jacinto Cárdenas.
Estoy considerando pedirle prestado a Figali el talismán de la buena suerte que usa, o que me diga si es que se baña los viernes a medianoche con perfume "Arregla negocios". Porque vaya suerte que tiene Figali en este bingo.
No voy a traer a cuento aquello de la mujer del César y las apariencias, aunque calza como anillo al dedo para la amistad entre el más alto representante de nuestra justicia, y su vecino y amigo, consuetudinario cliente de abogados por toda suerte de líos que empezaron en el 2001: deudas que no paga, rellenos sin autorización, timbres fiscales y documentos pendientes, anomalías en la construcción, invasión de terrenos ajenos… (El Panamá América 30/7/2003). Paquete que nos dejó de herencia Moscoso.
Estos dos señores son vecinos "puerta con puerta" (vecino, se me acabó el azúcar, ¿me presta un par de cucharadas y después nos vamos a su centro de convenciones a ver boxeo?). Las pruebas no dejan lugar a dudas: el apartamento donde vive el magistrado era originalmente de Figali y pasó a ser propiedad de Spadafora y su familia en febrero de 2003, cuando Spadafora ya era magistrado. ¿No parece lógico que esta situación me haga fruncir el ceño? Como de leyes lo ignoro casi todo, pregunté que si el hecho de que en el 2002 Crillon Real Estates Corp. (hasta entonces de Figali), pasara a manos de la familia Spadafora mediante la creación de una sociedad anónima constituida tal como está, era un acto comercial. Independientemente de que lo sea, para mí es una transacción que parece comprometer a Spadafora, quien tiene en sus manos la balanza de la justicia... y una demanda de Figali contra el Estado por $850 millones. ¡Osadía sin nombre! ¿O será tirar la tarraya por un "por si acaso"?
Para los abogados de Figali, la denuncia, a título personal, de Carlos González De La Lastra, está basada en mentiras y busca crear "situaciones anárquicas", y, como estrategia de ataque, sacan a relucir el caso del diario El Universal y las cuotas de los empleados del diario no reportadas a la Caja de Seguro Social. Me parece pésima movida el intento de mezclar peras con manzanas, o mejor mangos con guayabas, sabrosas frutas criollas.
El Universal es El Universal y Figali/Spadafora es Figali/Spadafora. Cometen también el error de olvidar que lo de Figali es historia larga y nada ejemplar, y, de paso, menosprecian la inteligencia y la capacidad de análisis de los que, como usted y como yo, no tenemos "hacha que amolar" en este asunto.
Casos como este seguirán surgiendo porque para nombrar a los magistrados de la CSJ, el partido, los lazos afectivos, las "negociaciones", pesan más que las virtudes. ¿Tomarán rumbo a la tierra del olvido esta y otras denuncias contra los magistrados porque los diputados que deberían investigarlas practican el "tú me cubres la espalda, yo cubro la tuya, y aquí no pasa nada". Y se quejan, ambas instituciones, por nuestra "errada percepción". ¡Jo!
Volviendo a Clinton, la respuesta completa fue: "Creo que lo hice por la peor de las motivaciones. Solo porque podía hacerlo". En Panamá hay quienes razonan como lo hizo Clinton. Con una diferencia: creen que lo hacen por la mejor de las motivaciones.
La autora es comunicadora social
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