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Panamá, domingo 30 de septiembre de 2007
 

NACIONALISMO ANACRÓNICO.

Sandalio cabalga de nuevo…

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

¿Recuerdan a Sandalio? Aquel mediocre que alcanzó un título de médico de alguna universidad bruja, o pasando a punta de tráfico de exámenes o copiándose de sus compañeros para luego convertirse en una leyenda por todos los hospitales por donde anduvo haciendo tonterías y poniendo en riesgo a sus pacientes. Como supimos al conocerlo, lo peor de todo fue que siempre aprobó sus rotaciones clínicas porque el jefe de cada sala donde sufrieron sus bestialidades hacía lo que fuera con tal de que no siguiera por sus predios ni un minuto más. Así, al terminar su internado obtuvo su idoneidad profesional, pues cumplió con todos los requisitos que la ley le exigía. Nunca compitió para una especialidad (estaba consciente de que no pasaría las evaluaciones), pero ahora atiende en algún centro de salud o policlínica de nuestra geografía donde sigue haciendo de las suyas. La suerte de Sandalio fue que nunca tuvo que someterse a ninguna evaluación objetiva de conocimientos porque unos pocos de sus compañeros (y él mismo) se opusieron radicalmente al examen de certificación de conocimientos que estaba supuesto a lograr que ningún ignorante quedara atendiendo a los enfermos panameños. Lo que buscaban finalmente era lograr que a ellos no les aplicaran el dichoso examen logrando que se pospusiera unos cuantos meses.

Por supuesto que Sandalio es un personaje más o menos ficticio. Los que desgraciadamente son muy reales, son ese grupo de muchachos que no han entendido que viven en un mundo competitivo donde, dentro de poco, la presión de la globalización los obligará a competir contra sus iguales de todas partes del mundo. Es deprimente ver cómo jóvenes profesionales en la que debiera ser la etapa más idealizada de su vida, donde deberían estar desesperados por demostrar su valía y su posibilidad de competir contra cualquiera, se escudan en leguleyadas o en ridículos y anacrónicos nacionalismos, quejándose porque se les dice que serán examinados por una organización de las más reconocidas en todo el mundo para este tipo de evaluaciones.

Como ya he dicho hasta la saciedad, a mí no me afecta lo que ellos hagan. Hasta el momento he logrado lo que profesionalmente me he propuesto y, cuando ellos terminen sus entrenamientos y estén en posición de competir con quienes les llevaremos muchos años de experiencia, serán justamente esos exámenes a los que tanto miedo les tienen, los que pudieran significar un argumento objetivo de competencia al margen de los "años de servicio". Sin embargo, lo que hacen es esconderse y tratar de huir a una prueba que no solo es conveniente sino necesaria para garantizar una atención médica de calidad para nuestros enfermos. Tal vez ahora se sientan muy contentos con haber logrado una supuesta victoria esquivando ellos el examen y aprovechándose de que la ministra de Salud acaba de llegar al puesto y tiene problemas mucho más serios que atender que un grupúsculo (porque son muy pocos) de chiquillos malcriados que la amenazan con una huelga. En abril, el siguiente grupo de internos se inventará otra fanfarronada y amenazarán con "paralizar los hospitales" con tal de lograr retrasar el asunto otros seis meses y así sucesivamente. Parece que en Panamá hubiera más Sandalios de lo que yo pensaba.

Mientras esto ocurre, se sigue discutiendo el supuesto plan para la creación de un muy necesario sistema único de salud pública que permita dejar de malgastar millones de dólares en una irresponsable duplicidad de funciones. Aunque los aspectos relativos al financiamiento nunca terminaron de aclararse en aquel circo de la "mesa de salud", donde cada quien daba un discurso de barricada para tratar de que "no les toquen sus conquistas" (y de paso ver si conseguían algo más en el arrebato), se siguen haciendo reuniones para encontrar una posible solución. La propuesta que se discute, implica hacer todo escalonadamente fusionando dos organizaciones hipertrofiadas y con un ramillete de vicios y problemas que difícilmente permiten algún grado de optimismo sobre soluciones reales. La propuesta que saliera de la mesa de marras, no da prioridad a temas vitales para lograr un cambio profundo y duradero como serían: la estricta rendición de cuentas (hace un año que se mató a más de cien personas dándoles líquido de radiador en lugar de jarabes, sin que se conozcan los responsables -que seguro los hay- ni nadie haya renunciado siquiera por dignidad), la necesidad imperiosa de establecer controles que obliguen al cumplimiento de los horarios de trabajo, la asignación de todos los puestos por concurso para terminar con el funesto clientelismo, la certificación profesional como requisito para trabajar en el sistema, la acreditación de las instalaciones de acuerdo con estándares de calidad del siglo XXI, la creación de incentivos concretos basados en resultados y la creación de un sistema real de médicos de cabecera con un sistema de referencias automatizado, entre otros.

Pues dadas estas condiciones, la pregunta lógica es: ¿y qué hacen "los actores" para resolverlo? Para mi sorpresa, la dirigencia gremial de los médicos no se ha manifestado oficialmente en el tema de la certificación profesional cuando debían ser ellos quienes tomaran la batuta de garantizar la calidad de los profesionales que atienden a los pacientes. Solo el Colegio Médico se ha manifestado en forma responsable. Aparentemente, los gremios están muy ocupados redactando comunicados para lograr "cambios en el modelo económico neoliberal explotador que favorece sindicatos amarillos y violencia contra humildes panameños". Desde que recibiera estos "comunicados de Comenenal" por correo electrónico, me vengo preguntando si los médicos miembros de esas organizaciones, se sentirán realmente representados en ese discurso politiquero y fracasado que pareciera más salido de las entrañas de Frenadeso con su política de quejas constantes, que de profesionales de la medicina preocupados por los problemas del sector.

Pues así estamos. Por un lado, las reformas de salud no parece que fueran a incluir los cambios profundos que los usuarios exigen y, por el otro, un ejército de Sandalios sin control pudiera estar atendiéndonos sin tener que ser evaluados en sus conocimientos. Como ven, aunque parecía increíble, el sistema de salud aún pudiera empeorar un poquito más.

El autor es médico
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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