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Panamá, domingo 30 de septiembre de 2007
 

TLC.

Costa Rica rumbo al referendo

Johnny Sáurez Sandí

El próximo domingo 7 de octubre, los costarricenses iremos a nuestro primer referendo en la historia patria. Esta herramienta democrática es la que ha escogido el pueblo soberano, de acuerdo a su idiosincrasia, a su ordenamiento jurídico y haciendo honor a sus valores históricos de democracia y participación popular, y así de esta manera, definir un asunto de vital trascendencia para el futuro de su vida social, comercial y económica.

Ciertamente, el tema del tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos, Centroamérica y la República Dominicana ha polarizado a la sociedad costarricense, pero es de anotar que esta polarización es propia de las trascendentales decisiones que toman los Estados como lo son las elecciones presidenciales, parlamentarias o municipales.

El pueblo costarricense es, en términos generales, altamente educado, participativo y responsable, su gente se involucra a fondo en los asuntos vitales y desea tomar parte en la discusión y en la conducción de su destino.

El papel del Tribunal Supremo de Elecciones es vital, es el ente organizador, fiscalizador, es neutral y catalizador, es la autoridad moral y legal en la que todos los costarricenses depositan su confianza, con el conocimiento pleno de que este órgano es imparcial. Esta institución es uno de los pilares de la institucionalidad y desde su creación ha labrado y se ha ganado un gran respeto y una indudable admiración de la sociedad en su conjunto.

Los argumentos esgrimidos por ambos bandos son de la más amplia índole, los del sí presentan las bondades del texto, el cual, según ellos, garantiza que el país tendrá acceso libre al más grande y apetecido mercado del mundo y que la relación comercial con Estados Unidos augura un mayor crecimiento de las exportaciones y la creación de más empleos. Los del "no", por su lado, consideran que el tratado contiene demasiadas concesiones y que se ponen en riesgo logros históricos, como la accesibilidad a la salud, la generación eléctrica, las telecomunicaciones, los seguros, etc., que podrían terminar privatizados y en manos de empresas multinacionales.

Sean cuales fueren los argumentos de un bando o del otro, el asunto es que la discusión y la participación ciudadana están al tope, es tema de todos los días en los hogares, en la calle, en las empresas y oficinas. El sano forcejeo e intercambio de ideas en basto. El ciudadano común ha tenido la oportunidad de informarse y de formarse un mejor criterio que le será de gran utilidad a la hora de estampar su voto a favor o en contra del tratado.

La responsabilidad de lo que suceda el 7 de octubre será de la nación como cuerpo y solo la historia futura, la aún no escrita, será la que dirá quien tuvo la razón. Por ahora, lo positivo de todo este proceso es el ejercicio al que el pueblo se ha sometido. La democracia es esa, es la forma de vida en la que los pueblos pueden, responsablemente, tomar sus decisiones libremente, donde prevalecen los argumentos y las ideas sobre las imposiciones derivadas de las armas o de la ilegitimidad de los gobiernos.

El autor es ministro consejero de la Embajada de Costa Rica, en Panamá
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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